Torneio Consumir com Cabeça! – concurso para os alunos do 3º ciclo do ensino básico

Agosto 30, 2019 às 12:00 pm | Publicado em Divulgação | Deixe um comentário
Etiquetas: , , , ,

mais informações no link:

https://www.radiomiudos.pt/index.php?id=1950&cont=1&page=1

El perfil es el de un joven de entre 15 a 25 años que realiza 50 llamadas telefónicas y envía más de 400 WhatsApp diariamente

Agosto 11, 2019 às 1:00 pm | Publicado em A criança na comunicação social | Deixe um comentário
Etiquetas: , , , , , , , , , , ,

Notícia e imagem do Salamanca24horas de 14 de julho de 2019.

Un adicto al teléfono móvil puede estar enganchado casi un día entero

El perfil es el de un joven de entre 15 a 25 años que realiza 50 llamadas telefónicas y envía más de 400 WhatsApp diariamente. Cuando el nivel de dependencia es total las consecuencias físicas y mentales de deterioro en el enfermo son evidentes.

El Centro Específico para el Tratamiento y Rehabilitación de Adicciones Sociales (CETRAS) de Valladolid, que trabaja en toda Castilla y León, ha hecho a través de su Grupo Mixto una evaluación de la actual situación de la adicción a la tecnología y, en concreto, se ha centrado en el teléfono móvil.

El actual perfil de adicto es un joven de entre 15 a 25 años que puede llegar a estar conectado entre 15 y 22 horas en un solo día, que tiene una relación permanente de contacto con el móvil.  Diariamente realiza más de 50 llamadas telefónicas, envía más de 400 mensajes de WhatsApp día y recibe más de 800.

Son personas que sacrifican sus intereses personales como dormir, comer, relacionarse en beneficio del interés del móvil -batería, saldo, cobertura, ofertas-. Algunos de los pacientes han llegado a tener hasta trece móviles a la vez.

Las consecuencias de esta adicción son evidentes cuando el nivel de dependencia es máximo. Además de un empobrecimiento económico, se producen alteraciones de su humor y carácter, volviéndose taciturnos, irritables, desconsiderados, mentirosos y cínicos. Físicamente también se dan cambios como inapetencia, insomnio, exclusión de las comidas y cefaleas.

“Hay casos en los que se ha gastado más de 6.000 euros en el último año -nuevos terminales, recargas de dinero, pago de facturas, abuso de datos- “apunta el fundador y director técnico de CETRAS, Blas Bombín.

Según Bombín, cada vez que un joven está “enganchado” a su teléfono crecen sus niveles de dopamina y de ácido gamma-aminobutírico (GABA), un neurotransmisor cuyo aumento es lo que provoca la fijación al gusto por el subidón producido, por ejemplo, por la heroína o la cocaína.

Al Grupo Mixto de Cetras llegan después de casi dos años de adicción en una situación muy precaria “debido a que el uso del teléfono móvil con el tiempo va generando una pérdida de la libertad y consecuencias clínicas importantes” señala el fundador y director técnico de CETRAS.

En la actualidad este tipo de conductas adictivas sin sustancia, al igual que la ludopatía, son agrupadas en el concepto de trastornos por déficit de control de los impulsos. No se contemplan en el Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales ni en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS.

Evolución y fasese

En esta adicción existen dos etapas evolutivas bien diferenciadas. Una primera -egosintónica – en la que el individuo se siente identificado confortablemente con su conducta adictiva, “de la que sólo percibe el beneficio y en la que se acomoda sin que tener intención de tratamiento” comenta Blas Bombín.

Y una segunda -egodistónica- en la que por el avance evolutivo de la adicción y la consiguiente aparición de consecuencias clínicas, el sujeto comienza a percibir el perjuicio a que le conduce la práctica adictiva. “Esta situación induce a la persona a hacerse propósitos de autocorrección de la conducta adictiva y a admitir las sugerencias o presiones del entorno familiar para someterse a un tratamiento de rehabilitación” subraya el fundador y director técnico de CETRAS.

En cuanto a la conducta adictiva propiamente dicha es fácil distinguir dos fases, una apetitiva, inmediatamente previa a la acción, “en la que los adictos mantienen el móvil  a punto -batería, cobertura y saldo-, así como cuentan con la última tecnología en modelos, y a la red de compañeros de comunicación, que ansían ampliar de forma insaciable” apunta Blas Bombín.

La otra fase es la ejecutiva, que representa la acción adictiva propiamente dicha y produce gran sensación de placer, pero aísla socialmente a la persona. Incluso para conseguir un mayor grado de privacidad se colocan auriculares.

Redes sociales, compras online y videojuegos

Hoy el teléfono móvil se ha convertido en un instrumento de uso corriente, poseído y manejado por todos, tanto para la vida de relación como para el ámbito del trabajo.

Según un informe de la consultora de estrategia digital Ditrendia sobre los hábitos de consumo de móvil en España en 2018, el móvil es el dispositivo más utilizado para acceder a internet, usado ya por el 97% de los españoles. España se encuentra en el sexto lugar del ranking mundial, encabezado por Corea del Sur.

Uno de cada tres españoles es ‘solo móvil’. En España ya hay más usuarios móviles que de escritorio: 127%. El uso descontrolado de los móviles ha llevado a que uno de cada cuatro jóvenes revise las notificaciones de sus redes sociales en mitad de la noche, aunque el 41% de los españoles toma medidas para limitar su uso del “Smartphone”.

Prevención

La situación actual exige implantar unas medidas de prevención que competen a las Administraciones y también a la sociedad, destinadas a todas las franjas de edades “aunque el perfil de adicto es una persona joven, también estamos recibiendo a niños y personas de edad más adulta en nuestro centro que necesitan tratamiento”, apunta Bombín.

Por tanto, las políticas de prevención han de fomentar la conciencia social sobre el riesgo de adicción que conllevan las tecnologías de consumo.

Asimismo hay que controlar la publicidad que incide sobre la población, y en especial sobre los jóvenes, incentivando el ansia por las novedades tecnológicas.

Habilitar vías legales para la autoprohibición de la misma forma que se hace con el juego de azar, facultando a los padres en caso de minoría de edad para solicitar a las compañías operadoras, con el apoyo de las asociaciones de consumidores y usuarios.

Otra recomendación, utilizar el móvil sólo por razones de necesidad profesional, escolar, familiar o social; siendo los padres, en caso de minoría de edad, los que deben establecer las normas al respecto, velar por su adecuado cumplimiento

Y sobre todo, impulsar la comunicación interpersonal directa como alternativa natural y ventajosa de la comunicación tecnológica o virtual.

Grupo Mixto

El Grupo Mixto (Conductas adictivas, Grupo de Fobias y Grupo de Tabaco) de CETRAS agrupa diversas adicciones tales como: dependencia emocional, cleptomanía, adicción al teléfono móvil y a los videojuegos, compras, impulsos o sexo.

Desde su puesto en marcha, hace 26 años, ha tratado a un total de 663 casos, destacando la adicción a las compras con un 17 por ciento del total y la dependencia emocional, con un 14 por ciento del total. El dato que más ha aumentado en el balance total es la adicción al teléfono móvil, que en la actualidad registra el siete por ciento del total.

Será a roupa que as crianças vestem na escola uma forma de expressão ou uma forma de discriminação?

Agosto 6, 2019 às 12:00 pm | Publicado em A criança na comunicação social | Deixe um comentário
Etiquetas: , , , , , , , , ,

thumbs.web.sapo.io

Texto e imagem do Sapo Lifestyle

A crónica de Luísa Agante

As opiniões dividem-se entre aquelas que os acham uma bênção e uma solução muito prática, e outros que os veem como limitadores da liberdade de expressão das crianças. Um artigo de opinião de Luísa Agante, professora de marketing na Faculdade de Economia do Porto e especialista em comportamento do consumidor infantil e juvenil.

Há uns tempos li um estudo realizado em França que tinha um relato de uma criança dizendo que quando levava o seu calçado Nike para a escola tinha amigos com quem falar e conversar, mas quando levava outro tipo de calçado não era tão bem aceite. Já não tinha amigos e já não queriam falar nem brincar com ela. Auch! Até me doeu ao ler isto. Mais uma consequência da realidade à qual tenho vindo a dedicar parte da minha investigação, o consumismo/materialismo nas crianças.

Por materialismo entende-se a valorização dos bens materiais como atribuidores de valor à pessoa que os utiliza. Nas crianças o consumismo/materialismo é um tema recorrente por estar associado muitas vezes a fenómenos como o bullying, isto porque as crianças valorizam os bens materiais e, ao mesmo tempo, estão a aprender a socializar e a usar esses bens como indicadores do valor social de si próprios e dos pares.

