El perfil es el de un joven de entre 15 a 25 años que realiza 50 llamadas telefónicas y envía más de 400 WhatsApp diariamente

Agosto 11, 2019 às 1:00 pm | Publicado em A criança na comunicação social | Deixe um comentário
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Notícia e imagem do Salamanca24horas de 14 de julho de 2019.

Un adicto al teléfono móvil puede estar enganchado casi un día entero

El perfil es el de un joven de entre 15 a 25 años que realiza 50 llamadas telefónicas y envía más de 400 WhatsApp diariamente. Cuando el nivel de dependencia es total las consecuencias físicas y mentales de deterioro en el enfermo son evidentes.

El Centro Específico para el Tratamiento y Rehabilitación de Adicciones Sociales (CETRAS) de Valladolid, que trabaja en toda Castilla y León, ha hecho a través de su Grupo Mixto una evaluación de la actual situación de la adicción a la tecnología y, en concreto, se ha centrado en el teléfono móvil.

El actual perfil de adicto es un joven de entre 15 a 25 años que puede llegar a estar conectado entre 15 y 22 horas en un solo día, que tiene una relación permanente de contacto con el móvil.  Diariamente realiza más de 50 llamadas telefónicas, envía más de 400 mensajes de WhatsApp día y recibe más de 800.

Son personas que sacrifican sus intereses personales como dormir, comer, relacionarse en beneficio del interés del móvil -batería, saldo, cobertura, ofertas-. Algunos de los pacientes han llegado a tener hasta trece móviles a la vez.

Las consecuencias de esta adicción son evidentes cuando el nivel de dependencia es máximo. Además de un empobrecimiento económico, se producen alteraciones de su humor y carácter, volviéndose taciturnos, irritables, desconsiderados, mentirosos y cínicos. Físicamente también se dan cambios como inapetencia, insomnio, exclusión de las comidas y cefaleas.

“Hay casos en los que se ha gastado más de 6.000 euros en el último año -nuevos terminales, recargas de dinero, pago de facturas, abuso de datos- “apunta el fundador y director técnico de CETRAS, Blas Bombín.

Según Bombín, cada vez que un joven está “enganchado” a su teléfono crecen sus niveles de dopamina y de ácido gamma-aminobutírico (GABA), un neurotransmisor cuyo aumento es lo que provoca la fijación al gusto por el subidón producido, por ejemplo, por la heroína o la cocaína.

Al Grupo Mixto de Cetras llegan después de casi dos años de adicción en una situación muy precaria “debido a que el uso del teléfono móvil con el tiempo va generando una pérdida de la libertad y consecuencias clínicas importantes” señala el fundador y director técnico de CETRAS.

En la actualidad este tipo de conductas adictivas sin sustancia, al igual que la ludopatía, son agrupadas en el concepto de trastornos por déficit de control de los impulsos. No se contemplan en el Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales ni en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS.

Evolución y fasese

En esta adicción existen dos etapas evolutivas bien diferenciadas. Una primera -egosintónica – en la que el individuo se siente identificado confortablemente con su conducta adictiva, “de la que sólo percibe el beneficio y en la que se acomoda sin que tener intención de tratamiento” comenta Blas Bombín.

Y una segunda -egodistónica- en la que por el avance evolutivo de la adicción y la consiguiente aparición de consecuencias clínicas, el sujeto comienza a percibir el perjuicio a que le conduce la práctica adictiva. “Esta situación induce a la persona a hacerse propósitos de autocorrección de la conducta adictiva y a admitir las sugerencias o presiones del entorno familiar para someterse a un tratamiento de rehabilitación” subraya el fundador y director técnico de CETRAS.

En cuanto a la conducta adictiva propiamente dicha es fácil distinguir dos fases, una apetitiva, inmediatamente previa a la acción, “en la que los adictos mantienen el móvil  a punto -batería, cobertura y saldo-, así como cuentan con la última tecnología en modelos, y a la red de compañeros de comunicación, que ansían ampliar de forma insaciable” apunta Blas Bombín.

La otra fase es la ejecutiva, que representa la acción adictiva propiamente dicha y produce gran sensación de placer, pero aísla socialmente a la persona. Incluso para conseguir un mayor grado de privacidad se colocan auriculares.

Redes sociales, compras online y videojuegos

Hoy el teléfono móvil se ha convertido en un instrumento de uso corriente, poseído y manejado por todos, tanto para la vida de relación como para el ámbito del trabajo.

Según un informe de la consultora de estrategia digital Ditrendia sobre los hábitos de consumo de móvil en España en 2018, el móvil es el dispositivo más utilizado para acceder a internet, usado ya por el 97% de los españoles. España se encuentra en el sexto lugar del ranking mundial, encabezado por Corea del Sur.

Uno de cada tres españoles es ‘solo móvil’. En España ya hay más usuarios móviles que de escritorio: 127%. El uso descontrolado de los móviles ha llevado a que uno de cada cuatro jóvenes revise las notificaciones de sus redes sociales en mitad de la noche, aunque el 41% de los españoles toma medidas para limitar su uso del “Smartphone”.

Prevención

La situación actual exige implantar unas medidas de prevención que competen a las Administraciones y también a la sociedad, destinadas a todas las franjas de edades “aunque el perfil de adicto es una persona joven, también estamos recibiendo a niños y personas de edad más adulta en nuestro centro que necesitan tratamiento”, apunta Bombín.

Por tanto, las políticas de prevención han de fomentar la conciencia social sobre el riesgo de adicción que conllevan las tecnologías de consumo.

Asimismo hay que controlar la publicidad que incide sobre la población, y en especial sobre los jóvenes, incentivando el ansia por las novedades tecnológicas.

Habilitar vías legales para la autoprohibición de la misma forma que se hace con el juego de azar, facultando a los padres en caso de minoría de edad para solicitar a las compañías operadoras, con el apoyo de las asociaciones de consumidores y usuarios.

Otra recomendación, utilizar el móvil sólo por razones de necesidad profesional, escolar, familiar o social; siendo los padres, en caso de minoría de edad, los que deben establecer las normas al respecto, velar por su adecuado cumplimiento

Y sobre todo, impulsar la comunicación interpersonal directa como alternativa natural y ventajosa de la comunicación tecnológica o virtual.

Grupo Mixto

El Grupo Mixto (Conductas adictivas, Grupo de Fobias y Grupo de Tabaco) de CETRAS agrupa diversas adicciones tales como: dependencia emocional, cleptomanía, adicción al teléfono móvil y a los videojuegos, compras, impulsos o sexo.

Desde su puesto en marcha, hace 26 años, ha tratado a un total de 663 casos, destacando la adicción a las compras con un 17 por ciento del total y la dependencia emocional, con un 14 por ciento del total. El dato que más ha aumentado en el balance total es la adicción al teléfono móvil, que en la actualidad registra el siete por ciento del total.

“Diante de um ecrã a criança transforma-se numa espécie de porta USB ou numa impressora”

Julho 26, 2019 às 8:00 pm | Publicado em A criança na comunicação social | Deixe um comentário
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Entrevista de Catherine L’Ecuyer ao Observador de 13 de julho de 2019.

