Las princesas de Disney incrementan los estereotipos en los niños?

Novembro 13, 2017 às 8:00 pm | Publicado em A criança na comunicação social | Deixe um comentário
Etiquetas: , , , , , , , ,

Notícia do site https://www.psyciencia.com/ de 19 de julho de 2016.

Por David Aparicio

“Let it Go, Let it Go…”

Todos hemos escuchado el popular coro de la película de Disney Frozen, y es que con su personaje, Elsa, Disney retomó la popularidad entre grandes y chicos de todo el mundo. Hoy es la película animada que más dinero recaudó en la historia del cine.

Con tanta euforia entorno a las películas de Disney muchos padres e investigadores han mostrado su preocupación en torno al posible efecto que pueden tener sus personajes (en especial las princesas) sobre la autoestima, imagen corporal y el fomento de estereotipos en los más chicos.

Una investigación entrevistó cerca de 200 niños estadounidenses de casi 5 años de edad y a sus padres, para evaluar si realmente las princesas de Disney tenían un efecto negativo en el aprendizaje y desarrollo de los niños.

En concreto, el estudio evaluó qué juguetes preferían los niños y niñas de la investigación y con cuánta frecuencia veían algún programa o pelìcula de Disney que giraba entorno a una princesa. También se pidió a los padres que completarán un reporte de conducta de sus hijos.

Estereotipos y autoestima

Los resultados mostraron que el 96% de las niñas y el 87% de los niños había visto alguna de las películas o series de Disney. A diferencia de los varones, las niñas eran más propensas a adoptar las narrativas de las películas durante los momentos de juego.

Al comparar los resultados, después de un año de seguimiento, se encontró que la frecuente exposición a los juegos y películas de princesas de Disney, se relacionaba con fuertes conductas estereotipadas de género en las niñas. Aquellas niñas evitaban todas las experiencias que no se consideraban como femeninas, por ejemplo: jugar con otros tipos de juguetes o ensuciarse mientras jugaban, porque esa no era la manera en que las princesas se comportaban. Estas niñas eran más propensas a expresar creencias de que las niñas deben tener diferentes oportunidades y objetivos en la vida.

También se exploró si había relación entre la autoestima de las niñas y el uso de los productos y películas de princesas de Disney, y el estudio no encontró que afectara la autoestima y autoimagen de las niñas. Sin embargo, los investigadores explican que quizás, se podría encontrar efectos en la autoestima con un seguimiento más prolongado (recuerden que este estudio sólo hizo un seguimiento de un año). No obstante, esta es una hipótesis que se debe comprobar.

Otro dato que es importante resaltar es que los padres jugaron un rol importante en el aprendizaje de las conductas estereotipadas. Según los hallazgos, los padres reforzaban la cultura de las princesas de Disney, lo cual podría también tener serias consecuencias a largo plazo en el desarrollo de las niñas. Aquellas que han sido criadas como “princesitas consentidas” son más propensas a darse por vencido ante las situaciones difíciles de la vida, se esfuerzan menos y generalmente se concentran cualidades superficiales, como la belleza.

Un efecto positivo en los varones

Uno de los hallazgos que más interés generó fue que los niños varones que jugaban y veían películas semanales relacionadas con las princesas de Disney tenían mejor autoestima y eran más atentos con los otros. Este hallazgo fue bastante pequeño, pero valdría la pena explorarlo aún más.

No podemos terminar el artículo sin antes aclarar que este estudio es correlacional y por tanto no podemos atribuir ninguna responsabilidad causal a los personajes de Disney. Hay una relación importante que necesita más atención por parte de los investigadores. Para los padres es un llamado de atención, hay que ser cuidadosos con los tipos de crianza que se refuerzan en nuestros hijos. Es bonito ver a una hija vestida de princesa, pero lo más importante debe ser poder enseñarle a desenvolverse en distintos roles, que pueda explorar el mundo, esforzarse y no esperar nada regalado por el simple hecho de ser bonita.

La investigación está disponible en la revista Child Development y fue desarrollada por investigadores del Brigham Young University.

Fuente: Quartz

 

Anúncios

O Homem Promotor da Igualdade Novos Valores da Masculinidade para a Igualdade de Género – 16-17 novembro no ISCTE com a presença de Fernanda Salvaterra do IAC

Novembro 6, 2017 às 1:30 pm | Publicado em Divulgação | Deixe um comentário
Etiquetas: , , , , ,

Participação da Drª Fernanda Salvaterra do Instituto de Apoio à Criança com a comunicação “Direito a ser criança: brincar e crescer em segurança”

mais informações no link:

https://www.facebook.com/events/1979541382328128/?acontext=%7B%22action_history%22%3A%22%5B%7B%5C%22surface%5C%22%3A%5C%22page%5C%22%2C%5C%22mechanism%5C%22%3A%5C%22page_upcoming_events_card%5C%22%2C%5C%22extra_data%5C%22%3A%5B%5D%7D%5D%22%2C%22has_source%22%3Atrue%7D

100 Women: ‘We can’t teach girls of the future with books of the past’

Outubro 26, 2017 às 6:00 am | Publicado em A criança na comunicação social | Deixe um comentário
Etiquetas: , , ,

Texto da http://www.bbc.com/ de 9 de outubro de 2017.

Valeria Perasso

Social Affairs correspondent, WS Languages

In a textbook for students in Tanzania, boys are strong and athletic, while girls just look proud of their pretty frilly dresses.

In a primary school reader in Haiti, pupils learn that mothers “take care of the kids and prepare the food” as fathers work “in an office”.

There’s a Pakistani illustrated book where all politicians, authoritative and powerful, are male.

In Turkey, a cartoon of a boy shows him dreaming of becoming a doctor.

Meanwhile a girl imagines herself as a future bride in white gown.

The list goes on – and knows no geographical boundaries.

Gender bias is rife in primary school learning books and can be found, in a strikingly similar form, on every continent, various experts say.

It is a problem “hidden in plain sight”.

“There are stereotypes of males and females camouflaged in what seems to be well-established roles for each gender,” says sociologist Rae Lesser Blumberg.

Prof Blumberg, from the University of Virginia, has been studying textbooks from around the world for over a decade, and says she has seen women systematically written out, or portrayed in subservient roles.

“Gender bias is a low-profile education issue, not one that makes headlines when millions of children remain unschooled,” she says.

What is 100 Women?

BBC 100 Women names 100 influential and inspirational women around the world every year. In 2017, we’re challenging them to tackle four of the biggest problems facing women today – the glass ceiling, female illiteracy, harassment in public spaces and sexism in sport.

With your help, they’ll be coming up with real-life solutions and we want you to get involved with your ideas. Find us on Facebook, Instagram and Twitter and use #100Women

Although school enrolment has increased dramatically since 2000, Unesco estimates that over 60 million children still never set foot in a classroom – 54% of them are girls.