Os níveis de materialismo não são iguais em todas as crianças e dependem de vários fatores. Sabemos por exemplo que os rapazes tendem a ser mais materialistas que as raparigas. Enquanto os rapazes ousam menos em sair das marcas aceites e a escolha de uma t-shirt é um processo muito importante para eles, as raparigas aprendem desde cedo a depender menos das marcas e a saber como criar um “estilo” sem necessitarem tanto de usar as marcas para o expressarem. O materialismo também é muito diferente consoante o tipo de produto, nomeadamente entre a roupa e o calçado. Poucas crianças ousam divergir da maioria no que toca a calçado, mas já se nota uma maior flexibilidade em termos de roupa.

“Enquanto a possibilidade do uso de uniforme for conotada por uns como uma mentalidade de direita associada aos colégios ditos “elitistas”, onde o uso de uniforme é uma medida discriminatória e snob, e por outros pais, como uma mentalidade de esquerda que retira a possibilidade de expressão do indivíduo e uniformiza todos os seres humanos, será difícil mudar e pensar no que é mais importante, a formação das crianças”

Sendo a escola o local onde as crianças passam a maior parte do tempo, e onde estão apenas com os seus pares e com os professores, esse tende a ser o local onde mais expressam o seu materialismo. Normalmente os professores não interferem neste tipo de assuntos, de modo que as crianças estão à mercê do escrutínio dos colegas. Na escola são ditadas tendências, são definidas regras e são valorizadas e/ou penalizadas as crianças que não seguem essas regras.

Por tudo isto, depois de muito estudar e analisar os temas do materialismo, tenho vindo a defender a utilização de uniformes nas escolas. Uniformes simples, que incluam roupa e calçado, que sejam desenhados e confecionados tendo em conta os tempos em que vivem estas crianças e os corpos tão diferentes que cada criança tem. E como sei que não é um tema nada consensual, vou fazendo perguntas e anotando as respostas que obtenho dos pais.

As opiniões dividem-se entre aquelas que os acham uma bênção e uma solução muito prática, e outros que os veem como limitadores da liberdade de expressão das crianças, que ficam assim privadas da utilização da roupa como expressão do seu “Eu”. Alguns estudos mostram mesmo que as pessoas que são mais conscientes e sensíveis aos temas de moda consideram esta medida como um ultraje e uma limitação das liberdades individuais de cada um.

Antes de passar para as entrevistas com as crianças é necessário que este tipo de decisão reúna mais algum consenso da maioria dos pais. Enquanto a possibilidade do uso de uniforme for conotada por uns como uma mentalidade de direita associada aos colégios ditos “elitistas”, onde o uso de uniforme é uma medida discriminatória e snob, e por outros pais, como uma mentalidade de esquerda que retira a possibilidade de expressão do indivíduo e uniformiza todos os seres humanos, será difícil mudar e pensar no que é mais importante, a formação das crianças.

Olhando para exemplos internacionais, temos países como o Reino Unido ou a Índia (ligados por raízes históricas mas com características tão diferentes), que já utilizam uniformes há muito tempo, e que mostram como essa medida permite uniformizar os alunos retirando a carga materialista da roupa na escola; para além disso, como optaram por uniformes mais formais, reconhecem que os alunos aprendem a considerar a escola um local mais formal, de respeito, e se habituam a usar roupa formal num ambiente “profissional”. No entanto, a sua obrigatoriedade põe a tónica nas escolas e exige um enorme controlo dos uniformes no dia a dia, e coloca mais pressão sobre os professores que têm que verificar se as crianças estão ou não devidamente uniformizadas.

Penso que em Portugal temos condições fantásticas para a implementação de um modelo de uniformes obrigatórios nas escolas públicas (e privadas) pelo menos até 9º ano de escolaridade. Algumas escolas já têm uniformes, mas muitas os abandonam no final do ensino primário, quando o desenvolvimento do materialismo é mais crítico durante os anos de pré-adolescência e adolescência.

“Nenhuma destas situações é tão discriminatória, tão visível, como a roupa e o calçado que as crianças usam na escola”

O modelo que imagino ser possível implementar utilizaria as nossas vantagens competitivas ao nível da indústria têxtil e calçado. Escolheria também designers nacionais e as crianças participariam na tomada de decisão do uniforme a implementar. Criando-se opções de peças onde as crianças pudessem escolher entre calças, calções, saias e alguns modelos de camisolas, cada família poderia adequar a indumentária recomendada ao perfil da sua criança sem que esta se sentisse tão restringida na uniformização.

Em termos de modelo económico seria possível cobrar uma pequena margem em cada peça, a qual daria para gerar a sustentabilidade financeira do projeto, e subsidiar os uniformes das famílias que não tivessem capacidade financeira para o adquirir. Para além disso, seria possível criar um uniforme simples para o uso do dia a dia, com uma opção mais formal para que todas as crianças se habituassem aos dias especiais e não vivessem sempre na versão t-shirt e calça de ganga.

Sei, no entanto, que a discriminação das crianças com maiores ou menores posses não vai acabar com uma possível introdução dos uniformes. Os mais variados tipos de julgamentos e descriminações continuarão a ocorrer quando se perguntar qual o destino de férias, quais as prendas de Natal, quais os programas de fim-de-semana, entre tantas outras coisas que diferenciam as pessoas consoante o seu poder aquisitivo. Contudo, nenhuma destas situações é tão discriminatória, tão visível, como a roupa e o calçado que as crianças usam na escola, daí eu a defender e ter esperança que um dia se introduza este tema nas conversas e debates de domínios públicos.

Luísa Agante é professora de marketing na Faculdade de Economia do Porto e especialista em comportamento do consumidor infantil e juvenil. Tem uma página no Facebook chamada “Agante & Kids” na qual publica e partilha regularmente conteúdos informativos sobre comportamento infantil para pais e educadores.

Os perigos de “domesticar” os adolescentes com dinheiro

Janeiro 27, 2019 às 1:00 pm | Publicado em A criança na comunicação social | Deixe um comentário
Etiquetas: , , ,

thumbs.web.sapo.io

Texto do SapoLifestyle de 25 de dezembro de 2018.

Há pais que pagam aos filhos para fazerem tarefas domésticas, para que sejam bons alunos ou para que se portem bem. Será que o dinheiro subverte a educação?

A frase é de Antoine de Saint- Exupéry, o famoso autor de O Principezinho: “Tenho o direito de exigir obediência porque as minhas ordens são sensatas”. Uma sentença que não deve ter sido escrita para adolescentes, aqueles seres que, durante algum tempo, tudo questionam e põem em causa. Mas não fique assustado: este é um processo absorvente de mudança, quando a vontade de agradar sofre profundas alterações. Na adolescência, o que o jovem quer é agradar a si próprio e aos amigos, deixando as expectativas dos pais para trás.

Além disso, e como explica um artigo da Psychology Today assinado por Carl E. Pickhardt, psicólogo norte americano e autor do livro “Sobreviver à adolescência (do seu filho)”, o adolescente já não vive na “era do comando, quando as crianças tinham a ilusão de um controlo total dos pais”. Duro? Talvez. “Um adolescente não é uma criança. Agora ele vive na ‘era do consentimento’ e acredita que os pais não podem obrigá-lo nem impedi-lo de agir sem o seu consentimento”.

É claro que é mais difícil para os adultos obterem o que querem – e quando querem – de um adolescente do que de uma criança dependente, ou seja, até aos 7 ou 8 anos. Mas a perda da influência tradicional dos pais tem de ser enfrentada na adolescência. “Agora, eles têm de convencer os filhos, o que nem sempre é fácil – nem rápido”. Eis alguns truques de persuasão que os adultos usam para obter a cooperação dos filhos:

O dinheiro é o mais importante

“Se acha que uma criança é cara, espere até ter uma adolescente!”, brinca o especialista norte-americano, explicando que, na adolescência, aumenta a valorização do dinheiro e a noção do que este pode proporcionar. Nesta fase, diz, os jovens desenvolvem desejos mundanos, anseiam por ter bons gadgets, roupa de marca e dinheiro para uma vida social mais intensa. Na verdade, “o dinheiro compra a probabilidade de pertença social. E pode não garantir uma sensação de bem-estar duradoura, mas oferece um prazer momentâneo”. Mas será que os pais devem oferecer ou negar dinheiro para conseguir o que pretendem?”, questiona o especialista. “Até que ponto é que essa mercantilização da obediência é saudável? Até que ponto os pais querem usar dinheiro para moldar o caracter dos filhos?” Pickhardt fala em várias situações que banalizam a troca de dinheiro por um determinado comportamento: tarefas domésticas, resultados escolares e cumprimento das regras sociais.

