Por que ser materialista faz você infeliz

Janeiro 6, 2015 às 8:00 pm | Publicado em Estudos sobre a Criança | Deixe um comentário
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texto do site http://www.psyciencia.com  de 26 de dezembro de 2014.

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Por qué ser materialista te hace infeliz

Por David Aparicio

es un reconocido psicólogo que durante los últimos años se ha dedicado a investigar los efectos del materialismo sobre nuestra conducta y bienestar. En la siguiente entrevista realizada por la Asociación Americana de Psicología (APA), Kasser nos explica por qué ser materialistas nos hace menos felices, cómo se diferencia con las compras compulsivas y el efecto de los medios sobre nuestros valores.

APA: ¿Qué significa ser materialista y por qué se considera algo negativo? ¿Por qué algunas personas son materialistas y otras no?

Kasser: Ser materialista significa tener valores que ponen relativamente en alta prioridad el tener muchas posesiones y hacer mucho dinero, así como también una buena imagen social y popular, que se expresan a través de las posesiones.

Creo que el materialismo es visto de forma negativa porque las personas pueden haber tenido experiencias desagradables con gente materialistas. Sabemos por las investigaciones que el materialismo se asocia con tratar a las personas de una manera competitiva, manipuladora, egoísta y menos empática. Tales comportamientos generalmente no son apreciados por las personas, a pesar de que es alentado por algunos aspectos de nuestro sistema económico capitalista. La investigación muestra dos conjuntos de factores que llevan a la gente a tener valores materialistas. En primer lugar, las personas son más materialista cuando están expuestas a los mensajes que sugieren que esas actividades son importantes, ya sea a través de sus padres y amigos, la sociedad o los medios de comunicación. En segundo lugar, y algo menos obvio, es que la gente es más materialista cuando se sienten inseguros o amenazados, ya sea debido al rechazo, miedos económicos o pensamientos acerca de su propia muerte.

APA: ¿Cómo han influido los medios de comunicación, especialmente las redes sociales, al materialismo en el mundo de hoy?

Kasser: Las investigaciones muestran que cuanto más la gente ve televisión, más materialistas son sus valores. Esto se da porque probablemente muchos programas de TV y anuncios publicitarios nos envían mensajes que sugieren que para ser felices hay que ser ricos, tener cosas bonitas y populares.

Un estudio que recientemente publiqué con el psicólogo Jean Twenge, rastreó cómo el materialismo ha cambiado en los estudiantes de secundaria de Estados Unidos, en unas cuantas décadas y cómo se conectan esos cambios con los gastos de publicidad nacional y se encontró que cuanto más se gastaba en publicidad, más materialistas eran los jóvenes del último año de secundaria.

Otro estudio sobre los adolescentes estadounidenses y árabes encontró que el materialismo se incrementa a medida que aumenta el uso de las redes sociales. Estos hallazgos sugieren que, así como el uso de la televisión se asocia con el incremento materialismo, también el uso de los medios sociales. Esto tiene sentido, ya que la mayoría de los mensajes en las redes sociales también contiene publicidad, porque esta es la manera en que esas empresas generan ingresos.

APA: ¿Cual es la diferencia entre ser extremadamente materialista y ser un comprador compulsivo? Una persona materialista, ¿tiene riesgo de convertirse en un comprador compulsivo?

Kasser: El materialismo se trata de los valores, el deseo por el dinero, las posesiones y similares. Por otro lado, el consumo compulsivo se da cuando una persona se siente incapaz de controlar el deseo de consumir, a menudo porque él o ella están tratando de llenar algún vacío o para superar la ansiedad.

El materialismo y el consumismo compulsivo están relacionados entre sí. En un reciente meta-análisis de la asociación entre el materialismo y el bienestar de las personas, se encontró que la correlación entre el materialismo de la gente y la media de problemas reportados por consumo compulsivo era fuerte y consistente a través de muchos estudios.