“These books perpetuate gender imbalance,” says Prof Blumberg. “We cannot educate the children of the future with books from the past.”

A Tunisian primary textbook portrays women cooking and cleaning UNESCO / GEM Report

 

Invisible or stereotyped

Last year, the UN’s education agency Unesco issued a stark warning.

Sexist attitudes are so pervasive that textbooks end up undermining the education of girls and limiting their career and life expectations, Unesco says – and they represent a “hidden obstacle” to achieving gender equality.

Whether measured in lines of text, proportion of named characters, mentions in titles, citations in indexes or other criteria, “surveys show that females are overwhelmingly underrepresented in textbooks and curricula”, says University of Albany’s Aaron Benavot, former director of Unesco’s 2016 Global Education Monitoring (GEM) report.

The problem is threefold, experts say.

The most evident aspect is the use of gender-biased language, as often male words are chosen to mean all of humanity.

Then there’s an issue of invisibility, as women are often absent from the texts, their roles in history and everyday life subsumed by male characters.

“There was one textbook about scientists I particularly remember, and the only woman in it was Marie Curie,” says Prof Blumberg.

“But was she shown discovering radium? No, she was timidly peeking over her husband’s shoulder as he spoke to somebody else, a man who looked elegant and distinguished.”

Thirdly, there are traditional stereotypes in use about the jobs that men and women perform, both in the household and outside, as well as cliched social expectations and traits assigned to each gender.

An Italian textbook provides a striking example in a chapter that teaches vocabulary for different occupations, with 10 different options for men, from fireman to dentist, and none for women.

Meanwhile, women are often portrayed in domestic tasks, from cooking and washing to caring for the children and elderly.

“The concern is also that women are portrayed as passive, submissive, fulfilling these gender stereotypical roles,” says education specialist Catherine Jere, a lecturer at the University of East Anglia who was also involved in the GEM report.

continuar a ler o texto no link:

http://www.bbc.com/news/world-41421406

 

 

 

 

Meninos e meninas: quando se agitam as águas há sempre quem não goste

Setembro 22, 2017 às 8:00 pm | Publicado em A criança na comunicação social | Deixe um comentário
Etiquetas: , , ,

Artigo de opinião de Paula Cosme Pinto publicado no http://expresso.sapo.pt/ de 1 de setembro de 2017.

Em plena época de rentrées, não posso deixar de falar sobre o tão badalado caso dos livros de atividades para meninas e meninos – perdoem-me, eles são rapazes, que nisto da virilidade não há meninos. A indignação e desinformação contínua em torno disto faz-me concluir algo que, para quem se debruça nestas questões, não é novo: é impossível agitar as águas sem que quem lá está dentro, confortável, não se queixe da agitação e questione porque raio não as deixamos ficar paradas, já que aparentemente estão tranquilas. Esquecendo-se, como é óbvio, daqueles que têm de fazer esforços extras todos os dias para se movimentarem no lodo provocado por tal estagnação e comodismo.

Antes de qualquer outra coisa, julgo ser importante pararmos para pensar no sentido das palavras. Fazer uma recomendação – tal como indica o dicionário – é o ato de recomendar, aconselhar, advertir. Que eu saiba, isto não é igual ao significado da palavra ‘acusar’ ou da expressão ‘fazer queixa’ (algo que a Comissão para a Cidadania e Igualdade de Género já fez a quem de direito em tantas situações, como por exemplo, no caso do taxista que dizia que “as meninas virgens são para ser violadas”, ou quando uma adolescente foi alvo de abusos de cariz sexual num autocarro) . Independentemente de ser um organismo público a fazê-la ou não, quem recebe uma recomendação tem, portanto, livre arbítrio para tomar uma decisão. Esse livre arbítrio faz parte do exercício da liberdade. Quem concorda com uma recomendação, fá-lo voluntária e conscientemente. Foi o caso.

Se o “Mein Kampf” pode estar à venda, tudo pode estar à venda?

Muito se têm atirado pedras ao charco com comparações vazias de sentido, como a do “Mein Kampf” (repetida até à exaustão). Se este título pode estar à venda, quem somos nós para questionar se um livro de exercícios para crianças, vendido em pleno mercado livre, tem um conteúdo desajustado em matérias de igualdade? A diferença parece-me clara: que eu saiba, o “Mein Kampf” não está à venda em secções de crianças, nem é propriamente vendido com o intuito de chegar a menores, muitos menos para estímulo intelectual e cognitivo de miúdos idades entre os 4 e os 6 anos. É uma comparação ridícula, mas que enche o olho e que faz muita gente agitar os braços no ar e dizer “estás a ver?”, sem se darem ao trabalho de pensar pela própria cabeça. Escusado será dizer que cabe a cada adulto que compra tal título ter consciência sobre o que vai ler. No caso das crianças, não podemos esperar o mesmo.

Há atenção acrescida que é necessária quando produzimos, editamos e vendemos livros a menores que estão em plena formação de personalidade. E uma coisa são roupas ou brinquedos (um dia lá chegaremos, é outro campeonato que, como se pode ver por esta discussão, vai demorar até ser entendido) outra são livros de exercícios para crianças no geral. Lamento, mas é um péssimo ponto de partida fazer diferenciação de género em produtos cujo intuito máximo é o estímulo intelectual de crianças. Uma forma de os encaminhar e incentivar, desde tenra idade, para diferenciações no que é adequado a meninos e meninas.

No que toca aos estereótipos, acrescem não só as cores escolhidas (isso até me parece o menos nesta fase do campeonato), mas também os universos ilustrativos dedicados a cada um dos públicos, feminino e masculino. Justificar isto dizendo que os livros foram feitos por equipas diferentes, é pobre. Para alguma coisa serve a revisão final, já para não falar do restante processo de produção de um livro onde várias cabeças estão sempre envolvidas. Parece-me, contudo, importante reforçar que não se sugeriu que determinada editora estivesse a fazer conteúdos propositadamente preconceituosos. É óbvio que, muito provavelmente, nenhum dos profissionais em causa fez opções sexistas deliberadamente. Não foi isso que alguma vez esteve em causa. Mas o resultado final falhou, tal como tantas vezes falham até mesmo os pais e educadores mais conscientes, e que que fazem todos os esforços para não resvalar em exemplos sexistas no dia-a-dia. Os papéis dos homens e das mulheres estão totalmente enraizados no nosso inconsciente coletivo e demorará anos, muitos anos, até que a realidade seja outra. Ainda faz parte, isto de se resvalar para o preconceito, mas não quer dizer que seja correto, por mais generalizada que a mensagem esteja.