Pagar pelas tarefas domésticas

Alguns pais justificam este comportamento como forma de ensinar os filhos a trabalharem para ganhar dinheiro. Muitos dizem: “Nós temos um emprego, vocês não; por isso, pagamo-vos para se ocuparem das tarefas da casa e assim aprendem o valor do trabalho e a sua recompensa”. Mas para outros educadores, esse pagamento põe em causa valores como a solidariedade. “Para ajudar nas tarefas mais básicas, ninguém é pago, mas todos ganham com isso. Os pais que pensam desta forma olham para o trabalho doméstico como uma contribuição natural – e saudável – de todos os membros da família.”
Outros pais associam o cumprimento de tarefas à mesada. É natural dizerem: “Quando acabares o trabalho doméstico receberás a mesada.” Assim, a retenção do dinheiro é uma espécie de alavanca para a realização do trabalho. E que dizer dos que desobrigam os filhos de qualquer tarefa doméstica por considerarem que assim não estão a promover um espírito de livre escolha? Sim, estes pais assumem eles próprios todas as tarefas, considerando que é algo inevitável na vida familiar e esperando que um dia os filhos se ofereçam para ajudar…

Pagar por boas notas

A recompensa monetária dos resultados escolares pode criar dois tipos de problemas, explica o psicólogo. Por um lado, há como que uma espécie de ameaça, por outro, um comprometimento da verdadeira motivação. “Como é que receber 20 euros por um BOM pode ser uma ameaça e não uma recompensa?”, questiona Pickhardt. Para logo responder: “Um adolescente contrariado pode entender a situação como uma chantagem. E pensar: ‘muito obrigada, mas as minhas notas não estão à venda’”. Assim, “um problema de desempenho acaba por transformar-se numa questão de poder. Pela minha experiência, esse tipo de incentivo tende a funcionar melhor com crianças do que com adolescentes”.
Mais: “Quando pagam pelas notas, os pais fazem do empenho académico uma questão de motivação extrínseca, quando o desenvolvimento da motivação intrínseca é o que realmente conta”. O especialista diz que é melhor explicar ao jovem que todo o esforço que ele faça reverte, antes de mais, a seu favor. Uma consequência negativa de os jovens não aprenderem a criar os seus próprios estímulos é que quando chegam ao ensino secundário percebem que não desenvolveram a autodisciplina e a motivação suficientes para estudar e fazer os trabalhos de casa sem o apoio dos pais.

Pagar pela paz social

Quando os pais chegam ao ponto de oferecer dinheiro ao jovem para respeitar as normas da família, é porque estão cansados e desistiram de educar. “É mais fácil pagar do que discutir”, diz o psicólogo. Ao optarem por este caminho, os educadores podem encontrar muitas armadilhas. Como o acatamento de ordens depende de um valor monetário, se ele não existir, a vida em comum torna-se uma anarquia. “Na melhor das hipóteses, comprar um comportamento aceitável pode parecer suborno e, na pior, extorsão”, explica o especialista.
O que fazer para não cair neste esquema? “Em vez de usar o dinheiro como instrumento de gestão, os pais devem insistir na reciprocidade”. Expliquem ao jovem que todos fazem parte de uma célula familiar e que há regras básicas. Se cada um se ajustar a elas, os laços fortalecem-se e todos aprendem a melhorar.

 

 

Crianças com excesso de presentes? Não tem de ser assim

Janeiro 13, 2019 às 1:00 pm | Publicado em A criança na comunicação social | Deixe um comentário
Etiquetas: , ,

Texto e foto do Notícias Magazine de 27 de dezembro de 2018.

Embrulhos rasgados no meio da sala, uma pilha de brinquedos recebidos e a euforia das crianças sem capacidade de se focarem numa prenda em particular. É mesmo isto que quer continuar a viver?

Texto de Cláudia Pinto

A postura da família Cavaco relativamente ao Natal foi mudando ao longo dos anos, conforme foram sendo pais. Rute e Tiago têm quatro filhos: Maria, 14 anos, Marta, 12, Joaquim, 11, e Caled, 8. A época festiva é hoje bem mais simbólica do que há uns anos.

“No início, era um disparate. Temos uma família muito grande e tinha de guardar metade dos presentes que os miúdos recebiam na arrecadação”, confessa a mãe, dedicada a tempo inteiro a esse papel. “Ainda tenho alguns brinquedos guardados que nunca foram abertos”, acrescenta.

Rute é a mais velha de cinco irmãos e a partir do nascimento dos sobrinhos houve uma regra que se impôs. “Todos os irmãos e avós dão uma verba livre por criança”, diz, confessando que tem noção que nem todas as famílias funcionam assim na época natalícia.

Os dias que antecedem o Natal são passados tranquilamente e sem grande stresse. Rute junta o dinheiro transferido pelos familiares e compra, ela própria, os presentes que os filhos desejam, dentro de determinados limites. “Normalmente, fazem uma lista de livros ou CD e são muito sensatos naquilo que pedem.” Rute coloca o valor remanescente num mealheiro que vai utilizando durante o ano naquilo que a família chama de “plano especial” e que se consubstancia em saídas ao cinema, concertos e outro tipo de programas.

Nos últimos anos, as festas de aniversário foram substituídas pela mesma estratégia: o aniversariante decide o que quer fazer e onde quer comemorar. “Já chegámos a ir passear de autocaravana durante um fim de semana”, conta Rute. A ideia é contrariar a cultura consumista enraizada na sociedade, passar tempo de qualidade em família e proporcionar momentos, também eles dispendiosos, mas que certamente ficarão na memória dos pequenos.

Ana Galhardo Simões é psicoterapeuta corporal no Espaço CresSer, em Carcavelos, concelho de Cascais, e denota nas consultas que dá a crianças e jovens que é precisamente o tempo de qualidade a fazer a diferença. “As crianças e jovens não falam dos presentes que receberam, mas dos momentos que passaram e das memórias que têm com os avós e com os pais… O excesso de presentes atualmente é uma forma de as pessoas se desculpabilizarem pelo pouco tempo que passam em família”, defende.

Acabar com os exageros e incutir valores
O Natal pode surgir como uma oportunidade de crescimento e de aprendizagem para os pais, familiares e cuidadores. “Esse é um trabalho diário, de todos os momentos com a criança, para desenvolver valores como a partilha, a solidariedade, a importância de desfrutar e saber cuidar dos brinquedos que têm, da ideia de que não é possível ter tudo, construindo, assim, a tolerância e a frustração”, explica Rita Castanheira Alves, psicóloga clínica infantojuvenil e de aconselhamento parental, responsável pelo projeto “Psicóloga dos miúdos”.

Rute tenta incutir nos filhos que cada família faz as próprias opções individuais. “As nossas não são melhores nem piores, são aquelas em que acreditamos”, partilha, adiantando que o que mais a marcou na infância foi a disponibilidade que os pais tiveram para usufruir de momentos em família e não os presentes que recebeu. “Confunde-se muito a ideia dos presentes que damos com o amor que demonstramos, o que é algo muito fútil”, reforça.

Também Ana Galhardo Simões denota que este pode ser um ponto de avaliação em ambiente de consulta. Não é raro receber, nas suas sessões, crianças e jovens que se sentem reconhecidas ou amadas pelos outros através dos presentes que recebem. “Se um filho pede prendas regularmente, e ao longo do ano, há que perceber qual é o vazio presente para ter essa necessidade. Por outro lado, é curioso receber adolescentes em consulta que comentam que os pais tentaram dar-lhes um presente excessivo para compensar, de alguma forma, a falta de presença no dia-a-dia.”

Há ainda que pensar nas dinâmicas dos pais divorciados. As separações também podem implicar alguma desestabilização nesta época do ano. “É dramático. Alguns pais vivem em guerra para ver quem é que dá mais e melhor. Acho que o ideal é que os pais se assumam como coeducadores da criança, independentemente de estarem separados, e que, no mínimo, conversem sobre os presentes”, observa a psicoterapeuta corporal que sugere que os pais optem por ofertas em conjunto, no caso de presentes mais caros, como, por exemplo, um computador ou uma biciclet

O próprio espírito consumista do Natal faz-nos viver a quadra de forma acelerada e stressada. “Para mim, é uma época muito tranquila porque tenho poucos presentes para comprar, na verdade”, sublinha Rute. A mãe e os quatro filhos aproveitam também para desenvolver algumas lembranças simbólicas realizadas com os filhos para oferecer e considera que os filhos estão perfeitamente enquadrados a essa dinâmica. E vai mais longe: “Julgo que, se eles vivessem um Natal como antigamente, ficariam chocados, até porque também já têm noção de quanto é que as coisas custam”.