El materialismo es un factor de riesgo para el consumo compulsivo, pero no son la misma cosa. La psicóloga, Miriam Tatzel, sugiere que algunos materialistas son más ¨relajados¨ con su dinero y otros son más ¨rígidos¨. Ambos tipos se preocupan por tener dinero y posesiones, pero el materialista relajado va a gastar y gastar, mientras que el materialista rígido será como Scrooge e intentará seguir acumulando riquezas.

Pixabay

APA: ¿Cuáles podrían ser algunos de los aspectos positivos del materialismo?

Kasser:  Sabemos por la literatura, que el materialismo se asocia con menores niveles de bienestar, menos comportamiento pro-social interpersonal y con un comportamiento  ecológicamente destructivo y peores resultados académicos. También se asocia con más problemas de gasto y deuda. Desde mi punto de vista todos estos son resultados negativos. Pero desde el punto de vista del sistema económico/social que se basa en el gasto para impulsar los altos niveles de ganancias para las empresas, el crecimiento económico de la nación y de los ingresos fiscales para el gobierno, el consumo y el gasto excesivo relacionado con el materialismo puede ser visto como positivo.

APA: ¿Qué dicen las investigaciones psicológicas sobre la relación entre el materialismo y la felicidad?

Kasser: La conexión entre el materialismo y el bienestar es la cadena más antigua de la investigación sobre el materialismo. Mis colegas de la Universidad de Sussex y yo publicamos recientemente un meta-análisis que mostró que la relación negativa entre el materialismo y el bienestar fue consistente en todo tipo de medidas de materialismo, tipos de personas y culturas. Encontramos que entre más valores materialistas tenían las personas, más problemas de salud física tenían como: dolores de estómago y dolores de cabeza y experimentaron menos emociones agradables y se sintieron menos satisfechos con sus vidas.

La explicación más apoyada por la cual el bienestar es más bajo que el materialismo, es que las personas que anteponen el materialismo sobre su bienestar, tienen mayores necesidades psicológicas. En concreto, los valores materialistas están asociados con vivir una vida que hace un mal trabajo a la hora de satisfacer las necesidades psicológicas de sentirse libre, competente y conectado con los demás. Las personas reportan niveles más bajos de bienestar y felicidad y experimentan más angustia cuando sus necesidades de bienestar no son satisfechas.

APA: ¿De qué manera la fe religiosa afecta al materialismo, en particular durante las fiestas?

Kasser: Un par de estudios han encontrado que la relación negativa entre el materialismo y el bienestar es aún más fuerte en las personas que son religiosas. Probablemente porque hay un conflicto entre las actividades materialistas y las religiosas. Es decir, la investigación sobre cómo se organizan los valores de la gente ha demostrado que algunos objetivos son fáciles de perseguir simultáneamente, pero otros están en conflicto entre sí. Por ejemplo, es relativamente fácil fijarse metas para obtener dinero y al mismo tiempo fijarse metas para alcanzar una buena imagen y popularidad, ya que estas metas están relacionadas entre sí y se facilitan una a la otra. Sin embargo, las investigaciones muestran que hay un conflicto entre los objetivos materialistas y religiosos, así como Jesus, Mohammed, Buddha, Lao Tze y muchos otros pensadores religiosos han sugerido desde hace tiempo. Parece que tratar de alcanzar metas materialistas y espirituales hace que la gente entre en un conflicto que genera estrés y a su vez reduce su bienestar.

Un estudio encontró que este sistema también funciona durante navidad. El psicólogo Ken Sheldon y yo hicimos una investigación que demuestra que las personas se interesaron menos en los objetivos espirituales a medida que más se interesaban en objetivos materialistas como comprar y recibir. También encontramos que las personas que reportaron sus navidades como felices, fueron aquellas en las que la espiritualidad fue una parte importante de la navidad. En contraste las personas que reportaron menos bienestar durante la navidad fueron aquellas que estuvieron dominadas por aspectos materialistas.

Si te gustó este artículo, también podría interesarte: Materialismo, publicidad y baja satisfacción en niños.

La entrevista fue publicada en inglés y ha sido traducida y adaptada al español por David Aparicio y María Fernanda Alonso.