Tânia Pereirinha

Ou seja, transforma-se num ser amorfo, que em vez de agir, reage — ou nem isso. Quem o diz é Catherine L’Ecuyer, doutorada em Educação e Psicologia e autora do bestseller “Educar na Curiosidade”.

Canadiana a viver em Barcelona, tem um currículo que impressiona, desde os artigos académicos mais famosos à coluna de opinião no El País, passando pelos livros feitos bestsellers internacionais ou pelo doutoramento acabado de concluir em Educação e Psicologia. Ainda assim, não é por “Educar na Curiosidade” ter sido traduzido em oito línguas, incluindo português, e ir já na 25ª edição em Espanha, que Catherine L’Ecuyer é uma sumidade na matéria.

Só por isso, seria considerada “especialista”. Sobe para o degrau acima porque, além de estudar a fundo o tema, é também mãe, de quatro filhos, de 14, 13, 11 e 8 anos. E, garante ao Observador, é uma mãe que pratica em casa aquilo que advoga na vida profissional.

Quando o assunto são as novas tecnologias é peremptória: antes dos 2 anos nenhuma criança deve ser exposta a qualquer tipo de ecrã e o uso de telemóveis deve ser atrasado ao máximo, sendo que o máximo pode muito bem ser a chegada à idade adulta.

Fácil falar, difícil fazer? Assegura que não e revela que na sua própria casa não há tablets, videojogos, ou smartphones: “Temos um telemóvel familiar — que só dá para fazer chamadas, não tem Internet –, que [os meus filhos] utilizam quando necessitam”.

Explica que não é uma questão apenas educativa, mas também pediátrica: o uso das novas tecnologias por bebés, crianças e adolescentes pode ter efeitos críticos nas diferentes fases do desenvolvimento, para além de ainda poder potenciar outro tipo de consequências. “Atrás de um ecrã as crianças e os jovens desinibem-se e dizem coisas que não diriam cara a cara, mostram partes do corpo que na vida real nunca mostrariam”, exemplifica.

Nos Estados Unidos, cientes disto mesmo, são cada vez mais os pais a atrasar deliberadamente a idade com que dão smartphones aos filhos, existindo até movimentos organizados nesse sentido, como o “Wait Until 8th” (Espera até ao 8º), uma espécie de juramento que os pais podem fazer online em nome dos filhos, numa lógica de a união faz a força — já para não dizer que também diminui a pressão social. Outros pais americanos, admitindo a sua incapacidade para educarem sem tecnologia, estão por seu turno a esgotar as agendas dos “consultores de tempo de ecrã”, os mais novos especialistas na matéria, acabados de chegar, aproveitando o nicho de mercado.

Em Portugal recentemente, para dar uma conferência sobre a forma como as novas tecnologias estão a influenciar a capacidade de atenção das crianças, Catherine L’Ecuyer respondeu às perguntas do Observador sobre o tema e deixou pistas para pais e educadores.

Acha que aquelas imagens caleidoscópicas dos canais para bebés fazem maravilhas a acalmar o seu filho de meses? Tem a certeza de que tablets e televisões são coisas completamente diferentes? Acredita que o seu filho tem uma inteligência acima da média porque nenhuma criança da mesma idade poderá algum dia ser capaz de mexer tão bem num smartphone? Esta entrevista é para si.

Falemos de tecnologia, mas vamos por idades. Basta sair para jantar para ver bebés de meses que só comem diante de um ecrã. Outros, assim que conseguem sentar-se ou até antes disso, são deixados em frente à televisão. Que efeitos pode ter a exposição precoce a este tipo de estímulos visuais no cérebro e no comportamento dos bebés?
A Academia Americana de Pediatria e a Sociedade Canadiana de Pediatria recomendam que as crianças até aos 2 anos não vejam qualquer tipo de ecrãs, devido ao risco que acarretam nesse período crítico de desenvolvimento. Não é uma recomendação educativa, mas sim pediátrica. Os estudos associam a exposição a ecrãs nessa idade com a desatenção, a impulsividade, a redução do vocabulário, o défice de aprendizagem, etc. O cérebro habitua-se a um ritmo que não existe no  mundo real, logo a criança não está adaptada à realidade, que é lenta.

O que se passa a partir dessa idade, biológica e emocionalmente, para que essa exposição passe a ser “permitida”?
Estas mesmas associações pediátricas recomendam que as crianças entre os 2 e os 5 anos vejam menos de uma hora por dia, por que nessas idades o cérebro continua a estar num período crítico de desenvolvimento. Entre os 2 e os 5 há menos riscos, mas não convém estar a criar este tipo de necessidade. Como diz a Associação Canadiana de Pediatria, “não há provas de que os ecrãs sejam benéficos”.

Mas uma televisão não é o mesmo que um tablet, pois não? Um é preferível ao outro? Quais são as diferenças de efeitos entre o uso passivo e ativo das tecnologias em cérebros tão jovens?
A investigação é cara e morosa. Por isso mesmo, tem sempre um atraso em relação às inovações tecnológicas, que rapidamente se tornam obsoletas e dão lugar a produtos diferentes a cada ano. Em 2014, Dimitri Christakis (o especialista internacional nos efeitos dos ecrãs nas crianças) publicou um artigo em que questionava a comunidade científica sobre se o tablet seria diferente da televisão, precisamente por causa da sua natureza interativa. O artigo não dava respostas, fazia perguntas. Há estudos desse ano que demonstram que o tablet não é menos prejudicial do que a televisão; até é mais viciante porque é interativo. O tipo de interação que o tablet promove não é como a interação humana, que requer um processo ativo. Diante do ecrã, a criança anda a reboque de estímulos frequentes e intermitentes. Transforma-se numa espécie de porta USB ou numa impressora. A criança ainda não desenvolveu as suas capacidades de inibição e atenção, o seu locus de controlo é externo.

O  que significa isso?
O locus de controlo é o lugar a partir do qual uma pessoa acredita que as suas ações são controladas. Se é externo, a pessoa acredita que a sua ação é condicionada pelo ambiente, pela sociedade, pelos outros. Se é interno, a pessoa sente que tem controlo (capacidade de inibir, moderar, tomar a iniciativa, planear, etc) sobre as suas ações, pelo que age em consciência e de forma responsável.

Existe a ideia de que os cérebros das crianças devem ser estimulados e “trabalhados” desde cedo, sob pena de se fechar a “janela de oportunidade”. É especialmente crítica desta teoria. Porquê?
Não é uma opinião. A ideia de que é preciso enriquecer o ambiente durante os primeiros anos de vida para não perder a oportunidade de aprendizagem é um neuromito. Um neuromito é uma má interpretação da literatura em neurociência. Há períodos críticos (janelas de oportunidade irrepetíveis) para o desenvolvimento, mas não para a aprendizagem. Mais nem sempre é sinónimo de melhor. A aprendizagem é um processo lento que deve acontecer ao ritmo da criança. Estudos sobre apego indicam que as crianças não precisam de um bombardeamento sensorial, mas sim de interação de qualidade com o seu cuidador principal.