Dicas e estratégias para mudar hábitos

Juntámos algumas dicas que podem ser úteis para contornar a avalanche de presentes que as crianças recebem nesta época.

  • Antecipe as estratégias desta época do ano antes do dia em que se trocam presentes. “Os pais podem aproveitar a carta ao Pai Natal como uma ferramenta lúdica para explicar à criança um conjunto de valores e ideias: a partilha, a necessidade de tomar decisões, a escolha, a frustração, entre outros”, sugere Rita Castanheira Alves.
  • Se os seus filhos recebem demasiados presentes, e uma vez que a memória em determinada idade “é relativamente curta”, selecione alguns brinquedos e jogos para guardar e ir apresentando ao longo do ano como uma novidade e que pode ser útil para entreter numa tarde de fim de semana.
  • Envolva a criança na escolha de brinquedos que já não usa ou não brinca, mas que estejam em bom estado, selecione uma instituição que acolha crianças e entreguem presencialmente. “É uma forma de perceberem que existem outras vidas e realidades. Naquele momento, eles vão possibilitar que um conjunto de crianças tenha acesso a um Natal melhor porque partilharam algo. É uma forma de dar outro espírito a esta época”, sublinha Ana Galhardo Simões.
  • Incentive os seus filhos a criar lembranças originais com a participação dos próprios que vão ao encontro de valores importantes para a formação da personalidade e para a vida. “Só se encontra o equilíbrio desta forma. Como pais e educadores, temos que introduzir algumas atividades durante este mês, para que eles tenham uma noção mais correta do que é o Natal”, conclui a psicoterapeuta corporal.

 

 

Pais, se tremem à primeira birra no Natal, “algo está mal”

Dezembro 23, 2018 às 1:00 pm | Publicado em A criança na comunicação social | Deixe um comentário
Etiquetas: , , , , , ,

Notícia do Público de 20 de dezembro de 2018.

Como dizer não no Natal? Faz sentido dar tudo o que as crianças pedem? Há estudos que dizem que “o grau de satisfação e de felicidade da criança começa a baixar a partir do terceiro presente que recebe”

Susana Pinheiro

O Natal está a chegar e muitas crianças têm uma lista sem fim para pedir ao Menino Jesus ou ao Pai Natal. Como dizer-lhes “não” sem que façam uma birra? Ou será melhor dar-lhes tudo para que não sofram uma desilusão? Mesmo no Natal, “os pais que dizem ‘sim’ a tudo, não estão a ser pais. Não estão a educar, mas a estragar”, alerta o psicólogo Eduardo Sá. “Se tremem à primeira birra dos filhos, algo está mal”, realça. É preciso uma “firmeza serena” para dizer não. Há que ser “assertivo”, sublinha também o pedagogo Renato Paiva. As crianças e os jovens têm de perceber que não podem ter tudo, que têm de fazer por merecer o que recebem e aprender a seleccionar. “A vida adulta é feita de escolhas”, sustenta o autor de livros como Queridos Pais, Odeio-vos.

“Eles só puxam a corda se sentirem que os pais são todos tremeliques”, aponta Eduardo Sá. Na realidade, é uma questão de quase “tentativa e erro”, continua. “As crianças atiram o barro à parede a ver se cola”, para ver até onde conseguem ir. Mas, salvaguarda o autor do Livro de Reclamações das Crianças, “estão bem atentas ao que os pais podem ou não comprar”. É, de todo, uma “ideia errada pensar que são pequenos tiranos”, diz. “São, sim, negociadores.” Por isso, faz parte da função dos pais saberem dar-lhes a volta quando começam com birras. E, se for preciso, zangarem-se e fazerem cara feia, aconselha.

Os limites fazem parte da educação, mesmo no Natal. “Eles podem ser os príncipes e princesas lá de casa, mas quem manda são os reis e as rainhas. Importa deixar isso bem vincado”, defende Renato Paiva.

“Se a criança ficar desiludida, paciência. A frustração faz parte da vida”, afirma, por seu lado, o pediatra Mário Cordeiro. Até porque, corrobora Renato Paiva, “aprender a frustrar nesta fase mais precoce da vida fará com que saibam lidar com adversidades e frustrações futuras de forma mais madura, equilibrada e com menor sofrimento”.

Se a criança fizer uma birra, aconselha Mário Cordeiro, “há que mostrar que está desenquadrada do espírito de Natal, que é um espírito de humildade, solidariedade, afecto e alegria pela dádiva, e não um momento narcisista de ‘quero tudo, já’”. Na realidade, não se pode ter tudo. Ponto final.

“Se a criança está a fazer birra porque não recebeu o brinquedo x, vamos propor que experimente o jogo y. Não nos devemos justificar muito com os presentes”, aconselha Renato Paiva.

Listas, sim ou não?

Para Eduardo Sá, “é óptimo que as crianças façam uma lista de Natal, porque é uma maneira de não arriscarem a ter as prendas que os pais gostariam de ter tido quando eram da idade deles”.

Já Mário Cordeiro é “contra as listas de exigências e a escravidão de quem oferece — quem dá tem de ter o mesmo júbilo de quem recebe, e quem escolhe tem de pensar no outro e ‘estar presente’ — daí o nome ‘presente’”.

“‘Prendas’ é quando se dá um prémio por algo que se fez de talentoso, ou quando [a criança] se transcendeu na escola, no que for. O presente é… estar presente na vida dos outros através desse objecto — é o que acontece no Natal”, distingue o pediatra e autor de Educar Com Amor.

Se os pais optarem por deixar fazer a “carta ao Pai Natal”, devem explicar que esta “não é uma lista de compras, mas de sugestões”, aconselha Renato Paiva. É importante “deixar bem claro que não serão todos e até pode acontecer não ser nenhum. É uma lista de possibilidades!”

O melhor é não dar mais de três presentes, recomenda, por seu lado, Susana Albuquerque, coordenadora de educação financeira da Associação de Instituições de Crédito Especializado, sustentando-se em estudos franceses e norte-americanos. “O grau de satisfação e de felicidade da criança começa a baixar a partir do terceiro presente que recebe”, garante. “Depois, é muito importante dizer ‘não’, porque os filhos não podem ter tudo o que pedem. E estamos a ajudá-los a desenvolverem competências para saberem poupar e como gerir o orçamento”, continua. “A educação financeira faz-se desde sempre. Não necessitam de saber quanto dinheiro [os pais] têm ou podem gastar, mas podem ter uma ideia para melhor perceber as opções”, acrescenta Renato Paiva. Deve explicar-se que se o gastamos hoje não teremos amanhã.

Susana Albuquerque aconselha a envolver as crianças no orçamento de Natal. Assim, tomam “consciência” do valor das coisas, do investimento que os pais fazem. “Um dos problemas em relação à gestão do dinheiro resulta de não se falar abertamente sobre o dinheiro na família e é preciso que as crianças conheçam as possibilidades financeiras dos pais.” Eles devem perceber que deve haver uma “boa saúde financeira”, que se deve poupar e ter uma reserva para imprevistos. E deve-se ainda “ensiná-los a ‘esperar para ter’”. Pode não ser hoje nem amanhã, é quando houver dinheiro, ou no dia do aniversário, por exemplo. “O esperar para ter aumenta a satisfação”, realça.

Certo é que as campanhas publicitárias, os descontos e as facilidades de pagamento são como sereias que cativam os pais a comprar por impulso. Se o fazem, com que cara dizem ‘não’ aos mais pequenos? “Se as crianças presenciam ou percebem que se comprou algo por impulso, na próxima visita ao centro comercial vão querer comprar algo de que nem se tinham lembrado”, refere Renato Paiva. Por isso, lembra: “Educamos mais pelo que fazemos do que pelo que dizemos”. “O exemplo é sempre mais significativo.”

 

 

Unboxing: pessoas a desembrulhar coisas, que vídeos são estes que hipnotizam os seus filhos?

Agosto 2, 2017 às 12:00 pm | Publicado em Vídeos | Deixe um comentário
Etiquetas: , , , ,

Texto do http://www.noticiasmagazine.pt/ de 26 de junho de 2017.

