Fatiga informativa: la nueva enfermedad de la era digital

Maio 3, 2017 às 12:00 pm | Publicado em Divulgação | Deixe um comentário
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Texto do site http://ethic.es/

Por Luis Meyer

La primera voz de alarma se produjo en 1996, justo antes de que Facebook, Google, Twitter, Instagram, Snapchat, Apple, Android o los diarios en papel se sumaran al atiborramiento informativo multidireccional de la web. El psicólogo Davis Lewis recibió el encargo de la agencia Reuters para un informe de título clarividente: Dying for information? (¿morir de información?). Así, realizó numerosos análisis sobre más de mil directivos de lugares tan dispares como Estados Unidos, Hong Kong o Reino Unido. En todos ellos percibió el mismo patrón de fatiga informativa. El filósofo coreano afincado en Alemania, Byung-Chul Han, recoge y concreta estas conclusiones en su ensayo En el enjambre: «Parálisis de la capacidad analítica, perturbación de la atención, inquietud general e incapacidad de asumir responsabilidades».

En aquella época, esto es, en los noventa, las redes sociales aún estaban germinando, eran un exotismo por definir, igual que internet en general. Se reducían a unos cuantos servicios de chat en los que se creaban foros, de una forma muy rudimentaria y para una minoría. El año pasado, Facebook alcanzó los 1.860 millones de usuarios, casi un 20% más que en 2015. Más de 1.200 millones son activos a diario, esto es: envían y reciben información, señalan sus preferencias sobre infinidad de temas con solo un clic de ratón por medio de la herramienta ‘like’, comparten y expanden contenidos en todos los formatos imaginables, textos, audios, fotografías y vídeos. A día de hoy, en torno a una cuarta parte de la población mundial usa Facebook activamente. Según un estudio de la publicación The Verge sobre ciencia e innovación, en 2030 el porcentaje podría superar el 60% de los habitantes del planeta. Hay que tener en cuenta que, para entonces, habremos subido de los 7.000 millones actuales a casi 9.000.

Uno de los últimos estudios realizados en España sobre el uso del correo electrónico data de 2009. Lo llevó a cabo la consultora Contactlab, y desveló que al día, en España, se recibían 350 millones de e-mails. Si tenemos en cuenta que ese año, en nuestro país, se contabilizaban algo más de 15 millones usuarios habituales de la web, esto significaba en torno a 20 correos cada 24 horas por persona. Casi uno por hora. El periódico más leído de España, El País, asiste en los últimos años a un desangramiento de los lectores de su edición impresa. Pero al mismo tiempo, quienes acceden a su web, crecen en número cada año: más de un millón de usuarios únicos diarios. Este trasvase en los periódicos por parte de quienes renuncian a la información pausada y reflexiva a la que invita el papel y saltan a la información actualizada a cada minuto de sus páginas web, es similar en todas las cabeceras.

Cuando Lewis dio la voz de alarma en 1996 sobre el síndrome de la fatiga informativa, que definió con las siglas IFS y catalogó de enfermedad psíquica, no imaginaba que la realidad iba a ser tan apabullante. El filósofo Byung-Chul Han trata en su obra En el enjambre la desideologización y tecnificación de las estructuras sociales, en las que los políticos se separan de la ciudadanía para convertirse en eso ajeno que llamamos ‘establishment’ y los ciudadanos se van convirtiendo en meros consumidores. Y señala como principal patología la sobrecomunicación. También alerta sobre la fatiga informativa: «El principal síntoma es la parálisis de la capacidad analítica. Que es lo que precisamente constituye el pensamiento. El exceso de información atrofia el pensamiento, la capacidad de distinguir lo esencial de lo no esencial». Y va más allá: «El cansancio de la información incluye también síntomas característicos de la depresión que, ante todo, una enfermedad narcisista. El sujeto se ahoga en su propio yo, agotado y fatigado de sí mismo. Nuestra sociedad se hace cada vez más narcisista. Redes sociales como Twitter o Facebook agudizan esta evolución, pues son medios narcisistas».

Una derivada de la fatiga informativa es otra nueva patología, definida por los psicólogos como tecnoestrés. Y se da tanto por déficit como por exceso: por un lado, quienes se ven incapaces de sumarse y aceptar los nuevos usos impuestos por la era digital; por otro, quienes son incapaces de hacerlo de una manera saludable, y se identifican en exceso con la tecnología, perdiendo la perspectiva de su propio yo. El equipo de Investigación WANT Prevenció Psicosocial de la Universitat Jaume I de Castellón ha elaborado recientemente un cuestionario para predecir sus síntomas: incluye aspectos como ansiedad y riesgos psicosociales.