Fuente: APA Imagen: Pixabay

 

Babar o pequeno elefante – Teatrinho do Conservatório Nacional

Janeiro 6, 2015 às 2:00 pm | Publicado em Divulgação | Deixe um comentário
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A partir de 10 Janeiro’15 sábados às 16h domingos às 11h Entrada: 5€ (a partir dos 3 anos) reservas.emcn@gmail.com

Texto: Jean de Bruhnoff (1899 – 1937) Música: Francis Poulenc (1899 – 1963) Tradução e Adaptação: Elsa Gomes e Ruben Santos Direcção Musical: Cândido Fernandes Interpretação: Ruben Santos Piano: Cândido Fernandes Encenação: Bruno Cochat Produção: 36|4ºDto Fotografia/Imagem: João Vasco Vídeo: Diogo Borges Apoios/Agradecimentos: Escola de Música do Conservatório Nacional, Associação de Amigos da Escola de Música do Conservatório Nacional, Clube Português de Artes e Ideias, Manteigaria, Arteclip, Ana Telles, Elsa Maurício Childs.

Numa altura em que se comemoram 80 anos sore o “nascimento” de Babar, este espectáculo marcou também a re-inauguração do “Teatrinho” do Conservatório Nacional como sala de apresentação de espectáculos e concertos com carácter mais “intimista”. “Babar – O pequeno elefante” é uma adaptação da história infantil “L’Histoire de Babar” do escritor e ilustrador francês Jean de Brunhoff, musicada pelo compositor francês Francis Poulenc. Babar é um pequeno elefante da floresta que, ao fugir de um caçador, se encontra sozinho na cidade. Depois de muitas aventuras e amizades volta para a floresta onde se torna… Rei.

Rua dos Caetanos, 29, 1249-115 Lisboa

Telefone 21 342 59 22

21 346 38 01

Uso de “pequenos ecrãs” impede as crianças de dormir, diz estudo

Janeiro 6, 2015 às 12:00 pm | Publicado em Estudos sobre a Criança | Deixe um comentário
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Notícia do Público de 5 de janeiro de 2014.

O artigo citado na notícia é o seguinte:

Sleep Duration, Restfulness, and Screens in the Sleep Environment

Enrique Calvo Reuters

As crianças que têm acesso a tablets ou smartphones nos seus quartos dormem menos do que as crianças que não têm acesso a estes dispositivos à noite, conclui um estudo norte-americano divulgado nesta segunda-feira.

As conclusões da investigação publicadas na revista Pediatrics mostram que ter um chamado “pequeno ecrã” à mão é pior do que ver televisão, no que toca à falta de sono, de acordo com a observação de 2000 crianças em idade escolar.

No geral, aqueles que têm acesso a tablets ou smartphones dormem menos 21 minutos por noite em comparação com os que não usam essa tecnologia e têm mais probabilidade de acusar falta de sono.

Já as crianças com televisão no quarto dormem menos 18 minutos do que as que não têm esses aparelhos na mesma divisão em que dormem.

“A presença de pequenos ecrãs, mas não de televisão, no ambiente de sono, está associada com a percepção de descanso ou sono insuficiente”, indica o estudo de Jennifer Falbe, da Universidade da Califórnia.

 

 

Adolescentes na era digital

Janeiro 6, 2015 às 6:00 am | Publicado em A criança na comunicação social | Deixe um comentário
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Artigo do site do El País de 25 de dezembro de 2014.

Santi Burgos

La edad del pavo, en digital

La generación menor de 15 años es la primera que inicia la adolescencia con móvil propio

Los padres, desorientados ante la poderosa atracción de sus niños por las redes sociales

Luz Sánchez-Mellado

Sara, de 13 años, está de morros con sus padres. Se siente víctima de una injusticia. A pesar de sus buenas notas, han decidido confiscarle el móvil a las 11 de la noche, después de pillarla whatsappeando en la cama de madrugada. Al principio, protestó, clamó, chantajeó. Ahora, es ella la que le tira muy digna el teléfono a su madre, autora de este reportaje, antes de anunciar, cual rea rumbo al patíbulo, que se va a la cama. Sara era, dice su madre, “un bebé adorable”. Una niña risueña, cariñosa y siempre dispuesta a todo. Hasta que, súbitamente, mutó en la chica “contestona, indolente y alérgica a las efusiones” que describen hoy sus progenitores. Una adolescente de libro.