É ingénuo acreditarmos que a maioria do pais sabe dar o exemplo

Agora uma coisa é certa: é preciso começar a agitar as águas para que a mudança aconteça. E a mudança vai sempre incomodar alguém. Claro que em termos de marketing o azul e o cor-de-rosa continuam a vender mais. Mas, a meu ver, por mais que o intuito de qualquer empresa seja vender o mais possível, a responsabilidade social não pode ser chutada para canto, quer estejamos nós numa pública, quer numa privada. A mim parece-me razoável que uma editora que dedica boa parte do seu trabalho a este público deva ter alguma consciência acrescida para este tipo de questões, tão essenciais na hora de passar conteúdos de aprendizagem a crianças, mesmo que estes não sejam manuais escolares oficiais (isso seria uma discussão de outras dimensões, com outras partes envolvidas).

Sim, os livros venderam muito. Qual é a surpresa? Por mais que a sua função seja educar, é ingénuo acreditarmos que a maioria dos pais, lá porque são adultos, faz a triagem ou dá o exemplo nas questões da igualdade. Por alguma razão ainda precisamos de ter um organismo público que ajude a zelar pela igualdade num país supostamente civilizado como é o nosso (para quem não sabe, essa é função da CIG). Não podemos esperar que sejam exclusivamente os pais ou os professores a promover a mudança. Todos nós, enquanto cidadãos de uma sociedade que se diz par, devemos estar envolvidos neste processo.

Questionar esta atuação da CIG é um sinal de que a apatia geral, afinal, até pode ser quebrada, mesmo que sejam as redes sociais o motor de arranque. Mas se queremos questionar, então eu diria que nada melhor do que começarmos por tirar conclusões pela nossa própria cabeça, por mais que seja mais fácil partilhar os discursos de estrelas da TV e demais opinadores generalistas. Um bom ponto de partida para uma reflexão séria e individual? Ler o relatório com o parecer técnico da CIG sobre estes livros (se clicarem aqui encontram-no). São poucas páginas, e explicam muito bem, percorrendo todo o livro, o porquê da tal recomendação.

Claro que há muitos outros casos que podiam e que deviam ser igualmente questionados, mas há que começar por algum lado. Acredito que depois deste, a atenção para aquilo que muitos dizem ser apenas subtilezas da desigualdade possa ser maior. Quanto ao desfecho, eis um belo exemplo de como uma empresa privada pode ter a nobreza de assumir um erro, suspender voluntariamente vendas -mesmo que isso ponha lucros em causa -, e colaborar com o Estado no bem maior que é a importância de se combater estereótipos e preconceitos obsoletos. Por mais que isto custe às águas paradas, as correntes estão a mudar. Ainda bem.

 

 

“Não é de menor importância o tipo de imagens que transmitimos às nossas crianças”

Agosto 30, 2017 às 12:00 pm | Publicado em Vídeos | Deixe um comentário
Etiquetas: , , , , , , ,

Entrevista da http://sicnoticias.sapo.pt/ a Teresa Fragoso no dia 24 de agosto de 2017.

Visualizar o vídeo da entrevista no link:

http://sicnoticias.sapo.pt/pais/2017-08-24-Nao-e-de-menor-importancia-o-tipo-de-imagens-que-transmitimos-as-nossas-criancas-1

As vendas de dois blocos de atividades para rapazes e raparigas, dos 4 aos 6 anos, lançados pela Porto Editora, foram suspensas após recomendação do Governo. A presidente da Comissão para a Cidadania e Igualdade do Género, Teresa Fragoso, explicou, na Edição da Noite, as razões que levaram à recomendação para que a venda fosse suspensa.

 

Sabe de que forma os brinquedos do seu filho influenciam o seu futuro?

Agosto 28, 2017 às 6:00 am | Publicado em Vídeos | Deixe um comentário
Etiquetas: , , ,

Notícia do https://ionline.sapo.pt/ de 16 de agosto de 2017.

Shutterstock

Até a forma como brincamos com a criança assenta em estereótipos.

As meninas costumam brincar com peluches cor-de-rosa e os meninos com carrinhos. Poderão estes hábitos ter impacto no futuro? Estudos dizem que sim: os bebés que brincam com brinquedos que ajudama  desenvolver para uma maior sensação espacial ou que estimulam a confiança física – como carros, robôs, pequenos puzzles, etc – costumam dominar profissões onde estas características são imprescendíveis. Características essas que estão mais associadas ao sexo masculino do que feminino.

Assim, este tipo de empregos costuma ter muito mais homens do que mulheres. Mas será que os pais ou os educadores têm influência nesta situação?

A BBC fez um teste e colocou um bebé do sexo masculino com roupas de menina e vice-versa. Edward passou a ser Sophie e Marnie ‘transformou-se’ em Oliver. Os adultos que interagiram com eles posteriormente não sabiam os seus verdadeiros nomes de julgaram que Sophie era,d e facto, uma menina, e Oliver um menino.

Na experiência é possível ver que os educadores oferecem a Oliver brinquedos como robots, peças para montar, e dão –lhe ainda um triciclo e um pequeno pónei para montar. Já Sophie temd e interagir com fantoches e peluches, brinquedos que não estimulam tanto o desenvolvimento cerebral.

Quando se aperceberam da mudança de roupas e de nome, entenderam que a forma como brincam com as crianças baseia-se também em estereótipos e pode ter uma grande influência no seu desenvolvimento.

 

 

Système U – Gender Free Christmas – vídeo

Julho 27, 2016 às 12:00 pm | Publicado em Vídeos | Deixe um comentário
Etiquetas: , , , , , ,

Pesquisa revela efeitos causados pelas princesas da Disney nas crianças

Julho 16, 2016 às 1:00 pm | Publicado em Estudos sobre a Criança | Deixe um comentário
Etiquetas: , , , , , , , , , , ,

Noticia do site http://www.diariodepernambuco.com.br de 27 de junho de 2016.

O estudo citado na notícia é o seguinte:

Pretty as a Princess: Longitudinal Effects of Engagement With Disney Princesses on Gender Stereotypes, Body Esteem, and Prosocial Behavior in Children

mais informações na notícia da Brigham Young University:

Disney Princesses: Not Brave Enough

Disney

Estudo foi aplicado em crianças de 3 a 4 anos durante um ano

Por: Viver/Diario – Diario de Pernambuco

Uma pesquisa com crianças em idade pré-escolar estuda como a exposição das princesas da Disney podem afetar o comportamento de meninos e meninas. A iniciativa é da professora Sarah Coyne, da Universidade Brigham Young, em Utah, nos Estados Unidos, que aplicou o estudo em 198 crianças de 3 a 4 anos durante um ano.

Os dados determinaram como cada gênero interagia com a cultura popular das princesas Disney – filmes e brinquedos – e qual a consequência dessa aproximação no comportamento deles.

De acordo com a pesquisa, a professora descobriu que 96% das meninas e 87% dos meninos consumiam algum produto das princesas. Do total, apenas 4% dos garotos brincavam com objetos inspirados nas personagens uma vez por semana, comparado a 61% de meninas.