Pero los riesgos, según expone Byung-Chul Han, va más allá de los efectos directos en el usuario, su relación con el entorno o su pérdida de capacidad analítica. La sobreinformación nos lleva, en su opinión, a una nueva protocolización general de la vida, y la ingente cantidad de información que dejamos a nuestro paso por la red, reunida en eso inabarcable llamado big data, lleva a un nuevo concepto de Big brother: «Cada uno observa y vigila al otro, y cada uno es observado y vigilado».

Los beneficiados reales de toda esta recopilación de información en la red no son los propios usuarios, sino las empresas y los Estados. En muchos casos, actúan como un solo ente. Un claro ejemplo es la agencia Acxiom, que posee datos relevantes de más de 300 millones de estadounidenses, esto es, casi toda la población, y los vende a las empresas que los solicitan. Tiene más información que el FBI, prueba de ello es que han recurrido muchas veces a la agencia para sus operaciones de investigación.

En su carrera por monetizar el nuevo modelo de periodismo digital, los periódicos buscan, por encima de todo, aumentar el número de lectores, su permanencia en sus páginas webs y los clics. Lo mismo puede decirse de las redes sociales o de casi cualquier aplicación gratuita de móvil. La publicidad tradicional deja de ser la vía de financiación principal y deja paso a las bases de datos, cada vez más hinchadas, con las que poder comercializar. La información, por tanto, deja de tener sentido en sí misma, y pasa a ser un mero vehículo para obtener datos del usuario. Cada vez importa menos qué se cuenta, sino cuánta aceptación (cuántos clics) tendrá lo que se cuenta.

Y mientras tanto, como opina Byung-Chul Han, el efecto pernicioso en el ciudadano de a pie es cada vez mayor: «La hipercomunicación digital destruye el silencio que necesita el alma para reflexionar y para ser ella misma. Se percibe solo ruido, sin sentido ni coherencia. Todo ello impide la formación de un contrapoder que pudiera cuestionar el orden establecido que adquiere así rasgos totalitarios»

 

 

Os alunos que iniciam o secundário não distinguem quais são as informações relevantes sobre a Internet

Março 17, 2015 às 6:00 am | Publicado em A criança na comunicação social, Estudos sobre a Criança | Deixe um comentário
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Notícia do http://tecnologia.elpais.com/tecnologia      de 26 de fevereiro de 2015.

mais informações nos links:

http://www.iea.nl/icils_2013.HTML

http://www.iea.nl/home.HTML

EFE

Los alumnos que empiezan secundaria no distinguen qué informaciones son relevantes en Internet

 

Un estudio internacional analiza las competencias digitales de los alumnos de 13 años en 21 países

Susana Pérez de Pablos

Aunque un niño cuya lengua materna sea el español viva en Alemania, no va a hablar alemán como los nativos, a no ser que se promueva que lo haga. Lo mismo pasa con el aprendizaje de la tecnología: una cosa es que los niños actuales hayan nacido ya en la era tecnológica (los llamados nativos digitales) y otra muy distinta es que –a pesar de que se manejen muy intuitivamente ante una tableta- sepan desenvolverse de forma adecuada en la escuela y el mundo laboral de esta era.

Este es el razonamiento que hace el jefe de la Unidad de Investigación y Análisis de la Asociación Internacional para la Evaluación del Rendimiento Educativo (IEA), Andrés Sandoval-Hernández para explicar el resultado de un estudio que analiza el uso hacen los estudiantes de la tecnología, realizado en 18 países del mundo más dos regiones de Argentina y Canadá entre 60.000 estudiantes de 13 años (los que empiezan la ESO o los estudios equivalentes en otras naciones), y cuyas conclusiones son extrapolables a todo el mundo desarrollado. Sandoval presentó ayer este informe en la XXIX Semana de la Educación de la Fundación Santillana, en la que también participaron el director de Políticas Públicas y Relaciones Institucionales de Google España y Portugal, Francisco Ruiz Antón, y César Molinas, experto de la consultora Multa Paucis.

Son pocos los estudiantes que a los 13 años se quedan en un primer nivel básico de competencias tecnológicas, el 17%. Se trata de los que únicamente saben hacer cosas básicas, como abrir un link, o, por ejemplo, identificar qué otras personas están recibiendo el mismo correo que ellos. Otro 23% se encuentran entre los que van un paso más allá, los que están familiarizados con las herramientas tecnológicas  -saben, por ejemplo, usar los programas de búsqueda con palabras clave o insertar la información que encuentren en una hoja de cálculo- , y un 38% más llegan a un tercer nivel de habilidades en el que saben además encontrar todo lo que quieren, aunque no lo vean mencionado explícitamente. Pero solo alrededor del 2% de los alumnos del mundo desarrollado llegan a saber seleccionar en Internet las informaciones relevantes de las que no lo son. Es decir, son los que demuestran tener pensamiento crítico. El país que tiene más alumnos en el nivel más alto es Corea del Sur (el 5%), seguido de Australia (4%) y la República Checa (3%). España participará en el próximo estudio de este organismo, anuncia Sandoval.