Tem filhos pequenos que gostam de ver vídeos no YouTube com crianças – e adultos – a rebentar balões, brincar com bonecos, pintar com tintas coloridas ou a desembrulhar ovos de chocolate? E também não entende bem que coisa é esta? Chama-se unboxing, começou com vídeos de pessoas a desempacotar tecnologia e passou depois para um novo patamar. Hoje, estas imagens bizarras têm milhões de visualizações. Os pais só querem entender as razões.

Texto Ana Pago | Fotos de Shutterstock

Os vídeos que Ema, de 4 anos, gosta de ver no YouTube deixam o pai abismado: adultos a rebentar balões, a moldar plasticinas, a pintar as mãos com tintas dizendo as cores que usam; a mergulharem bebés de plástico em guaches e a sacarem surpresas de dentro de taças cheias de M&M; a brincar com super-heróis abrindo ovos Kinder no final – as variações são imensas. Pedro Palma olha a filha num silêncio perplexo. Vê-a capaz de passar horas naquilo, se por acaso fosse pai para a deixar horas entregue ao iPad. E ele ali sentado com ela na sala, a filtrar conteúdos, hipnotizado também. Sempre se questionou como é que vídeos assim podem render milhões de visualizações. De onde vem esta febre inominável? E, mais importante ainda, porquê?

«Já conhecia o fenómeno do unboxing [à letra tirar da caixa], em que se vê gente a abrir embalagens e ovos de chocolate, revelando o que contêm. Mas estes vídeos vão além disso», explica Pedro Palma, para quem os media contribuem cada vez mais para a construção do saber, a par da família e da escola. «A Ema tinha 2 anos quando andou numa piscina de bolas, então mostrei-lhe um vídeo de meninos numa piscina igual para incentivá-la a falar.» O sistema automático do YouTube sugeriu outros vídeos, entre eles o de umas mãos a tirarem bonequinhos de tigelas de M&M com uma colher. «Depois desses descobriu mais, de crianças a brincar com bonecos e a desembrulhar surpresas, e de adultos a fazerem o mesmo para um público claramente infantil. Foi o fim da picada», diz o pai com humor.

E a verdade é que estas imagens têm, de facto, uma espécie de efeito hipnótico, afirma a psicóloga clínica Filipa Jardim Silva. «O ritmo é lento, focado numa tarefa única, com uma simplicidade apelativa para crianças que processam tanta informação nova todos os dias.» A duração é adequada: curta e ajustada à capacidade atencional dos pequenos, mantendo-os interessados do princípio ao fim. Também a narrativa das tarefas e a música ambiente ativam uma resposta sensorial meridiana autónoma. «Trata-se de um fenómeno biológico que induz o relaxamento ao produzir uma agradável sensação de formigueiro na cabeça, couro cabeludo ou regiões periféricas do corpo, em resposta a estímulos visuais, auditivos e cognitivos.»

Segundo o guru do marketing dinamarquês Martin Lindstrom, autor do livro A Lógica do Consumo (ed. Harper Collins), outra razão que justifica o êxito do unboxing e suas derivações são os neurónios-espelho, ativados quando uma ação realizada por outros está a ser, ao mesmo tempo, observada por nós. «É como se ver e fazer fossem a mesma coisa, com níveis de prazer idênticos», diz. As crianças assistem às gravações de outros a brincar com super-heróis, a abrir ovos-surpresa ou a rebentar balões de água – de novo tudo a acontecer naquele instante diante dos seus olhos – e a impressão que têm é a de serem elas a vivê-las, concorda a psicóloga social Ana Cristina Martins, professora do ISPA – Instituto Universitário: «Do ponto de vista emocional, o unboxing é contagiante. Quem vê não é um mero espetador.»

Foi em 2004 que a publicação de eletrónica de consumo Engadget usou o termo pela primeira vez, num artigo sobre a Nintendo DS. Dois anos mais tarde, alguém nos EUA se lembrou de fazer um vídeo a desembalar um telemóvel Nokia E61 e partilhou com o mundo as suas impressões do momento. Num instante, o unboxing galopou para outras áreas de consumo como a cosmética, compras do supermercado, ovos de chocolate ou plasticina com surpresas dentro e pacotes infantis de jogos, personagens e brinquedos da moda. As derivações entretanto surgidas a partir do unboxing tornam difícil contabilizar o fenómeno (que terá crescido uns 57 por cento em 2014, de acordo com o YouTube). Desconhece-se ainda até que ponto as marcas influenciam a divulgação de produtos nestes canais, já que a maior parte parece surgir da iniciativa dos utilizadores.

Para Daniel Cardoso, doutor em Ciências da Comunicação na vertente de Cultura Contemporânea e Novas Tecnologias, não há aqui tanto um apelo ao consumo de brinquedos mas dos próprios vídeos, tentando posicionar o canal como uma marca. «Do que vejo, estes canais dirigem-se às crianças em termos de conteúdo e apresentação, tentando alcançar visualizações no YouTube e até parcerias futuras de publicidade», aponta. Certo é que os ganhos se traduzem em 1,5 a 3 euros por cada mil visitas, em vídeos que chegam a ter mais de 100 milhões de visualizações. «A consumir construímos significados sociais, processos simbólicos. Este tipo de partilhas vai muito além de um mero apelo ao consumo ao mostrar o que escolhemos, como escolhemos e o prazer que tiramos dessa forma de dar sentido às nossas vidas», justifica o especialista.

Também a psicóloga social Ana Cristina Martins reconhece ser redutor limitar o fenómeno à questão consumista – ainda que se trate de uma poderosa estratégia de neuromarketing, apelando aos tais neurónios-espelho e aos centros de recompensa do cérebro. «O desembrulhar dos produtos é faseado, acompanhado de interjeições e de informações positivas que geram uma atitude favorável em quem vê», explica. Há quase um sentido tátil associado. Um prazer que estimula e nos mantém agarrados justamente por isso. «O contágio de emoções e o efeito-surpresa fazem do unboxing um fenómeno fascinante, até viciante», sublinha.

Sem esquecer o papel educativo, acrescenta Pedro Palma: «Estão sempre a alertar para a tecnologia nas mãos dos miúdos, mas não acho justo proibir a Ema de algo que adora quando também joga à bola na rua, pula no parque, faz puzzles e o que é suposto na idade dela.» O YouTube é um complemento, frisa o pai, averso a extremismos quando foi a ver aqueles vídeos que a filha aprendeu o alfabeto, os números até 30 e as cores, tudo em português e em inglês. «Ela vê os outros brincar e adapta gestos aos seus jogos, quase como se estivesse em interação.» A psicóloga Filipa Jardim Silva apoia o bom senso: não vale a pena diabolizar nada. «Mais importante é saber a que materiais são expostos, por quanto tempo, supervisionados por um adulto.» E assumir que há sempre benefícios e riscos em todos os contextos da vida, seja ela digital ou real.

mais fotos no link:

http://www.noticiasmagazine.pt/2017/unboxing-fenomeno-muito-fora-da-caixa/2/

 

 

Chega de birra nas lojas: ensine seu filho a economizar para comprar

Dezembro 14, 2016 às 6:00 am | Publicado em A criança na comunicação social | Deixe um comentário
Etiquetas: , , , ,

Texto do site http://www.paisefilhos.com.br/de 27 de abril de 2016.

pais-filhos

A educação financeira pode começar desde cedo

A REDAÇÃO PAIS&FILHOS

Seu filho já teve algum ataque de birra em público por você não comprar algo que ele queria? Saiba que cabe aos pais colocar limites, explicar e conversar sobre o valor do dinheiro, mas você também precisa dar o exemplo. Crianças precisam aprender a dar valor ao dinheiro e gastar só com o que importa desde cedo.

Segundo Patrícia Broggi, mãe de Luca e Tiago, nossa embaixadora, colunista e autora do livro “Falando de Grana”, para evitar um ataque de birra, é necessário que o filho tenha sido acostumado desde pequeno que toda compra tem sua hora e motivo e não comprar só por comprar.

Outro ponto é que as crianças precisam aprender que um presente deve ter ocasião, como aniversário, Natal ou uma data especial. Assim, eles saberão valorizar o que ganham. “Caso queira muito uma coisa e resolva fazer birra, os pais precisam ser firmes. A birra passa. Até porque, muitas vezes, basta ganhar para esquecer do presente logo depois”, argumenta.

Os filhos aprendem muito mais com as nossas ações do quem com as nossas palavras, explica Patrícia. “Além de desencorajar o consumismo nos seus filhos através de conselhos, é muito importante você não praticá-lo. Senão a mensagem não repercute”.