A partir dos dados, Coyne constatou que as meninas com mais proximidade ao universo das princesas apresentavam maior desenvoltura em trocar roupinha e maquiar bonecas. Ela explicou que meninas e mulheres que se identificam como “princesas” tendem a se importar mais com a aparência e buscar uma beleza ideal inatingível, o que pode levar à infelicidade no futuro.

Por outro lado, o comportamento dos meninos não apresentou grandes disparidades. A maior exposição aos produtos das princesas não fez com que eles trocassem coisas “femininas” por armas de brinquedo. Porém, os garotos que assistiam a Frozen e Cinderela eram mais propensos a ajudar na escola ou dividir brinquedos.

 

E se só revelar o sexo do seu filho aos 5 anos?

Abril 7, 2016 às 10:00 am | Publicado em A criança na comunicação social | Deixe um comentário
Etiquetas: , , , , , ,

Reportagem do Público de 3 de abril de 2016.

publico

 

 

FRANCISCA GORJÃO HENRIQUES

Há pais obcecados em não condicionar a orientação sexual dos filhos. Queremos educar as crianças numa cultura de diversidade e respeito pela diferença. Mas o caminho do politicamente correcto traz tantos admiradores como críticos.

Os pais sentem-se culpados por castigar os filhos. Dar panelinhas e bebés chorões a raparigas e carros a rapazes é perpetuar estereótipos. As novas Barbies vêm com cintura larga e perna gorda, os legos em cadeira de rodas. Não se atira o pau ao gato, nem se fala no “preto da Guiné”. O poema Abecedário sem juízo, de Luísa Ducla Soares, suscita queixas. O discurso quer-se cada vez mais limpo de qualquer traço de discriminação, seja de que tipo for. Mas estamos mesmo a criar crianças mais tolerantes?

Comecemos pela Barbie: talvez não haja muitos bonecos tão duramente criticados como ela. Face a uma queda nas vendas, e ao sucesso de várias marcas que usam modelos mais próximos das proporções físicas reais, a Mattel lançou uma renovação sem precedentes nos 57 anos de história da boneca mais famosa do mundo: agora, a Barbie também pode ser alta, baixa ou com curvas, tem sete tons de pele, 22 cores de olhos e 24 penteados. A diversidade chegou à Mattel.

Há quem diga que o problema não está sequer (ou principalmente) nas formas do corpo, mas no conceito da própria boneca. “Barbie, como marca, continua a enfatizar a beleza”, escreveu noWashington Post Rebecca Hains, professora no Centro de Estudos da Infância e Juventude da Salem State University. “Apesar de algumas Barbies terem profissões, a história e a atracção da boneca anda à volta da moda, beleza e aparência física, em detrimento de outros potenciais interesses ou paixões. Ao introduzir três novos tipos de corpo e diferentes características raciais, a Barbie reforça a mensagem de que, independentemente das formas ou cor da rapariga, a sua aparência deve ser a montra da sua identidade – uma ideia retrógrada que não é passada de forma igual para os rapazes e que muitos pais tentam desesperadamente ajudar as filhas a ultrapassar.”

Mas, no mesmo jornal, Maria Guido, autora do blogue Guerrilla Mom, defende precisamente o oposto. Diz que, quando era criança, a sua Barbie era proprietária de um cabeleireiro e, quando o tempo permitia as brincadeiras na rua, tornava-se fotógrafa freelance da National Geographic. Já a Elsa – a nova heroína da Disney (e personagem do filme Frozen) que destronou 11 anos de liderança Barbie no sector das bonecas – vem com “uma história detalhada num filme de duas horas. Não pode ser dona de um cabeleireiro nem tirar fotografias na selva Amazónica. Nem sequer pode usar calças de ganga. Ela é uma rainha das neves que vive na solidão do seu castelo de gelo”. Uma história criada por adultos, que não estimula a criatividade das crianças, sobre uma figura que está muito longe da mulher emancipada que a Barbie pode incarnar.

Maria Guido chama ainda a atenção para o facto de ninguém exigir que o Ken seja menos musculado. Para ela, tanto faz: ele era apenas o namorado da Barbie, e nem ele estava autorizado a conduzir o seu carro roxo. “Era sempre ela que guiava e escolhia o destino. Uma vez que o Ken não era o ‘príncipe’ nem o ‘cavaleiro de branco’, a minha Barbie podia ser um reflexo da minha individualidade e independência.”

Muito diferente é o papel de bonecos onde as limitações físicas (ou deficiências, na terminologia mais politicamente incorrecta) estão representadas. Quase ao mesmo tempo que saía a Barbie de formas mais “humanizadas”, a Lego punha no mercado um boneco numa cadeira de rodas (e nem sequer representava um idoso). A Toy Like Me, por exemplo, tem bonecos com aparelhos auditivos, óculos de invisuais, com pernas amputadas… Pretende que os 150 milhões de crianças que, em todo o mundo, têm algum tipo de limitação possam sentir-se acompanhadas.

marco

José Guimarães, director de pediatria do Hospital São Francisco Xavier, vê-os com bons olhos. “É uma política bastante inclusiva. Essas crianças sentem-se de facto muito diferentes”, afirma. É provável que, se estiverem numa cadeira de rodas, se não conseguirem ver ou tiverem um implante da cóclea para conseguirem ouvir, “se sintam diminuídas do ponto de vista social. Acho que é uma excelente ideia tornar isso mais normal e vulgar através de brinquedos, de filmes e novelas, porque vêem a sua situação um bocadinho normalizada na sociedade”. Para as outras, sem nenhum desses problemas, torna-se uma forma de integrar a diferença.

O pediatra do neurodesenvolvimento José Boavida também considera que as crianças devem ser educadas numa “cultura de diversidade a todos os níveis, [incluindo] diversidade física… Esta cultura de uniformizar fisicamente tudo, incluindo os brinquedos, hoje em dia não faz grande sentido”. Mas também vê riscos de se “cair no exagero e tudo o que é fisicamente perfeito não presta, e tudo é normal. Aliás, o normal não existe. É uma linha. Quanto mais se afasta da média, maior a probabilidade de não ser [considerado] normal. Mas os limites são cada vez mais frustes”.

De qualquer forma, dar a uma criança sem qualquer problema uma boneca com uma das pernas amputadas, por exemplo, pode ser positivo, mas está muito longe de resolver tudo. “Lido com crianças que têm muitas limitações – sejam intelectuais, físicas, motoras. De vez em quando, há pais muito preocupados porque são colocadas nas salas dos filhos crianças com deficiências. É cada vez menos uma realidade, mas ainda existe uma ideia de que há certas coisas que são como o sarampo, que se pegam. Pelo contrário, a convivência de crianças sem problemas com crianças com problemas ajuda-os muito mais a compreender o mundo em que vivemos do que seleccionando e agrupando.”