Outro conceito que não lhe é propriamente caro é o que se refere a esta geração como “nativa digital”. Acredita que existe um “plano” por trás disto? Que as empresas tecnológicas, por um lado, constroem os produtos de forma a serem facilmente utilizados pelas crianças; e por outro plantam na mente dos pais a ideia de que a capacidade de manusear a tecnologia é não só uma prova de inteligência dos filhos mas também uma ferramenta capaz de aumentar ainda mais essa inteligência?
O nativo digital é definido como aquele que, nascendo na era digital, está habituado a receber e a processar informações de uma forma que alguém que nasceu antes dessa época (o chamado Imigrante Digital) não consegue. De acordo com essa “hipótese”, os nativos digitais terão vantagens cognitivas que afetarão positivamente a sua aprendizagem, em relação à da geração que os precede, como por exemplo no que diz respeito à multitarefa tecnológica. Apesar da popularidade desta ideia, os estudos dizem que o conceito de nativo digital é sobrevalorizado. Embora demonstrem grande familiaridade e agilidade técnica com a tecnologia, os jovens também dependem demasiado dos motores de busca e não têm competências críticas e analíticas para perceberem o valor e a originalidade da informação que existe na rede. Concluindo: os estudos dizem que a chamada “Geração do Google” não tem o nível de alfabetização digital que lhe tem sido atribuído e que ao próprio conceito falta uma base científica. A crença de que uma pessoa nascida na era tecnológica tem mais habilidades cognitivas para o uso da tecnologia é um mito. E a multitarefa tecnológica também. Se o teu filho aprende a usar um smartphone em minutos não é porque é um génio, mas porque o engenheiro que o desenhou é muito inteligente.

O que é isso da multitarefa tecnológica?
É o ato de fazer muitas coisas que requerem o processamento de informação no âmbito tecnológico ao mesmo tempo. É um mito, a neurociência garante que não podemos realizar em simultâneo várias tarefas que requeiram o processamento de informação. Quando tentamos fazê-lo, o que acontece é que desempenhamos essas tarefas em paralelo e vamos oscilando entre todas elas.

Existem ou não diferenças cerebrais entre as crianças de hoje, que têm toda a informação do mundo à distância de um clique, e os dos seus pais, que quando queriam saber alguma coisa tinham de se dedicar e procurar em livros ou enciclopédias?  
As crianças de hoje aprendem da mesma forma que as de antigamente. Há permanências antropológicas. As previsões alarmistas de que a tecnologia estaria a reestruturar os nossos cérebros (“rewiring our brains”, em inglês) também não têm fundamento científico. Ainda assim, tal como avisa o Conselho Inter-Americano para o Desenvolvimento Integral, a plasticidade tem os seus limites, pelo que a tensão a que uma pessoa está sujeita só é possível dentro de alguns limites, para além dos quais os estímulos podem provocar alterações capazes de comprometer a sua integridade e, consequentemente, a sua aprendizagem. Isto é confirmado pelas evidências que relacionam a multitarefa tecnológica com a diminuição das funções executivas (atenção, capacidade para inibir estímulos externos, etc.). E também pelas evidências que relacionam hiper-estimulação e desatenção. Nas crianças estes efeitos são mais agudos, porque estão num período crítico de desenvolvimento.

Centremo-nos nas crianças entre os 6 e os 12. Há boa e má tecnologia? Que regras ou limites aconselharia nestas idades?
A tecnologia tem de adaptar-se ao ritmo interno da criança, não pode substituir as relações interpessoais reais e não deve veicular conteúdos violentos ou inadequados. A criança tem de desenvolver os seus sentidos de intimidade, privacidade, força, moderação e relevância e a sua capacidade de inibição antes de entrar no mundo virtual. Não é possível desenvolver a noção de intimidade nas redes, por exemplo. A melhor preparação para o mundo online é o mundo offline.

Bem sei que o ideal seria que os consumos fossem sempre acompanhados ou pelo menos supervisionados pelos pais, mas com as vidas atuais isso é praticamente impossível. Que estratégias aconselha a pais e educadores?
Os ecrãs são as amas do século XXI. Temos de oferecer alternativas de qualidade aos nossos filhos: música, desporto, amizades, brincadeiras, natureza, etc. Acreditamos mesmo que estes dispositivos lhes melhoram a qualidade de vida? Nunca houve tantas adições tecnológicas, tanto consumo de pornografia na infância. Tudo na sua medida e no seu devido tempo. Quando atrasamos o uso do smartphone, damos-lhes o luxo das interações pessoais e a oportunidade de fortalecerem qualidades que mais tarde lhes permitirão utilizar estes dispositivos de forma responsável. Um smartphone é um luxo. Por que motivo havemos de lhes comprar luxos?

Caso já tenham comprado esse “luxo”, como podem os pais limitar ou supervisionar o seu uso?  
Não há problema nenhum em atrasar a idade de uso. Eles vão dizer que toda a gente tem e que vão ficar de fora de tudo. Primeiro, é preciso ajudá-los a perceber as estatísticas, nem sempre é garantido que todos têm mesmo. Depois, mesmo que muitos tenham de facto, isso não é um argumento educativo. Muitas crianças consomem pornografia e embebedam-se e isso não é uma justificação para permitir que os seus filhos o façam.

Tem quatro filhos. É essa a estratégia que usa com eles, em casa?
Não sou uma mãe perfeita, pelo que aquilo que fazemos não é “a” solução. Cada família é um mundo e cada pai e mãe é no limite responsável pelas suas decisões. Em nossa casa há uma televisão que só serve para ver filmes selecionados. Temos dois computadores que são usados em espaços de passagem, para o meu trabalho e para o do meu marido. Os nossos filhos não têm videojogos, nem tablets, e só temos um telemóvel familiar — que só dá para fazer chamadas, não tem Internet –, que utilizam quando necessitam. Mas damos-lhes mil alternativas aos ecrãs: passeios, pesca, desporto, música, viagens, natureza, conversas, leitura, etc. Não podemos proibir só por proibir. Temos de dar-lhes alternativas de qualidade.

Há cada vez mais escolas a apostar no uso das tecnologias para ensinar. Paradoxalmente, diz que Steve Jobs, tal como a maioria dos executivos de Silicon Valley, põem os filhos em escolas tradicionais. É mesmo assim? Por que acha que isto acontece?
Os CEOs das empresas tecnológicas de Silicon Valley vendem tablets às escolas públicas da zona, mas têm os filhos em colégios privados que não os utilizam. Eles sabem que não existem estudos que apoiem o uso da tecnologia em sala de aula. Aliás, sabem que o que há são estudos que dizem o contrário. O tablet é parte de uma estratégia de marketing educativo. A novidade é um conceito essencialmente comercial, não educativo.

O que dizem exatamente esses estudos que vão contra o uso de tablets na escola?
Essa pergunta é demasiado complexa para ser respondida assim. Aquilo que posso afirmar é que não existe atualmente um conjunto de estudos que apoiem o uso de tablets na sala de aula. Não há um conjunto de estudos que estabeleça um benefício entre o uso de tablets e uma melhoria no desempenho académico e nas oportunidades de emprego.