Por isso, repense em como você tem lidado com a questão e procure tomar atitudes que reforcem a mensagem que você quer passar. Algumas dicas da jornalista são: no final de semana, prefira passear em família no parque do que ir ao shopping. Na praia, priorize atividades como entrar no mar e jogar bola em vez de comprar um picolé, milho e refrigerante. A ideia é não valorizar o consumo.

Economizar para comprar

Uma solução para começar a educação financeira é dar uma mesada, que pode ser até de um valor simbólico, e ensiná-lo a poupar para planejar uma compra e guardar o que sobrar. Se seu filho tiver um desejo, nada melhor do que você criar com ele uma meta para alcançar esse objetivo. “Façam juntos um planejamento de economia, mostrando que se ele poupar por alguns meses, consegue comprar o que quer”, diz a escritora.

Não tenha medo de usar o bom e velho “não”. Ficar com dó e ceder vai mostrar a seu filho que quando ele bater o pé e espernear, vai conseguir que você faça a vontade dele. “Mesmo se o que ele quiser não faça nenhuma diferença no seu orçamento, o importante é você pensar no valor do dinheiro para uma criança e como ela deve administrá-lo”, aconselha Patrícia.

 

 

O tenebroso mundo das “novas” festas infantis

Março 15, 2016 às 6:00 am | Publicado em A criança na comunicação social | Deixe um comentário
Etiquetas: , , ,

Texto do site http://outraspalavras.net/ de 1 de março de 2016.

Gustavo Oliveira

Por Lais Fontenelle Pereira

Decoração clichê, babás em aventais, onipresença de games — tudo remete a consumo e desumanização em certos bufês. E é possível piorar: moda, em certas classes, é aniversário em limusine. Mas surgem, também, alternativas

Por Lais Fontenelle

Bolo, balão, brigadeiro, amigos, familiares e parabéns. Onde encontramos todas essas coisas? Em festas de aniversário, especialmente nas de crianças, é claro! Infelizmente essa afirmação já não é tão óbvia assim nos dias atuais, quando as festas, nas classes médias e elites, ganharam espaços e formatos bem singulares – na maioria das vezes inadequados para os pequenos e massificados pelo mercado.

Sem tempo de preparar as festas dos filhos com a devida atenção os pais, hoje, acabam recorrendo a um mercado extremamente rentável de festas infantis customizadas que fazem tudo sob medida para o aniversariante. Os preços começam de aproximadamente R$ 2,5 mil e chegam até a espantosa soma de R$15 mil, segundo reportagem do ano passado.

Comecei a refletir sobre esse fenômeno no final dos anos 90, por ocasião do boom das festas em bufês. Nelas, a única coisa que remete ao aniversariante e à infância é, muitas vezes, o convite com a assinatura da própria criança. Ao chegar, você se depara com um baú onde deve “depositar o presente ao homenageado” – é esse o verbo usado pela recepcionista que fica na entrada. Depositar o presente, sem se esquecer de anotar seu nome no embrulho, para a criança saber, quando chegar em casa e abrir seu baú cheio de presentes, muitos repetidos, quem foi o “ coleguinha remetente”. Aquela delícia de dar o presente, escolhido a dedo ou feito com as próprias mãos; e de receber, desembrulhar e agradecer parece estar fora de moda.

A festa se desenrola, na maioria das vezes, em horário e com músicas, comidinhas ou brincadeiras nada adequadas à faixa etária convidada. No decorrer da comemoração, o pequeno aniversariante é estimulado, incansavelmente, por animadores que a todo momento nos fazem lembrar que hoje é o seu dia – e não do personagem famoso, geralmente licenciado, estampado nos quatro cantos do salão tentando roubar a cena das crianças.

A decoração em geral não foge ao padrão princesas para as meninas e super heróis para os meninos – como dita Walt Disney. Enquanto isso os pais, aqueles que conseguiram acompanhar seus filhos, ficam geralmente tomando uma bebidinha e jogando conversa fora, num merecido momento de descontração. Mas quem acompanha as crianças nas festas são, muitas vezes, as ditas folguistas – as babás de fim de semana –, que formam um séquito de branco de olhos atentos nos pequenos

No fim da festa, a criança geralmente volta para casa exausta com tantos estímulos sonoros, visuais e gustativos, e um saco cheio de presentes, com uma ressalva para as famílias que pedem doações para crianças carentes no lugar de presentes ao homenageado. Ainda assim, somos levados a questionar o que foi celebrado ali: as conquistas de mais um ano de vida entre amigos e familiares – ou o consumo?

É claro que os bufês infantis foram se modernizando e ganharam novos conceitos que acompanham as tendências das classes mais favorecidas, tais como alimentação mais light, sucos verdes, brigadeiros gourmet, brinquedos mais orgânicos, brindes inovadores e decoração ligada à natureza. Contudo, a essência consumista não mudou em nada e segue impregnada nesse rentável modelo de negócios.

Festas das elites

Mas isso não é tudo. O ano de 2011 marcou o início das festas sobre rodas. Meninas entre 6 e 11 anos, das elites de grandes centros urbanos, começaram a cobiçar festas que acontecem dentro de limusines locadas, geralmente cor de rosa. As mães das pequenas “noivas” alugam esses veículos pelo valor aproximado de dois mil reais para festejar mais um ano da vida de seus filhas, confinadas no trânsito de grande metrópoles como Rio de Janeiro e São Paulo – ao som ensurdecedor de celebridades mirins e ao sabor de doces e refrigerantes.

Daniel carvalho

A festa pode esgotar-se ali mesmo – sem espaço para troca ou movimento –, mas muitas vezes prolonga-se com uma ida a um cabeleireiro ou spa infantil, onde as convidadas podem pintar as unhas, maquiar-se ou exibir penteados arrojados. Exercitam assim o consumismo, valores materialistas e a sexualidade precoce.

E os meninos, peças fundamentais no exercício da brincadeira, e amigos queridos da aniversariante? Ficam de fora, como manda o figurino e o sexismo – desde a mais tenra idade. O sucesso dessas festas foi tão grande que a moda se reinventou e hoje atinge o público adolescente e o adulto com as famosas Festbus, que acontecem dentro de ônibus – transformados num grande salão de festas com pista de dança itinerante.

Já no ano passado o maior hit das festas infantis foram as chamadas festas do pijama, antes reconhecidamente caseiras – quando um grupo seleto de amigos passava a noite na casa do aniversariante. Hoje, mercantilizadas e abocanhadas pelo mercado infantil, têm decoração personalizada, com brindes que podem ir de pijamas e cobertores até tendas ou sacos de dormir, feitos sob medida para os convidados. Estes, depois de passarem horas navegando individualmente em seus tablets, adormecem na casa do amigo e levam os “mimos” para casa.

O velho colchão de dobrar, guardado embaixo da cama ou em cima do armário da casa da vovó saiu de moda, assim como também ligar para mãe que está recebendo os amigos para saber como estão as crianças ou simplesmente agradecer o pernoite. A comunicação entre pais fica restrita a seus filhos via whatsapp, denunciando a perda do sentido de coletividade e comunidade. E quem entretém as crianças são geralmente animadores contratados, com atividades tipo guerra de travesseiro.

Em pouco tempo, este tipo de festa tornou-se a principal escolha de meninas entre 6 e 11 anos – como previu uma empresa carioca pioneira em festas para crianças que criou, inclusive, uma cartela de opções para o que chama de minisleep. Ideias para lá de “criativas” compõem o cardápio da empresa: festas de culinária, festas em sítios, focadas em futebol e onde mais sua imaginação e recursos financeiros puderem alcançar. Outra empresa focada nesse mercado inventa o que seu desejo mandar para a festa dos seus filhos, sem que você precise sequer sair de casa e desde, claro, que possa pagar por isso.

Vale dizer que até o singelo bolinho na escola ganhou novos contornos, estimulados pela própria instituição de ensino – que deveria ter o papel de fomentar outros valores e formas de homenagear o aniversariante. Hoje, o famoso “parabéns” em sala de aula pode ser acompanhado por uma roda de presentes, enviados pelas famílias para o “dono do dia”, que sai da escola com um saco de 15 presentes ou mais, sendo que, muitas vezes, nenhum tem a autoria do amigo. Presente feito coletivamente na escola, cantoria de músicas ou algo que o valha parecem valores esquecidos, numa sociedade que mercantilizou as datas comemorativas e tem ensinado às crianças que, para ser, é preciso ter.