La IEA está integrada por 70 países, cada uno representado por una agencia de evaluación educativa y su objetivo es generar información que ayude a realizar políticas que ayuden a mejorar la calidad de la educación en los países. Estos miembros “han demandado a la asociación más estudios sobre lo que está pasando en el uso de las tecnologías por los estudiantes y si estos están siendo formados para desenvolverse de una manera efectiva en la sociedad del futuro”, explica Sandoval. De ahí este primer estudio presentado ayer sobre la competencia digital de los estudiantes y el contexto, escolar y familiar en el que la adquieren.

“Una cosa es que un niño sepa usar un soporte digital para jugar o meterse en Internet y otra muy distinta que tenga las competencias digitales necesarias para tanto manejarse debidamente como para sacarle partido a todo lo que le ofrece la tecnología”, prosigue este experto.

La radiografía que hace el informe de la situación revela que en el mundo hay, de media, en los colegios un ordenador para cada 18 niños. Pero mientras que en Noruega hay uno para cada dos alumnos, en Turquía hay un ordenador para cada 80 estudiantes. Respecto a la frecuencia en la que usan los ordenadores, el 54% de los niños de 13 años lo hacen en la escuela al menos una vez al mes y el 87% en casa al menos una vez a la semana. De estos, el 75% lo utilizan para meterse en redes sociales y el 52% para mandar mensajes. En la escuela, básicamente lo usan (el 45%) para escribir con un procesador de textos, como el Word, así como para hacer presentaciones con programas como el PowerPoint (44%).

“Uno de los resultados más importantes que hemos visto es precisamente que los profesores utilizan mucho más Word y PowerPoint en la clase que software especializado para la enseñanza de las asignaturas, a pesar de que hay algunos muy buenos disponible en el mercado. Y dicen que no las usan porque no se sienten cómodos haciéndolo”.

La conclusión principal es, según este experto, que “ahora sabemos para qué se están usando los ordenadores y no es para lo que creemos que se tendrían que utilizar si queremos que los estudiantes desarrollen el tipo de competencia que les van a servir en un futuro para desenvolverse adecuadamente en el colegio, el mundo laboral y la sociedad. Es necesario, además, diseñar políticas enfocadas a la capacitación de los maestros para que utilicen más estas herramientas, porque los niños no van a aprender solitos, tenemos que guiarlos”.

 

 

Oficina de Formação – Fontes de Informação sobre a União Europeia, direcionada a alunos do ensino secundário e profissional

Fevereiro 15, 2013 às 8:00 pm | Publicado em Divulgação | Deixe um comentário
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Notícia da DGE

Todos os meses – sessões bimensais

No âmbito do Ano Europeu dos Cidadãos 2013, o Centro de Informação Europeia Jacques Delors e a Fundação Portuguesa das Comunicações | Museu das Comunicações organizam a Oficina de Formação – Fontes de Informação sobre a União Europeia, direcionada a alunos do ensino secundário e profissional.

Principais objetivos da Oficina:

• Proporcionar aos jovens um mapa de referência na Web que lhes permita conhecer, valorizar e utilizar os sítios que reúnem, de forma credível e consolidada, informação relevante sobre a União Europeia que possa contribuir para o aprofundamento do exercício da cidadania europeia;

• Permitir que os destinatários fiquem aptos a pesquisar, consultar, utilizar, partilhar e arquivar, de forma autónoma e esclarecida, informação pertinente sobre a UE nas áreas convergentes com os seus interesses e necessidades e, também, com as exigências da cidadania europeia;

• Capacitar os jovens a usar, de forma fundamentada, adequada e consistente, o universo Internet e a informação por ele proporcionada, quer no seu quotidiano, quer em contexto de aprendizagem, tendo em vista a elaboração de trabalhos escolares, bem como o aprofundamento e/ou aplicação de conhecimentos adquiridos;

• Criar um recurso eletrónico – uma página de Facebook – que os alunos possam utilizar como repositório de informação sobre a União Europeia e espaço de comunicação e partilha de conteúdos trabalhados pela turma / Clube Europeu.

Informações úteis

Duração aproximada: 1h20

Preço: sessão gratuita – Limite de 30 alunos por sessão

Local: Fundação Portuguesa das Comunicações – Rua do Instituto Industrial, 16 Lisboa Inscrições através do preenchimento de formulário.

Fonte: CIEDJ

 

tel: 21 393 5000 | Fax: 21 396 8849 | e-mail: info@fpc.pt

Museu das Comunicações

Tel: 21 393 50 00 | Fax: 21 393 50 06 | e-mail: museu@fpc.pt

 

 

 

 

 


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