Tempos de atenção cada vez mais curtos, dificuldades de concentração, incapacidade de desenvolvimento de pensamento lógico. Diria que estas expressões descrevem de algum modo a geração adolescente atual? Que papel desempenham as novas tecnologias neste quadro?
Como diz [a romancista americana] Meg Wolitzer, esta é a geração que tem manteiga mas não tem pão. A quem falta o contexto que dá sentido às aprendizagens. O contexto não se encontra na Internet, mas no mundo real. O professor é fundamental, precisamente porque dá esse contexto, torna a aprendizagem “significativa”. Por mais sofisticados que sejam os algoritmos, a educação será sempre uma questão profundamente humana e não tecnológica.

Fala-se muito em dependência e adição às novas tecnologias. Há idades mais permeáveis a isto, no que respeita às fases de desenvolvimento cerebral ou comportamental? A que sinais de alerta devem os pais estar atentos?
Muitas dessas tecnologias estão desenhadas para criarem adição. Quem trabalha nas empresas que as fabricam admite isso mesmo. Não existem estratégias para mitigar esses efeitos em mentes imaturas. Se nos custa a nós, que somos adultos, como é que não vai custar-lhes a eles? Quando uma criança mente para poder consumir tecnologia, está viciada. Mas quando isso acontece, já é um pouco tarde para fazer marcha-atrás. Eu defendo a prevenção: atrasar a idade de uso.

Internet já traz mais problemas aos jovens que o álcool ou a droga

Julho 10, 2019 às 8:00 pm | Publicado em Relatório | Deixe um comentário
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Notícia da TSF de 26 de junho de 2019.

Por Nuno Guedes

As conclusões são do serviço do Ministério da Saúde que avalia os comportamentos aditivos e dependências.

Um em cada quatro jovens de 18 anos admite que teve no último ano problemas por causa da utilização da internet.

Esta é uma das conclusões do relatório “Comportamentos Aditivos aos 18 anos – Inquérito aos jovens participantes no Dia da Defesa Nacional – 2018” que ouviu 66 mil jovens.

A percentagem de jovens que relata problemas com a internet (25,9%) aumentou em relação ao último inquérito realizado em 2017 (22,9%) pelo Serviço de Intervenção nos Comportamentos Aditivos e nas Dependências (SICAD) do Ministério da Saúde. Os casos mais comuns, a afetar 15,9% dos jovens, envolvem “problemas de rendimento na escola ou no trabalho” por causa do tempo online. Com 11,5% seguem-se as situações de mal-estar emocional e problemas com comportamentos em casa (9,6%).

O número de jovens de 18 anos com problemas pelo uso da Internet (25,9%) é mesmo superior ao número de jovens que diz que já teve problemas devido ao consumo de álcool (21%) ou drogas (9%).

Por exemplo, a Internet gera mais do triplo de casos de problemas de rendimento na escola ou no trabalho do que o álcool (15,9% vs. 4,4%) ou quatro vezes mais que o consumo de substâncias ilícitas (2,9%).

Nos comportamento tidos em casa, a Internet também é um fator bem mais problemático do que o álcool ou as drogas, com a presença online a perder, apenas, para o álcool nas situações de mal-estar emocional junto dos jovens de 18 anos.

Parte do tempo em que os jovens estão na internet é passado a jogar, com o estudo a revelar que “a maior proporção de jovens joga até 3 horas por dia, seja durante a semana ou ao fim de semana (por exemplo, 23,5% jogam 1 hora por dia e 14,7% durante 2 a 3 horas por dia, ao fim de semana; enquanto 18,7% jogam até 1 hora por dia e 14,3% jogam 2 a 3 horas por dia, se for um dia útil)”. No entanto, o documento faz questão de sublinhar que “é de salientar como perto de 10% dos jovens mencionam jogar durante 6 horas ou mais por dia”.

O relatório citado na notícia é o seguinte:

Comportamentos Aditivos aos 18 anos. Inquérito aos jovens participantes no Dia da Defesa Nacional – 2018

Cada vez mais jovens e dependentes

Julho 6, 2019 às 6:15 pm | Publicado em A criança na comunicação social | Deixe um comentário
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Photo by Tim Gouw on Unsplash

Notícia do Correio da Manhã de 26 de maio de 2019.

Vanessa Fidalgo

Os telemóveis são o novo melhor amigo, mas, em excesso, causam transtornos.

Os telemóveis vieram para ficar na vida das famílias portuguesas e o estar constantemente ligado é uma realidade à qual já nem os mais pequenos escapam. O aparelhinho de uso pessoal com mil e uma utilizações divide opiniões mas, sobretudo, tem tendência para fugir ao controlo paternal e às recomendações dos pediatras.

Segundo um estudo da Entidade Reguladora da Comunicação Social (ERC), uma em cada cinco crianças portuguesas entre os três e os oito anos têm telemóvel e metade são smartphones. Mas subindo um pouco a fasquia da idade, o telemóvel mostra-se incontornável. Segundo o Barómetro de Telecomunicações da Marktest, no primeiro trimestre de 2018 83% das crianças portuguesas entre os 10 e os 12 anos tinham telemóvel, número que passa para os 97% se considerarmos os jovens entre os 13 e os 17 anos.

De acordo com o estudo ‘Happy Kids: Aplicações Seguras e Benéficas para Crianças’, publicado pela Universidade Católica Portuguesa no ano passado, os pais são os primeiros a passar os dispositivos eletrónicos para as mãos dos filhos, tornando-os uma espécie de babysitter eletrónica para quando é preciso ‘trabalhar em casa’ ou manter ‘os miúdos calmos no restaurante’ – foram as principais razões apontadas. E os que mais usam aplicações são os que têm entre zero e os dois anos.

Berta Pinto Ferreira, pedopsiquiatra, lembra que a Sociedade Portuguesa de Pediatria não recomenda o uso de telemóveis por crianças com menos de 2 a 3 anos, mas o que lhe chega ao consultório é bem diferente. “Começam mais cedo e passam cada vez tempo a mais a brincar com eles nessa ou em idades mais avançadas, segundo nos dizem as consultas e os estudos mais recentes”. Por um lado porque as próprios pais “estão agarrados ao telemóvel”, por outro pela própria “necessidade de os manterem mais sossegados porque estão cansados, porque têm de trabalhar, fazer coisas, etc”.

Mas as consequências não se fazem demorar e manifestam a vários níveis. “Há estudos que apontam para trasos no desenvolvimento da linguagem, que se desenvolve em contacto com o outro e os telemóveis, obviamente, não nos respondem. Depois tem impacto na empatia (que também se desenvolve com o outro), no sono, na obesidade porque é uma atividade sedentária e, por último, a consequência final é a dependência”, avisa. A

Mas os telemóveis são “muito mais apelativos que um livro, atrativos e, se forem usados de forma acompanhada, como ferramenta de aprendizagem, recorrendo a alguns jogos educativos, até podem desenvolver algumas capacidades cognitivas e contribuir para a aprendizagem”, reconhece. E até mesmo em termos de socialização também têm as suas vantagens: “muitos miúdos levam-nos para a escola para ouvir a mesma música juntos. Isso é bom”.

O problema é o tempo que se passa a interagir só com eles. Segundo um estudo exploratório feito pelo Centro da Criança e do Adolescente do Hospital CUF Descobertas publicado em Março deste ano pela revista ‘Acta Médica Portuguesa’: 3,9% das crianças inquiridas revelaram comportamentos típicos de dependência e um terço (33,3%) foram consideradas em risco.