Sara está en plena eclosión hormonal. “Tengo un pavazo que no me tengo”, admite, entre ofendida y orgullosa. Nada que no pasara en su día su hermana Irene, hoy casi una adulta oficial a sus 17 años y medio. La diferencia es que, mientras Irene cruzó la delicada frontera entre niñez y adolescencia acompañada del ordenador situado en el salón de la casa, Sara lo está haciedo con el mundo, su mundo, incrustado las 24 horas en la palma de su mano en la pantalla de su teléfono móvil.

Irene, siendo nativa digital, ha tenido que migrar del PC al móvil. Sara, es nativa movildigital pura. La edad del pavo siempre fue difícil, pero el nuevo pavo digital tiene desorientados a muchos progenitores que, como los de Sara, compraron el móvil a sus niños para tenerlos más controlados, y han terminado con sus hijos localizados, sí, pero abducidos por una pantalla en la que no saben muy bien qué hacen ni con quién.

“Les estáis dando un BMW y les dejáis conducirlo solos, sin carné ni seguro. Vuestros hijos son digitales, y como vosotros no, renunciáis a controlarlos y a ponerles normas. No vale. Si le dáis una herramienta, tenéis que conocerla. Si os preocupáis de saber quiénes son sus amigos en la vida real, hacedlo también en la digital”. Esther Arén, inspectora jefe de la Unidad de Participación Ciudadana de la Policía, usa un estilo deliberadamente provocador para advertir a los padres sobre los riesgos de Internet y las redes sociales en conferencias como la que imparte hoy en el Instituto Dámaso Alonso de Madrid, invitada por la dirección y la AMPA del centro.

El auditorio, padres y madres universitarios de clase media, recibe la charla asintiendo con la cabeza y sintiéndose personalmente aludido, según dirán luego. “Algunos, os quedaríais de piedra al ver el vocabulario y las fotos que suben vuestros hijos a las redes. No vale decir que no sabéis. Nunca es tarde. Se puede aprender a conducir a los 40. Habladles. Ponedles normas. Horarios. Haceos un perfil. Ved a quién y quiénes les siguen. El móvil se lo pagáis vosotros, y el wifi. Que no os chantajeen con su intimidad. Son vuestros hijos, son menores y son vuestra responsabilidad”, concluye Aren, de 45 años, urgida por los whatsapps que su hija, de 13, lleva enviándole hace exactamente el rato que mamá debería haber acabado de trabajar. Parece que el control es mutuo.

Jesús Pernas, de 48 años, director del colegio público de Los Santos de la Humosa (Madrid), padre de un chico de 14 años, y consultor de redes y menores, tiene una visión diferente. “Si la policía tiene que venir a mi colegio, mal lo estoy haciendo como educador, y como padre”, explica. “Lo que es increíble es que Internet y las redes no estén presentes en el currículo escolar desde Primaria, cuando ocupa el 99% de su tiempo libre”, deplora. Pernas no comparte la recomendación de Arén de espiar a los hijos. “Prohibirles y amenazarles es criminalizarles, reconocer nuestro fracaso e invitarles a mentirnos. Ellos buscan en la red lo mismo que nosotros a su edad: el amor, la reafirmación, la emoción. Un chico suele ser en la red como es en la vida real. Ya no se sienten niños, están en un momento de búsqueda, han de decidir su camino. Ahí es donde tienen que estar los padres. Ese es el verdadero abismo, lo de la brecha digital es una excusa. Los padres hoy somos la generación XXL: nos viene todo grande. Hay que ponerte ante tu hijo y compartir su miedo. Hacer con él un trabajo emocional. Si le conquistas en la vida real, lo tendrás en la digital. Lo que no vale es quitarles el móvil. No es el futuro, sino el presente”.