O neuropediatra José Paulo Monteiro também não duvida de que não adianta dar uma boneca com uma prótese ou uma cicatriz na cara a uma criança sem limitações: “Está o adulto a encontrar uma solução que parece politicamente correcta, mas não sabemos se estamos a chegar ao sítio certo. A criança aceitar uma criança diferente é mais fácil do que pensamos. Às vezes, é mais difícil para um adulto.” A experiência diz-lhe que as crianças integram facilmente a diferença “sobretudo se for introduzida cedo na sua vida, por volta dos três, quatro anos. Consegue aceitar e conviver, ter uma atitude protectora e maternal.”

O que é o politicamente correcto?

Mesmo que as prateleiras dos hipermercados estejam ainda cheias de brinquedos tradicionais, daqueles acusados de perpetuar os estereótipos, tornou-se muito fácil encontrar alternativas. A diversidade teve um grande impulso com a Internet.

Para a socióloga Ana Nunes de Almeida, do Instituto de Ciências Sociais, “não habituar as crianças a um unanimismo de modelos – de beleza, de função, os modos de brincar, guardar – é muito benéfico”, afirma. Mas, mais do que os brinquedos, “é importantíssimo o ambiente. Pode ter a Barbie muçulmana, a Barbie chinesa, a Barbie negra, a Barbie gorda, a Barbie envelhecida ou obesa… mas, se em casa tiver uma mãe que faz dietas exageradas para manter uma cintura de vespa, vive para o corpo, está sempre a censurar a criança porque ela tem o cabelo despenteado ou não se arranja bem, ou se desconfia do amigo negro que a criança traz lá a casa, tem aqui uma mensagem contraditória com a dos brinquedos”. E será essa mensagem, a que é dada pelo exemplo do adulto, que ela vai assimilar.

Em todo o caso, “educar para a diversidade é um caminho muito mais interessante do que coibir as crianças, ou limitá-las a uma ideia única do que elas devem ser como crianças ou como adultos”, continua a socióloga. “Nas sociedades onde vivemos, é difícil ser de outra maneira. As crianças são socializadas em contextos diferentes, diversificados: a família, escola, amigos, famílias dos amigos, a televisão, os media põem-nas em contacto com uma grande diversidade de valores que às vezes nem são complementares, são antagónicos. Quanto mais cedo as crianças se habituarem a lidar com essa diversidade, melhor. Outra coisa é saber se elas são mais tolerantes. Mas, sem a experiência da diversidade, certamente a tolerância é mais difícil de ensinar.”

“Educar para a diversidade é um caminho muito mais interessante do que coibir as crianças, ou limitá-las a uma ideia única do que elas devem ser como crianças ou como adultos”

Ana Nunes de Almeida, socióloga

1

É bom não juntar no mesmo saco o politicamente correcto e a defesa da diversidade, alerta. “Muitas vezes, o politicamente correcto é uma ditadura. É um discurso dominante sobre as coisas, favorece uma certa ordem estabelecida – moral, ética, política. Os conteúdos podem variar imenso consoante os meios sociais, as idades das pessoas – é uma noção muito fluida, muito escorregadia. É um discurso autoritário e muito adultocêntrico” que “fecha o caminho à diversidade”.

O que é, então, o “politicamente correcto?”, perguntámos ao antropólogo Miguel Vale de Almeida, do Instituto Superior de Ciências do Trabalho e da Empresa (ISCTE). A expressão foi massificada por volta dos anos 1970, 80, “como uma proposta positiva de académicos, educadores, pessoas ligadas a diferentes movimentos sociais (como os direitos dos negros, das mulheres, dos homossexuais…), preocupados com a aplicação de uma teoria consagrada nas ciências da linguagem” e que defendia que “as palavras têm efeitos na realidade: reproduzem ideologias, valores”. Pretendia combater os hábitos de linguagem e escrita que “reproduziam hierarquias e desigualdades e que podiam ser perfeitamente mudados com alternativas”; e, por outro lado, “abrir [a linguagem] a variações, nomeadamente de género, de inclusão racial…”

Por exemplo, o masculino não deve ser utilizado para designar o neutro quando falamos de género (e por isso tantos políticos se dirigem aos portugueses e portuguesas) – “isso significa um cuidado com a inclusão”. Ou “não usar certas metáforas que têm uma história ligada ao racismo…, expressões como ‘cigano’ para querer dizer ladrão, ou ‘trabalhar como um negro’”.

Depois, nos anos 90, veio o movimento de reacção. E foi este que se instalou. “Começou a ser, por um lado, alvo de humor, o que é óptimo, e por outro, [surgiram] acusações a pessoas mais fanáticas da aplicação de certas formas de correcção política. Isso é que se espalhou muito para a opinião pública”, afirma o antropólogo. Actualmente, a expressão é usada para se referir a uma “boa educação excessiva, preocupação em não ferir os outros, e até mesmo à hipocrisia de dourar a pílula quando a realidade é mais crua do que isso. Até se acusa o politicamente correcto de ser uma censura”.

Para Miguel Vale de Almeida, esta reacção contra o politicamente correcto existe porque “as pessoas se sentem incomodadas com a necessidade de mudar o seu ponto de vista. ‘Deixa-me continuar a pensar como sempre pensei.’ Isso vem da parte de quem está numa posição em que não se sente tocado pelos hábitos de linguagem.” Voltar agora atrás será difícil. “Do ponto de vista linguístico, já ninguém muda isto.”

O que há a fazer é uma pedagogia sem autoritarismos (“embora as minorias e as pessoas mais excluídas não tenham grande poder para ser autoritárias”). “Faço-a muito com os meus alunos, porque a Antropologia está muito ligada a isto. Quando ponho negros, mulheres, ou gays mais fragilizados a discutir um bocadinho a questão, já não acham que seja uma hipocrisia: ‘Vem ver a minha experiência, ver como é’.”

O antropólogo afirma que se preocupa “muito mais com as velhas desigualdades e ofensas que sobrevivem, que estão muito expandidas, do que com estas pequenas resistências, que não têm o mesmo peso”. Mas, ainda assim, este é “um debate interessante, porque no meio dele vem ao de cima uma insensibilidade baseada na falta de experiência, na ignorância da média das pessoas, que têm a sensação de que não há problema nenhum”.