“Chegam-nos adolescentes com sinais claros de dependência, que muitas vezes estão até às duas ou três da manhã no telemóvel, com claro impacto psicológico: além de cansaço, trazem perturbações de ansiedade e depressivas. Por outro lado, atualmente, ninguém desliga os telemóveis, estamos disponíveis 24 horas por dia não vá alguém querem falar connosco a qualquer hora, e isso também cria stress. E há situações de dependência que têm de ser tratadas como tal”, frisa Berta Pinto Ferreira que apela “à sensibilidade dos pais” e ao “devido acompanhamento”.

João, de nove anos, e Afonso, de oito, usam o tablete desde o primeiro ano de vida, para ver vídeos, desenhos animados e jogar. Mas o telemóvel chegou lá a casa causado por outras vicissitudes. “Quando eu e o pai nos separámos, há um ano, demos-lhes os telemóveis para podermos falar com eles quando estivessem na casa do outro. No início serviu para isso, para trocar aquela mensagem de despedida, antes de deitar. Agora eles usam-no mais para os vídeos e para falar no grupo dos colegas de turma do WhatsApp”, afirma Tânia Parreiras, a mãe, de 36 anos. Mas, por vezes, também se esquecem dele desligado ou sem bateria “durante dias e dias a fio” e preferem ir fazer outras coisas, concretamente, jogar futebol. Tânia, reconhece, no entanto, que há muito que o pediam: “Talvez desde os cinco, seis anos, sobretudo o João”.

A mãe controla o que veem no You Tube através do histórico, pois os garotos usam a conta de Tânia para aceder. “Redes sociais ainda não têm e não sei muito bem como vou reagir quando acontecer. Uma coisa é certa: vou controlar”, garante. O mesmo acontece em alturas de testes e trabalhos de casa. “Os aparelhos ficam longe”, frisa. Mas vão em alturas de férias e passeio:” talvez porque nós, os pais, quando estamos mais cansados ou precisamos de fazer tarefas. Quando eles eram pequenos levavam sempre o tablet para ir a um restaurante”.

Luísa Januário, 42 anos e três filhas. Ana Carolina, de 10 anos, Catarina, de 17 e Alexandra de 19. Tiveram o seu primeiro telemóvel por volta dos dez anos. A mãe reconhece no entanto, que “entre a mais velha e a mais nova, houve diferenças geracionais”.

O de Ana Carolina chegou há poucos meses, comprado com o seu próprio dinheiro, amealhado das mesadas e prendas de aniversário. “Desde pequena, dos quatro ou cinco anos, que quer mexer no meu ou no das irmãs”. Usa-o essencialmente para “jogar, ver vídeos e conversar no Whatsapp com os colegas de turma, onde já quase todos têm também telemóvel. “Também tem Instagram, foram as irmãs que lhe criaram, mas sou eu que tenho a password”, diz a mãe.

Na escola primária, onde frequenta o 4º ano, os telemóveis só saem da mochila à hora do recreio. O que não a deixa propriamente feliz: “antes brincávamos mais, agora parece que o recreio perdeu a piada porque está tudo sentado nos telemóveis!”, lamenta Ana Carolina.

Para a mãe, são um mal necessário: “Sobretudo em relação às mais velhas, para saber onde e como estão. Mas acho que não devemos proibir porque o fruto proibido é sempre o mais apetecido”. Por isso, há regras bem definidas, até porque Ana Carolina, além da escola, tem outros deveres: estuda no conservatório nacional de música e toca percussão numa banda filarmónica. “Durante a semana, não há telemóvel. E aí sim, está um bocadinho de manhã, depois mais um bocadinho à tarde. Mas tem tempo para tudo: trabalhos de casa, música, brincar e telemóvel”, diz Luísa, que reconhece que muitas vezes os pais facilitam, “nem tanto por pressão dos miúdos mas porque o tempo é pouco e é preciso entretê-los com qualquer coisa”. Luísa já usou o argumento de tirar o telemóvel como castigo: “por não estarem a fazer o que deviam”. E resultou.

Lá em casa, é Catarina, de 17 anos, que passa mais tempo agarrada ao aparelho. Tanto que às vezes se sente farta. “É verdade que ás vezes deixo os trabalhos de casa e outras coisa para depois para estar no telemóvel e fico horas a mais do que devia. Mas às vezes também fico farta e até sinto que preciso de fazer um ‘detoux’.

Os crimes do teclado
Tito de Morais, fundador do projeto MiudosSegurosNa.Net, alerta para o facto destes dispositivos promoverem a “constante busca por atenção e estímulo da superficialidade através a comparação social em detrimento da   profundidade”.

Ao parecer ‘versus’ ser juntam-se os riscos físicos: “o cyberbullying e os outros riscos potenciais, resultantes da
exposição potencial a conteúdos impróprios, contactos e comunicação com terceiros – conhecidos ou desconhecidos – riscos associados a práticas comerciais e publicitárias não-éticas e, sobretudo, à datificação das crianças”. Ou seja, a divulgação de dados pessoais que possam por a sua integridade em risco.

Aos pais cabe uma tarefa com nome feio: controlar. “O que é mais difícil por ser um dispositivo privado, móvel, e de bolso. No entanto, os principais sistemas operativos disponibilizem ferramentas de controlo parental e existem no mercado ferramentas especializadas neste tipo de tarefas que podem facilitar a vida aos pais”, explica o especialista em segurança na internet Tito de Morais.

O recreio já é digital
Às escolas, os telemóveis também já vieram para ficar. O recreio, por natureza, é uma altura livre, que os alunos ocupam da forma que pretenderem, durante a qual – segundo o Estatuto do Aluno – o uso de telemóveis e outros dispositivos tecnológicos dentro do recinto escolar só é permitido com autorização da direção da escola ou do   professor. “Os limites estão portanto definidos. A questão é da vontade em os fazer ou não fazer cumprir. Pessoalmente, não me parece que a proibição seja a solução. Alias veja-se a situação presentemente. Se as crianças passam os intervalos ocupadas a olhar para os ecrãs, a culpa é nossa, porque como adultos não lhes arranjarmos alternativas mais interessantes para ocuparem o seu tempo. Às tantas, são animadores desportivos, artísticos e culturais nos intervalos. Às tantas, o que falta não é ser mais rígidos e impor limites, às tantas o que falta é ensinar as crianças a brincar”, sugere Tito de Morais.

Mas é também na escola que os professores mais sentem os efeitos dos telemóveis. Judite Esteves, professora na EB 2,3 Cardoso Lopes, na Amadora, nunca teve conhecimento na sua escola de um crime de cyberbullying mas já presenciou autênticos dramas quando há um aparelho “apreendido, perdido ou roubado”.

“Sente-se nos jovens o desgosto de ficar incomunicável aliado ao medo da reação dos encarregados de educação. É principalmente nestas situações que constatamos o nível exagerado de dependência”, constata. Na Cardoso Lopes, as regras estão bem definidas: É obrigatório todos os alunos depositarem o aparelho, devidamente desligado, em bolsas numeradas que existem à entrada de todas as salas de aula.