Mudaram, portanto, os valores, e não apenas os locais das festas. O que é transmitido para as crianças quando seu aniversário é festejado dentro de salões de beleza ou limusines? O que elas vão querer na festa de quinze anos ou no dia do casamento? O que pensar de famílias que se endividam o ano inteiro para isso e que, quando a festa acaba, já querem saber da criança o que ela pretende ter na festa do ano que vem?”.

Cabe aos pais essa reflexão, numa tentativa de reinventar, criativamente, a comemoração do aniversário de seus filhos, de uma forma mais sustentável e que valha a pena rememorar no futuro. E, claro, às escolas cabe a reflexão sobre o lugar social que ocupam na vida dessas famílias – lugar que deveria ser de formação para cidadania e não de bufê infantil.

Mas, nem tudo está perdido. A tendência contrária são as comemorações ao ar livre, em parques, com a criançada correndo solta atrás da bola, entre as árvores. Foi reconfortante receber um convite da festa de aniversário do filho de amigos, feito pela própria criança. A comemoração foi no Jardim Botânico do Rio. Lá, tive a chance de entregar o presente na mão da criança e lanchar delícias feitas pelas tias e avós. Tudo muito original, com o lugar decorado por um grande mural de fotos dos momentos vividos no último ano pelo aniversariante e seus amigos, que ali estavam. No fim, o “dono do dia” carregava um saco não tão grande de presentes, mas um enorme sorriso no rosto. Ele pode partilhar, com pessoas importantes na sua vida, conquistas e atividades que ficarão na memória. E o brinde foi um cd, gravado pelo seu pai e ilustrado pelo irmão mais velho, com suas músicas preferidas. Isso, sim, merece ser festejado!

Lais Fontenelle Pereira, mestre em Psicologia Clínica pela PUC-Rio e autora de livros infantis, é especialista no tema Criança, Consumo e Mídia. Ativista pelos direitos da criança frente às relações de consumo, é consultora do Instituto Alana, onde coordenou durante 6 anos as áreas de Educação e Pesquisa do Projeto Criança e Consumo.

 

 

Adolescentes na era Instagram

Janeiro 14, 2015 às 12:00 pm | Publicado em Estudos sobre a Criança | Deixe um comentário
Etiquetas: , , , , , , , , , , ,

Artigo do site do El País de 4 de janeiro de 2015.

O estudo citado no artigo é o seguinte:

Jóvenes y valores (I). Un ensayo de tipologia

Jóvenes y valores (II). Los discursos

Samuel Sánchez

 

Se mueven entre el pasotismo y el consumismo. Acostumbrados a una vida de entretenimiento y de series, los jóvenes describen el presente como “ inestable e injusto”

Amelia Castilla

Su idea de una jornada ideal pasa por no acudir a clase, no madrugar, tener una tarjeta black (“pero sin corrupción”) y estar con los amigos y pasarlo bien. Lo cuentan entre risas y algo de rubor seis alumnos, de 17 años, del Instituto Severo Ochoa, en la localidad madrileña de Alcobendas. Chicos de clase media, la mayoría de padres divorciados y con problemas escolares, motivo por el que han sido derivados a Diversificación o al Programa de Cualificación Profesional Inicial Voluntaria, cursos para obtener la ESO con contenidos más bajos. Todos consideran a la familia como un valor fundamental. “La convivencia es buena aunque discutimos mucho. Me repite las cosas muchas veces y me rallo.Ella suele llevar razón pero a veces resulta pesada”, cuenta Daniel León Vargas, de 16. Su sueño sería irse con su novia a vivir a otra ciudad, quizás Nueva York.

Les mola mazo o les renta pero no se han chinado; viven en la keli y no les va el canteo. Estamos en el recreo, tres horas después de su llegada al centro escolar. Como el resto de sus compañeros entraron en tromba al patio, a las ocho de la mañana. Todavía quedaban unos segundos para una ojeada rápida a la pantalla del móvil y enviar un último WhatsApp. El centro escolar lo deja bien claro en los carteles pegados por las paredes. En clase están prohibidos los móviles, sobre todo para proteger a los profesores de filmaciones vejatorias que luego se cuelgan en Youtube. Para evitar conflictos los dejan sobre una mesa y se los devuelven a la salida. El castigo por usarlo en clase es una semana sin móvil. Los usan en los pasillos y los profes muchas veces hacen la vista gorda. Pillarlos con ellos en la mano supone un conflicto añadido y un enfrentamiento que conviene evitar. De los más de tres millones de adolescentes españoles (muchachos de edades comprendidas entre los 12 y los 17 años) un 84%, posee teléfono móvil para su uso personal, pagado por sus padres, según datos del Instituto de la Juventud, basados en una encuesta de 2012. El sondeo avisaba de la tendencia al alza. Duermen con el móvil y miran la pantalla al menos un centenar de veces al día. España se encuentra en la media de Unión Europea y en todos los estados miembros se comprueba el mismo ascenso y comportamiento. Igual que su relación con las redes sociales que ya ha acabado por generalizarse. Su uso es mayor cuanto menor es la edad. En poco más de tres años se ha pasado del 60% en 2009 al 90% en 2011.

Infantiles, consumistas, críticos, de moral relajada, acostumbrados a una vida de entretenimiento y de series, los adolescentes de la era Instagram ya no van tan a lo grande como sus hermanos mayores. En su playlist suena Nirvana, Arctic Monkeys, Red Hot Chili Peppers, Imagine Dragons, David Guetta y algo del peor reggaeton. Entre sus prioridades no figura cambiar el mundo pero sí su entorno. Son más individualistas que las generaciones que los han precedido. “Mis alumnos son muy de tripas, se mueven por instinto, pueden leer cualquier cosa sin necesidad de intelectualizar nada. En esos años, les afectan sobremanera las separaciones de los padres. Llevan una vida muy de entretenimiento; se ríen con programas como Adán y Eva, la exaltación de la estupidez supina, pero son clientes fieles de series como Homeland o Juego de tronos”, cuenta Victoria Menéndez, profesora de Lengua y de Inglés del Severo Ochoa. Lleva 25 años en la enseñanza y casi siempre con adolescentes. “Antes se rebelaban contra todo, ahora no necesitan pelear tanto como antaño. Disponen de un mundo propio que Internet y las redes sociales han contribuido a crear pero los veo muy positivos y honestos”.

Según el estudio Jóvenes y valores sociales, del Centro Reina Sofia, los adolescentes españoles han asumido que les tocará vivir una vida low cost. Han aceptado que deben revisar a la baja sus expectativas, fundamentalmente en relación con perspectivas o proyectos personales. Describen el presente como “incierto, inestable e injusto”. Se sienten engañados y desconfían del sistema. En general culpabilizan a las instituciones adultas —de las que no se sienten partícipes— pero focalizan su desconfianza especialmente en la política tradicional y en la figura del político profesional. Cada vez son más los que apuestan por actitudes de compromiso social y de cambio. El filósofo José Antonio Marina cree que los jóvenes del siglo XXI son conscientes de que se ha roto un pacto social implícito. “Antes la sociedad le decía al joven que si cumplía su alianza y se portaba bien la comunidad estaría en condiciones de responder pero eso se ha fracturado. Hemos ido a una época de impotencia confortable, en el sentido de decir, esto es lo que hay y me voy a ir acomodando para aprovechar lo que tengo, sin grandes esperanzas. Desde hace unos cuantos años, pensando que los estamos cuidando lo que estamos es condenándolos al desánimo, los mimamos para luego abandonarles”.

Adolescencia. Su uso se ha generalizado pero el concepto teen como tal tiene su origen, en los años cincuenta del siglo pasado. En todas las culturas existía un rito de paso, de final de la infancia a otra vida, pero se ha creado específicamente un espacio formativo que se remonta al final de la Segunda Guerra Mundial y que coincide con mejoras notables como la escolarización total y la llegada de los jóvenes al mundo del trabajo a partir de la mayoría de edad. En ese tiempo se han vertido ríos de tinta tratando de analizar la rebeldía adolescente, algo que básicamente no ha cambiado con el tiempo aunque ahora surjan nuevas teorías sobre esa etapa de la vida. En la adolescencia se desarrollan las grandes capacidades sentimentales e intelectuales. También la mayor parte de las adicciones nacen en esa etapa. Hasta ahora, muchos de los comportamientos escandalosos o un poco arriesgados lo atribuíamos a las pobres hormonas pero nuevas teorías proponen aprovechar esa etapa en lugar de malgastarla.