Corredor azul, corredor rosa

Entrámos num hipermercado na zona da grande Lisboa. O corredor dos brinquedos não está assinalado como “zona de meninos” e “zona de meninas”, mas nem precisa. De um lado, um banho de azul, do outro, um banho de cor-de-rosa. De um lado está o castelo medieval da Playmobil, os super-homens e os Transformers. Do outro, os bebés-chorões, os tachinhos, oskits de cabeleireiro. Há uma Nerf (metralhadora que dispara balas de esponja) roxa, a Nerf Rebelle – se uma rapariga a usa, só pode ser rebelde; as dos rapazes têm nomes como Elite Sharpfire, Strongman ou Firestrike. A máquina de gelados está ao lado dos estojos de maquilhagem. No final do corredor rosa há duas prateleiras dos chamados “jogos unissexo”: Dá cá um bigode, Cluedo, Ciência Explosiva, Corpo Humano…

A socióloga Elizabeth V. Sweet, da Universidade da Califórnia (Davis), tem vindo a estudar a relação entre brinquedos e questões de género. Com base numa análise a sete mil catálogos de publicidade a brinquedos, conclui que, em 1905, o género desempenhava um papel insignificante; mas que, em 1925 e 1945, cerca de metade dos anúncios tinha essa componente e muitos reflectiam os estereótipos de género. Na década de 70, esses estereótipos foram desafiados por brinquedos mais neutros, mas no final do século XX os níveis voltaram aos de meados do século e emergiram novos mecanismos de marcação do género. Hoje em dia, diz, eles estão mais presentes do que alguma vez estiveram.

Sweet fala no “fosso do corredor azul e rosa” – no dos rapazes há “acção, agressão e excitação”, no das raparigas “ideais de beleza, prestação de cuidados, domesticidade”. O que acontece à menina de seis anos que quer uns binóculos ou um microscópio? Terá de ir a uma zona onde se lê “brinquedos de rapaz” e ficar a saber que não se espera que brinque com aquilo. “O que é que estes corredores dizem a uma rapariga sobre quais devem ser os seus interesses? Ter de ir ao corredor azul procurar um brinquedo semeia uma dúvida”, disse Sweet numa TEDxTalk no ano passado. “Todos os miúdos têm de negar ou abandonar uma parte de si próprios para encaixarem nestas caixas azuis e rosas. Os que recusam pagam um preço elevado”, adiantou. “Milhares de crianças são atormentadas e até agredidas por isso.”

marco

Segundo a socióloga, a investigação revela que “os estereótipos estão na origem dos preconceitos dos adultos” e têm um impacto na forma como se desempenham os papéis. O facto de os estojos de química estarem no corredor azul pode “ajudar a explicar a inferior representação feminina na investigação científica”. O mesmo acontece com os rapazes em relação às profissões relacionadas com a prestação de cuidados. Retirar essa carga de género aos brinquedos permitirá às crianças explorar mais livremente os seus vários interesses.

Tem havido algumas tentativas de acabar com a separação. O facto de a demarcação de género não ser tão acentuada na década de 1970 prova que talvez seja preciso andar para trás. “Aconteceu numa altura em que a sociedade debatia a igualdade de género e como a conquistar… Agora, debatem-se os interesses das empresas… Temos de voltar aos debates antigos.” Mais radical foi um casal inglês que até o seu filho fazer cinco anos não revelou a ninguém o sexo da criança. Beck Laxton e Kieran Cooper queriam que Sasha não fosse influenciado pelos preconceitos sociais. Não tinha brinquedos que não fossem “livres de género”, alternava as calças com as saias – e assim foi até a criança entrar na primária.

José Guimarães, do Hospital São Francisco Xavier, comenta: “A minha preocupação seria com os pais. Toda a vida houve várias orientações do ponto de vista do género, mas 90% da população tem a sua definida. Temos de encarar com naturalidade: se nasceu um menino, até prova em contrário é um menino. Seria muito confuso para uma criança tratá-la sem esse tipo de diferenciação.” Isto é muito diferente de não respeitar as tendências de uma criança para um tipo de brincadeira mais conectada com o sexo oposto. “Uma rapariga que se sente muito mais atraída para andar a brincar com os carrinhos, que gosta de andar a correr e saltar e a subir às árvores e em lutas com os amigos, não temos nada que intervir. Tal como com o rapaz que se sente bem a brincar com as raparigas, porque acha que os outros [rapazes] são intempestivos e desassossegados e andam sempre em lutas. Forçar é que não tem justificação.”

“Uma rapariga que se sente muito mais atraída para andar a brincar com os carrinhos não temos nada que intervir. Tal como com o rapaz que se sente bem a brincar com as raparigas (…) Forçar é que não tem justificação”

José Guimarães, pediatra

2

José Boavida afirma que “a criança está geneticamente programada para explorar o ambiente” e é assim que se desenvolve. Idealmente, fará isso sem condicionamentos em termos de brinquedos, jogos, ou mesmo roupas. “Mas há uma coisa espontânea. Há uma tendência para um determinado tipo [de brinquedos].” As bonecas para elas, as espadas e pistolas para eles. E por falar em armas, devemos evitar brinquedos que traduzam violência? “Não sei se é dessa forma que se vai evitar mais tarde que haja tendências para a agressividade. Não tenho a certeza disso. O que se sabe é que a criança, se não lhe dão a pistola, pega num pau com o formato de uma pistola e anda aos tiros.”

José Guimarães fala também do que distingue ambos os sexos: “As raparigas, de uma forma geral, têm um comportamento mais concentrado, mais tranquilo e menos físico, e os rapazes a partir de certa altura têm necessidade de correr, de dispêndio de energia – mas há raparigas que são também muito físicas, isso é normal e não devemos combater nem controlar.”

Menus mais neutros

Em Março, Fernanda Câncio escreveu no Diário de Notícias que a McDonald’s designava os seus menus infantis – os Happy Meals – como “de rapaz” e “de rapariga”; “ao balcão, se não houver pedido em contrário, os empregados entregam as refeições infantis com o brinquedo de acordo com o sexo das crianças”, como o My Little Pony para as meninas e os Transformers para os rapazes, escreveu a jornalista. Isto para além de um questionário diferenciado em que, para a primeira pergunta, “qual o teu maior talento?”, “as opções de resposta para elas são ‘rapidez’, ‘liderança’, ‘criatividade’ e ‘culinária’. No questionário dos rapazes, as duas primeiras opções mantinham-se, mas as duas últimas passavam a ‘trabalho de equipa’ e ‘força’”. A cadeia de fast-food mudou entretanto as suas práticas – agora os empregados têm de perguntar que brinquedo a criança quer em vez de os entregar de acordo com o género.

O assunto levou a secretária de Estado para a Cidadania e a Igualdade, Catarina Marcelino, a afirmar: “Não há brinquedos de menino e de menina. A prática de dividir brinquedos por sexo é uma atitude discriminatória que reforça os estereótipos de género.” E fez João Miguel Tavares escrever uma crónica no PÚBLICO intitulada “O Happy Meal é sexista?”. “O mundo ocidental está a ser tomado por uma fúria normativa que começa a meter medo”, escreveu.