Mas aos intervalos, pelos ecrãs que os seus olhos espreitam e somam de soslaio, não deverá andar “muito longe da verdadeira percentagem” se considerasse que cerca de 90 por cento dos alunos têm telemóvel e alguns têm mais do que um…

“Tanto é usado para comunicar como para jogar. Sem dados concretos, a sensação que tenho é que as raparigas o utilizam mais para comunicar nas redes sociais e os rapazes para jogar”, calcula.

Mas o que mais constatam os professores é o nível de dependência. “O telemóvel tornou-se um objeto de extrema importância na vida da maioria das pessoas. Dificilmente poderia ser diferente a relação com um utensílio que reúne tecnologias que permitem telefonar, enviar mensagens, aceder a sites, redes sociais, vídeos, jogar, pesquisar, fotografar e certamente muito mais… Possivelmente qualquer um dos meus alunos poderia juntar ainda outras funções que desconheço. Quando uma criança tem acesso a um instrumento desta dimensão e aprende a manuseá-lo o caminho para a dependência está aberto. Uns utilizam-no de forma moderada e saudável, outros servem-se dele para ações que poderão ser consideradas prejudiciais, não só para si mas muitas vezes para os outros. Causando muitas vezes situações de indisciplina que são alvo de sanções”.

Por isso, equilíbrio e bons exemplos são precisos, avisa a professora: “O bom senso é geralmente o melhor caminho. Mas uma coisa é certa, não só os encarregados de educação, mas também a escola têm que aceitar, acompanhar os avanços tecnológicos e usufruir e deixar usufruir de tudo que há de positivo nestes avanços”.

Seis sintomas que ajudam a detetar o vício dos videojogos

Junho 17, 2019 às 6:00 am | Publicado em Estudos sobre a Criança | Deixe um comentário
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Notícia da Exame Informática de 28 de maio de 2019.

Francisco Garcia

Um problema que só recentemente foi considerado doença e que tem vindo a tornar-se cada vez mais comum na nossa sociedade, que é cada vez mais dependente das novas tecnologias.

Este sábado, a Organização Mundial de Saúde (OMS) passou a considerar o comportamento obsessivo para com os videojogos uma doença mental. Conheça aqui alguns dos sintomas que, segundo a American Addiction Centers, são comuns em pessoas que sofrem deste distúrbio:

Estilo de vida sedentário – Passar horas em frente a um ecrã pode ter efeitos perigosos no corpo e mente de um jovem. Este cenário pode agravar-se quando a pessoa em causa não pratica desporto, podendo aumentar desmedidamente o peso e acentuar uma má postura, ou em casos mais graves, desenvolver doenças como Diabetes tipo 2.

Ausência de interação social – Embora nalguns videojogos os jogadores interajam uns com os outros, os jogos não devem substituir outras formas de socialização (não virtuais) na vida das crianças. A aprendizagem de ferramentas de comunicação em contextos reais é fundamental no desenvolvimento dos mais jovens e não deve ser substituída por experiências de gaming.

Problemas de concentração – A ação e movimentos rápidos nalguns videojogos é considerada, por alguns especialistas na área, como uma das causas para falta de concentração nalguns jogadores. Associam ainda o tempo investido em videojogos à falta de interesse na leitura, que requer uma atenção prolongada.

Evitar tarefas associadas ao desenvolvimento – Este sintoma pode surgir na adolescência, quando os jovens utilizam os videojogos como um escape para os problemas da sua vida, evitando situações que os obriguem a crescer emocionalmente.

Comportamentos violentos – Algumas crianças e adolescentes que passam muito tempo a jogar videojogos de combate ou violentos, podem estar mais propensos a apresentar alguns sinais de agressividade do que outros que não jogam. A American Addiction Centers aconselha os pais a terem um mecanismo de vigilância semelhante ao que usam para impedir as crianças de ver filmes violentos.

Convulsões e lesões de stress – De acordo com um artigo publicado no British Medical Journal, os videojogos podem aumentar os riscos em jogadores com epilepsia, devido à intensidade das luzes, cores e gráficos. Um comportamento compulsivo com videojogos pode ainda levar a pequenas lesões relacionadas com o stress, nomeadamente nas mãos e pulsos.

 

 

 

Investigadores criam teste psicológico para avaliar transtorno do videojogo

Junho 11, 2019 às 8:00 pm | Publicado em Estudos sobre a Criança | Deixe um comentário
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Unsplash

Notícia e imagem do Público de 28 de maio de 2019.

Teste foi testado numa amostra de 550 estudantes do Reino Unido e da China e teve resultados “muito satisfatórios”.

Investigadores desenvolveram o primeiro teste psicológico mundial para avaliar o transtorno do videojogo e a severidade dos seus sintomas, através de critérios clínicos estabelecidos pela Organização Mundial de Saúde (OMS).

O teste é um instrumento psicométrico que foi testado numa amostra de 550 estudantes do Reino Unido e da China e que apresentou resultados “muito satisfatórios”, disse à agência Lusa o investigador e psicólogo português Halley Pontes, da Universidade da Tasmânia (Austrália).

“O que se verificou é que através de um conjunto simples de quatro perguntas podemos proceder a um diagnóstico e avaliar a severidade dos sintomas” dos jogadores, adiantou Halley Pontes, que liderou a equipa de investigadores que criou esta ferramenta e desenvolveu o estudo com a amostra de estudantes, a publicar no International Journal of Mental Health and Addictions.

Halley Pontes explicou que o “trabalho resulta do consenso a que Organização Mundial da Saúde chegou no passado fim-de-semana sobre o estatuto oficial do transtorno do videojogo” como uma perturbação psiquiátrica relacionada com “o uso excessivo e patológico dos videojogos”. De acordo com a definição da OMS, este padrão de comportamento deve ter sido evidente por um período mínimo de 12 meses e ter resultado num comprometimento significativo na vida familiar, do trabalho e da educação.

Questionários online a decorrer

Para a realização do estudo, foram criadas duas plataformas online, uma na Alemanha e outra no Reino Unido que permitem às pessoas que joguem activamente no computador, telemóvel ou consola responder a algumas questões e de imediato receber uma resposta sobre “o modo como se envolvem com os videojogos”, se é um envolvimento patológico ou normal.

O questionário online é baseado em critérios da OMS e regista as actividades de jogo dos últimos 12 meses numa escala de um (nunca joga) a cinco (muito frequentemente). As conclusões principais do estudo indicam que “o novo enquadramento clínico da OMS que define o transtorno dos videojogos é robusto e pode ser verificado em termos empíricos com os dados recolhidos”, sublinhou Halley Pontes.

Os dados revelam que, em média, os alunos inquiridos jogam 12 horas por semana, gastando quase metade deste tempo (46%) aos fins-de-semana sozinhos na frente de um computador ou com outros dispositivos móveis. Houve ainda 36 participantes (6,4%) que relataram grandes problemas no dia-a-dia devido ao seu comportamento. Halley Pontes explicou que o transtorno de videojogos é “uma incapacidade” de os jogadores controlarem o seu comportamento obsessivo, que é reflectido também no “aumento exponencial da prioridade que a pessoa dá ao jogo ao ponto de abafar outros interesses e actividades diárias” e continuar a jogar mesmo sabendo que “existem áreas da sua vida que estão a ser afectadas negativamente”.