El talento de los adolescentes (Ariel), nuevo título de José Antonio Marina, anuncia el cambio de modelo que se está viendo en muchos países y por caminos distintos: “No se trata solo de un asunto sociológico y pedagógico, el cambio viene de la mano de la neurología. Hasta ahora, sabíamos que había un gran periodo de aprendizaje que era prácticamente donde se consolidaba todo y eso sigue siendo verdad, pero lo que no habíamos sospechado es que en la adolescencia se produce un rediseño completo del cerebro. Es como si la naturaleza hubiera preparado el cerebro primero para hacerse cargo de un mundo al que el pobre niño llega tremendamente despistado y luego lo vuelve a aprovechar para que se independice y se haga adulto. Es como atravesar dos etapas de enorme plasticidad”.

En el Severo Ochoa, los problemas los dan 25 alumnos de una plantilla de 1050, un porcentaje mínimo pero, como sucede en otros centros escolares, en torno a esos conflictos se articula la leyenda. “Se ha generalizado el mito de la crisis de la adolescencia, cosas como que de repente lo pasan muy mal, con angustia vital, seres imprevisibles e irresponsables y eso no es así, pero si lo repetimos un buen número de veces acabaremos por creerlo”, recalca Marina.

A mediodía, la puerta del instituto madrileño Beatriz Galindo, se transforma en una marea de sudaderas, deportivas, vaqueros y leggins. Solo unos pocos encienden ansiosos un pitillo antes de despedirse hasta el día siguiente. Julia y Clara Nolla, hermanas de 15 años, alumnas bilingües de cuarto de la ESO “odian” que le presenten el futuro que les espera como un mundo donde habrá más pobres y trabajos peor remunerados. “Necesito tener ideales, ya basta de amenazas. Entiendo que nos preparan para ser mayores pero estamos en nuestro derecho de soñar. Pienso en el mañana como algo lejano aunque, sinceramente, espero que se hayan resuelto los problemas económicos cuando sea mayor”, dice Clara. Las hermanas no se dejan llevar por la “yupi vida”. Clara toca el bajo en un grupo, saca buenas notas y no sabe bien lo que quiere ser de mayor, quizás psicóloga. Su hermana Julia comparte esa opinión sobre cómo los adultos tratan de contarles la vida a partir de su experiencia y, claro, ellas quieren vivir su “propia vida”. Ambas dieron un paso al frente cuando se debatía la reforma de la Ley del aborto que proponía el entonces Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón. “Mucha gente se quedó en sofá pero pensamos que era el momento de hacer algo. Fuimos a las manifestaciones. Si se juega con nuestro futuro hay que intentar cambiarlo”, cuenta Julia. En el centro escolar disponen de una capilla pero ellas ni son creyentes ni han sido bautizadas. Les gusta que Religión sea una optativa.

El fin de semana, los que no juegan al fútbol salen a “a divertirse” con los amigos. Recalan en los parques cercanos, las boleras o los pubs. Evitan la violencia pero reconocen que en cualquier momento puede llegar un gamba con ganas de liarla. Basta un “¿y tú que miras?” desafiante para que las cosas se compliquen. De vez en cuando, puede caer alguna cerveza, pero no es lo habitual aunque ninguno niega que en su entorno se fuma (porros también) y se bebe alcohol con total naturalidad. Las encuestas más recientes del Instituto de la Juventud apuntan que un 55% puede llegar a casa a la hora que quiere y el 50,6% por ciento puede beber copas sin problemas. “La tolerancia con el alcohol es muy estúpida. No nos preocupa el botellón sino el efecto que produce entre los vecinos”, añade Marina. Sostiene que estamos importando el modelo nórdico: emborracharse cuanto antes consumiendo bebidas fuertes. “Hasta en esto estamos modificando la sana costumbre mediterránea de tomar bebidas suaves que acompañaban la conversación y la fiesta”.

A los alumnos de Victoria Menéndez no les gusta que la policía los trate como delincuentes “por sistema”, una queja que comparten algunos de sus alumnos. En ocasiones, protesta Jonatan Cueva, alumno de Diversificación, “estamos sentados en un banco hablando tranquilamente y los secretas nos piden que nos identifiquemos o que enseñemos las mochilas”. Las multas por beber pueden llegar a los 500 euros.

Virginia del Álamo, compañera de clase, toca en Bus Stop, un grupo de sonidos acústicos, que se foguea artísticamente en pequeños antros. El domingo visitó el Rastro madrileño en busca de banderas anarquistas y republicanas para decorar los locales de ensayo. Toca la guitarra, el bajo y la batería. Se lleva bien con sus padres aunque no le gusta que la fiscalicen o que su padre la llame al móvil cuando está con los amigos exigiendo que vuelva a casa “ya mismo”.

Su compañero, David Alcázar, de 17 años, quiere ser policía. Desde pequeño admira a los agentes que protegen a las mujeres maltratadas y le gustan los documentales de Policías en acción. Ni la profesora ni los alumnos soportan la imagen estigmatizada que se tiene de esta etapa de la vida que la RAE define como aquella en que se pasa de la niñez al desarrollo completo del organismo, lo cual influye en el carácter y en el modo de comportarse.

Hace 25 años, cuando Menéndez empezó a impartir clases, leía a sus alumnos Tiempo de silencio, algo impensable en la generación Instagram. “Ahora, no lo entenderían. Usan un lenguaje muy limitado y plagado de onomatopeyas. En clase solo se pueden leer fragmentos. Elegimos los más atractivos y asequibles”. Entre las lecturas recomendadas figuran La Celestina y el Mío Cid, pero algunos profesores, sobre todo si no dependen de grupos cerrados, prefieren iniciarlos en otras lecturas. Ha probado con textos tan dispares como las rimas de Bécquer y algunos fragmentos de Gomorra y ha triunfado: “¿Profe, dónde venden ese libro?”. Le importa un bledo lo que lean con tal de que lean.

Fernando J. López profesor de un grupo de teatro del instituto madrileño San Juan Bautista, en el que participan treinta alumnos de entre 14 y 18 años, comparte plenamente esa tesis. Se rebela ante lo que considera una aberración: “El sistema es mecanicista y eso no favorece la creatividad. ¿Cómo es posible que digamos que los adolescentes no leen en absoluto si luego se agotan determinadas lecturas? la cuestión no es que no leen, sino que no leen lo que nosotros queremos que lean”, dice. Como profesor y escritor, autor de La edad de la ira, un best seller juvenil y una novela de iniciación que narra desde dentro la vida en una escuela de un grupo de adolescentes, trata de ponerse en la piel de los chicos y ofrecerles textos que les puedan interesar para convencerles de que la literatura es fascinante. Su retrato de los jóvenes con los que trabaja a diario rebosa optimismo. “Viven en la edad en la que te formas como persona y trazas las relaciones con tu entorno. Adolescente es el que adolece de algo y ellos están llenos de ganas de hacer cosas, aunque, a veces, no sabemos conectar con eso. Los profesores y los padres marcan mucho, demandan pero no comunican. ¿Qué necesitamos de verdad? un lenguaje común”. A pesar de la edad del pavo o precisamente por ello en esos años se pueden generar vocaciones, intereses y aficiones. La idea de este escritor es que se combine la exigencia con el optimismo. “Los chicos de hoy además de las clases llevan a cabo actividades extra escolares. Son muy capaces”.

Todos conocen y se enorgullecen de Malala, la joven paquistaní de 17 años, que obtuvo en el año que acabó el jueves el Premio Nobel de la Paz. Sergio Gato, de 15 años, y Jaime Alba, de 14, alumnos de cuarto de la ESO en el colegio privado Ramón y Cajal, compaginan los estudios con la exploración de cosas nuevas. “Ya se pasó la época en que buscábamos el vértigo en el parque de atracciones, ahora tenemos un punto de vista diferente de las cosas”, apunta Gato. “Mucha gente piensa que somos vagos y solo estamos para nuestras cosas, que se resumen en jugar a la play y salir los viernes pero nosotros también estamos hartos de clichés”, añade Alba. Ambos han creado con el dinero de sus ahorros (900 euros) una firma de ropa, Kuone, que vende camisetas y sudaderas. Tienen planes de ampliación para el verano. En clase trabajan con el iPad y para la asignatura Iniciativa emprendedora, una hora semanal, diseñaron una web que facilita la comunicación para una parroquia del barrio de Caño Roto, surgido en los años 50 para acoger a los inmigrantes,

Todos los adolescentes consultados para este reportaje Darían una oportunidad a Podemos, aunque luego sean como los demás. Gato y Alba sostienen además que todos los partidos son malos y que hay que hacer una limpieza. Y vosotros con quién os quedáis: “Con el partido de en medio”.

 

 

Página seguinte »


Entries e comentários feeds.