Agora, por telefone, manifesta-se contra esta “projecção das preocupações dos adultos nas crianças. Há uma espécie de vício das causas fracturantes. Durante muitos anos lutou-se por coisas que valem a pena [como a igualdade para as mulheres, direitos dos homossexuais, aborto, etc.]. Depois, chegou-se a um ponto em que já conquistámos o fundamental, mas estamos viciados naquilo. Tornamo-nos burocratas das causas fracturantes”.

lobo

Aceita que a solução encontrada pela McDonald’s é melhor do que a prática anterior. “O problema é que aquilo seja um problema. Tem subjacente a ideia de que a sociabilização e a cultura é totalmente responsável por aquilo que somos, como se não houvesse nenhuma predisposição biológica… É uma visão pouco enriquecedora.”

O jornalista, pai de quatro filhos e autor do blogue Pais de Quatro, considera que “os adultos têm dificuldade em entender o mundo das crianças” e “projectam os seus medos” nelas. O resultado é “uma Disneyficação do mundo”, uma “infantilização da sociedade”, em que “o lobo mau não é comido pelos porquinhos [como na história original] mas foge com o rabo a arder. Mas comer o lobo mau é acabar com o mal” e ter a certeza de que a ameaça não fica a espreitar ao virar da esquina, explica. Não traumatiza as crianças, pelo contrário, dá-lhes segurança.

Onde a coisa não avança

Para Miguel Vale de Almeida, as crianças portuguesas estão ainda longe de viver num ambiente politicamente correcto. “Sobretudo em algumas áreas do ensino, a coisa não avança.” As “grandes narrativas”, como a narrativa histórica, continuam muito longe do que seria politicamente correcto. “Substituímos o discurso do Estado Novo sobre o colonialismo como uma coisa excepcional, diferente dos outros [colonialismos], por uma ideia universalista, humanista, de contacto de culturas, que sendo melhor não fez o trabalho crítico de falar [aprofundadamente] do nosso papel na escravatura, do trabalho forçado, da guerra colonial.”

É verdade que “nas pequenas coisas simbólicas”, como o tipo de personagens que aparecem nos manuais escolares, “a coisa melhorou um bocadinho, por exemplo ao nível da representação racial nos desenhos”, adianta Vale de Almeida. (Recentemente, surgiram várias queixas sobre conteúdos racistas nos manuais escolares, como por exemplo num exercício do Livro de Fichas Alfa – Português – 2.º Ano, da Porto Editora (2015): “Lê as seguintes lengalengas. Coloca os Acentos nas palavras onde faltam/ Truz Truz/Quem é?/É o preto da Guiné…/ O que traz?/ Café.” Noutro livro da Porto Editora, foi a letra da canção A Lenda de El Rei Dom Sebastião, de José Cid e do Quarteto 1111, a visada: “Ciganos vindos de longe/Falcatos desconhecidos/ Tentando iludir o povo/ Afirmaram serem eles/ El Rei D. Sebastião/E que voltava de novo”).

Mas “há uma área onde não mexeu nada mesmo: a área do género”. Os papéis desempenhados pelo pai ou pela mãe, as profissões atribuídas aos homens ou às mulheres, continuam a ser distinguidos como antes. “E há muito pouca coisa sobre diversidade familiar, mesmo a que tenha a ver com os miúdos que só vivem com um dos pais, porque eles são divorciados, para já não falar de famílias de casais do mesmo sexo. Está muito, muito, muito atrasado e há um tabu muito grande.”

Salsichas e buracos

Janeiro do ano passado, a Oxford University Press saltou para as notícias por querer impedir qualquer referência a porcos ou salsichas nos seus livros infantis, de forma a não ofender judeus e muçulmanos. “No Reino Unido, tomamos como garantido que não vão ser incluídas referências a sexo, violência ou álcool nos nossos manuais; fazê-lo seria inapropriado e ofensivo para muitos. Para termos um impacto em todo o mundo, há outras sensibilidades que, apesar de não serem necessariamente evidentes para nós, são extremamente importantes para outras pessoas”, escreveu Jane Harley, da editora, no Guardian.

O politicamente correcto passa por neutralizar na terminologia os sinais que nos diferenciam – “não se diz buraco, diz-se orifício”, brinca o pediatra José Boavida. Passa pelo que pode causar desconforto, medo, sentimentos de inferioridade.  Muita gente considera que se está a ir longe demais nestas cautelas. Segundo uma sondagem feita pela empresa de sondagens Rasmussen no ano passado, 71% dos americanos acham que “o politicamente correcto é um problema na América actual”, bem acima dos 58% de quatro anos antes.

Nos Estados Unidos, instalou-se o debate sobre o facto de haver humoristas que se recusam a ir a universidades fazer performances e acusam o politicamente correcto de estar a matar o humor (Jerry Seinfeld, Chris Rock, ou John Cleese). No Verão, estudantes da Universidade de Columbia, em Nova Iorque, quiseram que fosse colocada na capa de alguns clássicos da literatura uma advertência sobre o “perigo” para o “bem-estar mental” que representam os seus conteúdos, potencialmente causadores de sofrimento, trauma ou angústia.

“A criança tem de perceber que para ter uma coisa, um bem ou até uma pessoa para amar, precisa de prescindir do imediato. O adiamento da satisfação, do prazer, é fundamental na sua aculturação”

Pedro Cabral, neurologista pediátrico

4

José Boavida fala da importância do medo. “Estamos a diminuir as capacidades adaptativas das crianças a situações menos agradáveis”, afirma. É certo que é preciso evitar a todo o custo o chamado “stress tóxico” – a “exposição em idade precoce a maus tratos, durante os primeiros dois, três anos de vida”, criando níveis elevados de cortisol, o que tem uma influência negativa no desenvolvimento da estrutura cerebral, inclusivamente das sinapses, explica. Mas há outro tipo de stress, o chamado “stress positivo”, que é fundamental. Desencadeia-se “quando uma criança é sujeita a uma situação menos agradável por períodos curtos de tempo [como levar uma vacina] e quando existe uma relação afectiva com um adulto que exerce um efeito protector. Faz falta à criança para que ela se desenvolva e consiga ganhar defesas para situações menos agradáveis. Privar a criança de tudo o que é desagradável não a prepara seguramente para a vida”. Quanto mais precoce, mais impacto tem no sistema nervoso, desenvolvendo a neuroplasticidade cerebral, explica.

Não contrariar a criança, não lhe provocar este “stress positivo”, cria “uma deformação do ambiente, que permite aos miúdos fazerem tudo o que querem quando querem”, diz Pedro Cabral, director clínico do Cadin (Centro de Apoio ao Desenvolvimento Infantil). E isto por sua vez deixa-os “muito insatisfeitos muitas vezes, muito inseguros, sem saber lutar pelas coisas. Quando chegam à idade adulta, não sabem exercer a sua autonomia. Habituaram-se a controlar a situação em casa. Há uma distorção completa do que é o mundo exterior”.