O próximo passo dos investigadores das universidades da Tasmânia, de Birkbeck (Londres), de Pequim e de Ulm (Alemanha) é a realização do “maior estudo” sobre o transtorno do jogo, tendo para isso criado uma parceria com a empresa de eSports ESL, com laços estreitos com a comunidade de jogos, “um público potencialmente em risco”.

O novo estudo visa compreender de que forma o jogo está a tornar-se um problema de saúde e quais factores que contribuem para isso, incluindo variáveis sociodemográficas, de personalidade e motivações. Para Halley Pontes, a decisão da OMS vai “ajudar estas pessoas que sofrem a encontrarem validação para o seu sofrimento psicológico e, potencialmente, servirá também para desenvolver políticas que as ajudem a obter tratamento no sistema nacional de saúde”.

 

 

Tem filhos viciados em videojogos? 5 dicas para lidar com o problema

Maio 20, 2019 às 12:00 pm | Publicado em A criança na comunicação social | Deixe um comentário
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Texto do Observador de 7 de maio de 2019.

Há cada vez mais crianças a trocar o hábito de brincar ao vivo por longas sessões de videojogos. Cabe aos pais impor regras simples para evitar comportamentos de risco.

O novo bicho papão para os pais de crianças a partir, sensivelmente, dos oito anos chama-se Fortnite Battle Royale. Não, não é o nome de um novo vírus incurável ou de uma qualquer estranha substância psicotrópica. É, apenas e só, um videojogo que tem atraído milhões e milhões de crianças e adolescentes no mundo inteiro. A premissa é muito simples: cada jogador — ou equipa — é lançado numa ilha e tem de lutar pela sua sobrevivência, eliminando os outros jogadores — ou equipas — que têm o mesmo objetivo. O jogo é gratuito, intuitivo e, sobretudo, viciante. Pais e professores denunciam, com frequência, alterações de comportamento em crianças que jogam Fortnite Battle Royale diariamente. Muitas ficam mais agressivas e desinteressadas de outras actividades. Mas as dicas que se seguem podem ajudar a lidar com o vício neste e noutros videojogos.

1. Mostre-se interessado/a, jogue com as crianças

A melhor maneira de entender o fenómeno Fortnite Battle Royale ou outros não é submeter as crianças a interrogatórios nem pesquisar na Internet. A melhor maneira é estar por dentro, jogar. De preferência com elas. Por isso, nada como mostrar interesse na actividade e procurar jogar com a criança. Podem fazer disso, por exemplo, uma actividade em família. Sendo que este jogo, especificamente, nem sequer é particularmente violento — os gráficos fazem lembrar banda desenhada.

2. Imponha limites, use o controlo parental

À semelhança do que já aconselhámos num artigo anterior, relacionado com a navegação na Internet, também neste caso é importante usar as ferramentas de controlo ao dispor. Todas as consolas, telemóveis, computadores ou tablets possuem opções que permitem aos pais gerir e controlar a sua utilização por parte dos filhos. Não só o tempo, mas também as compras online — e é muito importante ter atenção a essa parte —, os jogos que estão autorizados a jogar e com quem. Além das ferramentas deste género que cada aparelho traz por defeito há software especializado que aumenta o leque de opções e protecção. Uma vez estabelecidos esses limites, seja firme, não abra exceções.

3. Conversem sobre o assunto

Mas atenção: conversar não é discutir. É mais provável que a criança responda honestamente sobre o que a atrai em determinado jogo, os seus hábitos, com quem joga e de que forma se isso surgir numa conversa amigável com os pais do que se sentir ameaçada ou interrogada de forma agressiva. Pior do que o jogo em si são, muitas vezes, os comportamentos agressivos e/ou de bullying que a ele estão associados. Procure perceber com quem é que a criança joga, e de que fala enquanto joga. É possível desligar a opção de chat, caso entenda necessário.

4. Traga as crianças para fora do ecrã

O problema não são os videojogos per se mas sim o tempo que as crianças passam em frente ao(s) ecrã(s) nos dias de hoje. Pode não ser fácil trazê-las de volta à vida real, já que muitas tendem a achar tudo desinteressante em comparação com o YouTube ou os videojogos. Mas há que fazer um esforço. Se as crianças já têm por hábito jogar Fortnite Battle Royale (ou outros jogos) com os amigos da escola, pode tentar envolvê-los — e aos respectivos pais — nesta missão, planeando saídas em conjunto ou formando uma equipa de um qualquer desporto, por exemplo.

5. Em caso de necessidade, procure ajuda profissional

Se perceber que o vício nos videojogos está a afectar gravemente o rendimento escolar da criança, a forma como se comporta — mais agressiva e irritável — e as suas relações interpessoais, e nenhum dos passos anteriores pareceu resultar, não será descabido procurar ajuda profissional. Os psicólogos e pedopsiquiatras estão cada vez mais equipados para lidar com este tipo de problemas, também eles cada vez mais recorrentes: não é por acaso que a Organização Mundial de Saúde incluiu, há cerca de um ano, o “distúrbio de jogo” na lista de doenças classificadas como perturbações do foro mental.

 

Workshop Gaming, Gambling e Cenas – Como intervir nos comportamentos aditivos SEM substâncias? 24 maio em Viana do Castelo

Maio 13, 2019 às 8:00 pm | Publicado em Divulgação | Deixe um comentário
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mais informações no link:

https://www.gaf.pt/pt/jornadas/XXV/workshop-gaming-gambling-cenas

 

 

Eu parti o telemóvel

Maio 2, 2019 às 6:00 am | Publicado em A criança na comunicação social | Deixe um comentário
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Artigo de opinião de Carmo machado  publicado na Visão de 15 de abril de 2019.

Muitos dos nossos alunos estão na escola porque é obrigatório. Não têm escapatória. Podem tirar-lhes tudo, dentro da escola, e eles não reagirão. Tentem tirar-lhes o telemóvel e virá a mãe e o pai e a tia a exigir a sua devolução imediata. Preparem-se até para ser agredidos, se necessário for. Por favor, mas não lhe tirem o telemóvel! Se têm dúvidas, tentem!

Nunca imaginei fazer esta afirmação. Hoje, porém, após muita reflexão e em plena interrupção letiva de Páscoa, assumo que sonho com uma escola sem internet e com alunos sem telemóveis. Pronto, já disse. Hesitei várias vezes antes de escrever isto mas, por vezes, as decisões são como os precipícios. A gente atira-se por ali a baixo e deixa de haver lugar para arrependimento…

Ando há vários meses a observar os alunos dentro e fora das aulas, sobretudo nos intervalos. Sofrem, quase todos, de nomofobia (fobia causada pelo desconforto ou angústia resultante da incapacidade de acesso à comunicação através de aparelhos celulares ou computadores). De facto, assim que dá o toque de saída, os alunos na sua maioria limitam-se a ligar o telemóvel e ali ficam, presos ao ecrã. Antes, saíam para os pátios, iam à sala de convívio, jogavam, cantavam, namoravam, sei lá… Agora, limitam-se simplesmente a olhar para o ecrã do telemóvel, que para eles parece ser tão importante como os seus próprios pulmões. Passei há dias por um corredor onde estavam, sem exagero absolutamente nenhum, mais de quinze alunos solitários – como se de ilhas se tratassem – agarrados ao ecrã. Falo de uma escola. De um espaço de socialização por excelência. De descoberta. De partilha. De confronto. Mas não! Aquilo que observo diariamente (e garanto-vos que estou atenta) é preocupante. Os alunos passeiam pela escola de telemóvel na mão e auscultadores nos ouvidos. Julgo mesmo que nada do que ali se passa lhes interessa. Muitos dos nossos alunos, especialmente nos cursos profissionais (experiência própria), estão na escola porque é obrigatório. Não têm escapatória. Podem tirar-lhes tudo, dentro da escola, e eles não reagirão. Tentem tirar-lhes o telemóvel e virá a mãe e o pai e a tia a exigir a sua devolução imediata. Preparem-se até para ser agredidos, se necessário for. Por favor, mas não lhe tirem o telemóvel! Se têm dúvidas, tentem!