Reconhece que “é uma coisa que me dá que pensar todos os dias: a influência do politicamente correcto nas práticas de intervenção em pediatria e desenvolvimento. De que maneira isto pode estar a distorcer a nossa visão das coisas?”. Por exemplo, os castigos. Há agora “o dogma” de não castigar as crianças. Para Pedro Cabral, isto traz duas consequências. “Primeiro, faz colapsar a estrutura familiar”, porque anula a hierarquia. “A separação de gerações é muito importante e foi a primeira vítima do politicamente correcto porque impede os pais de exercer a sua autoridade em casa. Põe os pais numa camisa de forças e põe os miúdos a funcionar ao mesmo nível que os pais… O miúdo sabe que não existe diferença de gerações e pode dizer: ‘Eu não faço porque não quero fazer.’ Vai replicar lá fora [na escola, por exemplo] um comportamento que em casa já nem precisa de ter.”

Tentar fazer só o que se quer “é uma coisa muito biológica: todos nós procuramos o prazer, a saciedade e o bem-estar e fugimos do desprazer. Saber adiar a procura do desejo é fundamental para conseguirmos aprender, estudar, fazer exames”, adianta Pedro Cabral. “A criança tem de perceber que para ter uma coisa, um bem ou até uma pessoa para amar, precisa de prescindir do imediato. O adiamento da satisfação, do prazer, é fundamental na sua aculturação.” Quando isso não acontece? “Vemos pessoas que são excelentes naquilo que gostam de fazer e não querem saber de mais nada, que são muito pouco solidárias e incapazes de construir soluções em situação de adversidade. São uns eternos insatisfeitos.”

Uma questão geracional?

A revista Forbes (conservadora) escrevia em Junho do ano passado que as políticas politicamente correctas estão a ser acompanhadas de uma crescente “cultura de vitimização” que transcende a ideologia. Tornou-se mais sobre a protecção das sensibilidades do indivíduo do que sobre a defesa de certos grupos. Passou de um debate centrado na liberdade de expressão para integrar agora algumas formas de censura, segundo os seus críticos.

Será uma questão geracional? Porquê este regresso em força do politicamente correcto? A Forbesrefere que uma das razões foi a emergência das redes sociais, “cuja velocidade e enorme alcance ampliou um ciclo infindável de raiva que recompensa as vozes mais estridentes”.

Mas, sobretudo, há a emergência de uma geração que cresceu a ouvir falar de tolerância e inclusão nas salas de aula – o mesmo espaço onde antes se exigia liberdade de expressão e agora se reclama por censura a livros ou humoristas. “Os millenials [nascidos no início dos anos 1980 até 2000] encaram o politicamente correcto não tanto como um posicionamento mas como uma forma de vida”, que inclui “cruzadas pela segurança emocional” de cada elemento.

A ministra alemã da Família, Kristina Schroeder – que defendeu que Deus não deve ter género –, criticou um dos livros Pipi das Meias Altas, de Astrid Lindgren, que se refere a um personagem como “preto”. Vários clássicos da literatura infantil – incluindo os contos tradicionais reunidos pelos irmãos Grimm há 200 anos – estão a sofrer alterações por se considerarem desadequados ou terem partes consideradas demasiado violentas. Algumas editoras, mantendo os termos ou passagens polémicos, optam por notas de rodapé para explicar que a terminologia original já não é utilizada.

“Se não podemos falar das diferenças que nos intrigam, ou das coisas sobre as quais temos curiosidade, sem medo de sermos ofensivos, então como poderemos ultrapassar a nossa ignorância sobre culturas e raças – ou até sobre o sexo oposto?”

BJ Gallagher, autor livros sobre a diversidade

corbis

Jacques Schuster escreveu num editorial do Die Welt: “Porque é que não hão-de ser os pais a escolher aquilo que lêem aos filhos”, fazendo eles essa selecção? “Uma pessoa que ache que a arte deve ser alterada porque contradiz a moralidade prevalecente deve ter ficado contente quando os taliban destruíram os budas de Bamiyan.”

Num blogue do Huffington Post, BJ Gallagher, autor de livros sobre a diversidade, escrevia que “o movimento do politicamente correcto foi longe demais” e que, apesar de as suas intenções iniciais serem positivas – evitar que se firam sensibilidades sobre raça, género, orientação sexual, capacidades físicas… –, o efeito agora é “simplesmente evitarem-se esses assuntos e, consequentemente, impedindo-nos de nos sentirmos confortáveis vivendo e trabalhando com aqueles que são diferentes de nós”. Adianta que, “nos dias que correm, as pessoas têm tanto medo que lhes chamem ‘sexistas’ ou ‘racistas’ ou ‘anti-semitas’ que andamos cheios de rodeios ao falar de temas como a diversidade e a evitá-los sempre que conseguimos”. E questiona: “Se não podemos falar das diferenças que nos intrigam, ou das coisas sobre as quais temos curiosidade, sem medo de sermos ofensivos, então como poderemos ultrapassar a nossa ignorância sobre culturas e raças – ou até sobre o sexo oposto?”

João Miguel Tavares também considera que a onda do politicamente correcto “está a ter um impacto grave na liberdade de expressão, de as pessoas poderem dizer aquilo que querem”. E a esquerda, que fazia da liberdade de expressão uma bandeira, tem aqui as suas responsabilidades por causa dos tais “burocratas das causas fracturantes”, denuncia. O politicamente correcto (que nos EUA já é referido simplesmente pela sua sigla, PC) espelha uma “absolutização do nosso lugar no mundo: acha que somos nós, e a sociedade, que define e condiciona tudo o que acontece” a uma criança. “É colocar-nos no papel de Deus. Sabemos que não temos esse controlo. Tanto o argumento de que tudo é natural é absurdo, como é o seu contrário – já nada é natural, genético.”

Já em relação a questões de racismo, por exemplo, a situação é distinta e o meio desempenha um papel fundamental. A linguagem que se usa em casa é determinante. “Há uma diferença gigante da minha geração para a dos meus filhos. Aí, os pais têm uma enorme responsabilidade.” Em todo o caso, talvez este não seja o exemplo de discriminação que vale a pena debater. “A distinção de classes é que dura muito, é muito menos falada e muito dificilmente ultrapassada. Os pais estão mais preparados para ter na família um negro, um chinês, um gay. Mas a sua menina, que andou na faculdade, casar com um tipo das obras? Isso é que não.” É um fosso que “há-de ser ultrapassável, mas é dificílimo”.

 

Always Like A Girl – Campanha contra os Estereótipos de Género

Junho 22, 2015 às 6:00 am | Publicado em Vídeos | Deixe um comentário
Etiquetas: , , , ,

http://www.always.com/en-us/likeagirl.aspx

 

 


Entries e comentários feeds.