A internet veio para ficar e eu própria, tanto na minha vida pessoal como profissional, já não saberia viver sem ela. Porém, analiso as horas que literalmente perco, agarrada aos motores de pesquisa, e tenho dias em que quase me esqueço de abrir um livro. Quando isto acontece, sinto-me culpada e prometo a mim própria controlar o tempo gasto com o uso da tecnologia. Chego a ter vontade de partir o telemóvel… Mas até que ponto isto acontece com as nossas crianças e os nossos jovens, que dele fazem uma utilização livre na maior parte das vezes, sem qualquer controlo parental?

Dentro da sala, utilizo cada vez menos a internet. Infelizmente, quando esta me é necessária, ou não está disponível ou os equipamentos (quase obsoletos) não funcionam. Já me preocupei mais, confesso! Quando isto acontece (quase sempre), a alternativa encontrada para colmatar a falta da ligação à rede acaba por revelar-se muito mais criativa e interativa. É nestas situações que a verdadeira comunicação acontece, a partilha de ideias ocorre e a aprendizagem se desenvolve. Talvez por isto tenha andado a pesquisar o fenómeno Waldorf.

O colégio Waldorf, localizado na Califórnia, foi criado em 1984 por pais e encarregados de educação preocupados com a necessidade de a escola ensinar numa perspetiva global, holística, ajudando os alunos no seu desenvolvimento como indivíduos totais, em termos cognitivos mas também emocionais e motivacionais. Aspeto importante: nesta escola não há computadores. E, interessante analisar porquê, é exatamente para esta escola privada que muitos cérebros de Silicon Valley (funcionários da Google, da Apple e de outras empresas de ponta) enviam os seus filhos. Esta nova tendência – a desconexão – pode ser o futuro do ensino. Voltar às raízes, à essência, à valorização dos sentidos, das emoções, dos espaços, dos afetos…

As escolas estão equipadas com computadores mas o uso que deles se faz nem sempre é produtivo. O computador é apenas uma ferramenta, como muitas outras. E, de facto, como afirma um pai de um aluno a frequentar Waldorf, aquele que só tem um martelo acha que todos os problemas são pregos. Por outro lado, o uso permanente do telemóvel com ligação à internet (entrando os alunos em absoluto estado de nervos quando não têm ligação à rede ou quando esgotam o seu pacote de dados) é a forma mais consistente de distração, de ocupação dos tempos livres e de socialização destas novas gerações.

Sonho com uma escola desconetada. Com alunos sem telemóvel. Com professores capazes de dar uma boa aula sem a bengala da tecnologia. Lembram-se? O luxo, numa escola de futuro, passará por cada aluno possuir uma árvore e estar desligado da internet.

 

“Diga ao meu filho para deixar de jogar”. Psicólogo prescreve bom senso

Abril 18, 2019 às 6:00 am | Publicado em Estudos sobre a Criança | Deixe um comentário
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Magnus Fröderberg

Notícia da Rádio Renascença de 5 de abril de 2019.

Marta Grosso

Pedro Hubert é especialista em dependência no jogo e esteve nas Três da Manhã para comentar um estudo recente, segundo o qual um terço das crianças corre o risco de ficar dependente de videojogos.

Quando chegam ao consultório, os pais estão cansados e desesperados. Consideram que os filhos estão dependentes dos jogos de ecrã. Segundo o psicólogo Pedro Hubert, esta é uma dependência em tudo igual às restantes (álcool, tabaco, drogas…).

“Os critérios de diagnóstico são muito parecidos. Por exemplo, ficar muito irritado se não pode aceder aos videojogos, e às vezes há casos de agressão; aumentar o tempo de jogo e a intensidade; troca de prioridades, ou seja, “em vez de estudarem, em vez de dormirem, em vez de comer como deve ser” vão jogar.

“Tendo mais do que quatro destes critérios, sim, há um problema de dependência”, confirma o especialista na Renascença, esta sexta-feira.

Cada caso é um caso, mas Pedro Hubert privilegia sempre o “bom senso”, combinado com “uma espécie de contrato terapêutico”. Tem sempre de haver, sobretudo, no tempo de exposição ao ecrã.

“Às vezes, não é só o jogo em si, é todo o tempo que passam no fórum de jogadores a ver os outros a jogar, o streaming relacionado com o jogo, enfim, é o tempo de ecrã”, explica.

Dependendo da pessoa em causa, deve definir-se uma, duas ou três horas de exposição. “Há pessoas que podem estar três horas em frente ao ecrã, mas andam na ginástica, andam na música, têm amigos, divertem-se, saem”. Nestes casos, não há problema.

“Há outros que vivem aquela hora de modo tão intenso, quase tão doentio, que nessas fases é preciso um período de abstinência e depois introduzir um período limitado. E a hora de ecrã é depois de fazerem os trabalhos, depois de lhes dar outros interesses em vez de afunilarem só naquele”, sublinha o psicólogo.

No programa As Três da Manhã, este especialista em dependência de jogos conta que o caso mais grave que lhe apareceu foi com um homem de 35 anos. Foi a mãe que o levou à consulta.

“Desde os 13,14 anos que não fazia nada mais do que videojogos em casa, na internet. Nunca tinha trabalhado, tirando um ou dois dias e vinha-se embora; tinha mudado de curso frequentemente porque arranjava sempre desculpas. Estava branco, branco, branco, olheiras até às orelhas, mal conseguia falar e tinha problemas gravíssimos de depressão e ansiedade”, relata.

Só foi a duas sessões e nunca mais apareceu. “A mãe não conseguiu impor as tais regras. Ele já tinha demasiada força em casa, demasiada manipulação e continuou a fazer como queria”, conclui.

O pior é que Pedro Hubert quase “pode garantir que, daqui a uns anos, vai haver muitos muitos jovens neste estado, que não sabem falar, trabalhar, não sabem estar, porque a família não soube impor as regras”.

De acordo com um estudo conhecido esta semana, elaborado pelo hospital Cuf Descobertas, um terço das crianças corre risco de dependência dos videojogos, uma vez que passam mais de duas horas por dia a jogar. Uma em casa 10 crianças joga durante mais de quatro horas por dia, indica ainda a investigação, realizada a partir de uma amostra reconstituída por alunos do sexto ano de duas escolas de Cascais.

Outra conclusão é que os videojogos são também causa cada vez mais frequente de conflito no seio da família.

 

 

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