Hoy es viernes por la tarde y Sara ha quedado con sus amigos Hugo, Sauditu, Isa y Kacper en el jardín situado junto al antiguo parque de bomberos de Alcalá de Henares (Madrid), donde residen. Así, “Bomberos”, se llama el grupo de Whatsapp a través del que se han citado, y por el que se intercambian mensajes, fotos, vídeos, y emoticonos a discreción durante todo el tiempo en el que no están juntos, incluso estándolo. Aunque todos empezaron con el “móvil patata”, la terminal básica que sus padres les compraron a los 10 o 12 años para “tenerlos colocados”, hoy todos tienen móvil con Internet. Ya son mayores. Además de Whatsapp, tienen perfil en Instagram —red de fotos y comentarios—, Snapchat —aplicación de conversación e imágenes que desaparecen a los 30 segundos— y Ask —red de preguntas y respuestas anónimas—, entre otras aplicaciones, juegos y redes. Menos para hablar, funden su tarifa en esas actividades. Lo hacen porque les gusta “sentirse siempre con los amigos, enterarse de cosas, cotillear, y, sí, gustarle a la peña”. “A ti también te gusta que te sigan en Twitter”, espeta Sara a su madre.

Salvo la reciente limitación horaria de Sara, y Hugo, a quien solo le dejan usarlo el fin de semana, todos usan su móvil sin injerencias paternas. Todos conocen a alguien a quien han insultado con epítetos como “maricón”, “bollera”, “foca” o “furcia” en las redes. Pero ellos, no. Todos suben fotos. Pero ninguna ligeros de ropa o en situaciones comprometidas, aunque el último cotilleo es que una conocida envió una foto desnuda a otro chaval, y acabó “rulando por todo Alcalá”. Todos saben los riesgos a los que se exponen. Pero todos “controlan”, aseveran con el gesto de superioridad de los adolescentes de toda época.

Sara aprovecha su público y cuenta, indignadísima, cómo su madre la “amenazó” con hacerse un perfil en Instagram para controlar sus fotos. “No confía en mí. No sé por quién me toma. Ni siquiera me deja ese poco de intimidad”, se duele, sin reparar en que cualquiera puede ver sus fotos en esa red. Sauditu, se solidariza con ella: “Yo tampoco quiero que me siga mi madre. Imagina que subo una foto y alguien comenta: “Me pones perraco”. Yo sé que es una broma, y me hace gracia, pero mi madre lo malinterpretaría”.

—¿Y si lo dice un desconocido?

—Le ignoraría, y si sigue molestándome, le bloquearía, y punto.

Para Sara y sus amigos, la vida es simple. Pero la realidad es más compleja. Hay ciberacoso escolar. Hay grooming, adultos que se hacen pasar por niños para lograr imágenes o favores sexuales. Hay niños que quedan con desconocidos. Hay casos de adicción a las redes. Hay suicidios. Por haber, hay hasta expertos que aconsejan no permitir el uso del móvil hasta los 16 años, cuando el 83% de los chicos de 14 ya tienen uno.

La inmensa mayoría de los niños y adolescentes usan el móvil para comunicarse y divertirse sanamente. La supervisión, los límites y las normas paternas —recomendadas por todos— parecen estrategias de sentido común para atravesar esa edad, la del pavo, que solo se cura con el tiempo. Dice Ícaro Moyano, consultor digital, y antiguo ejecutivo de Tuenti, que “en Internet, no hay años humanos, sino años perro. Un año en la vida digital, es como cinco o seis en la vida real. Y tres o cuatro años son una generación”. La que separa a Irene de Sara.

Hiperconectados

  •  El 30% de los niños de 10 años dispone de un móvil. A los 12, son el 70%. Y a los 14, el 83%
  • El 20% de los niños de 11 años tiene un perfil en alguna red social. A los 12, el porcentaje es del 50%. Y los de 15 en adelante, disponen de él en el 90% de los casos.
  • Un 38% de los menores sube contenidos audiovisuales a la Red sin permiso de sus padres.
  • El 90% de los padres confiesa que ignora si sus hijos visitan páginas peligrosas. En general, confían en que sus hijos “pueden controlar” cualquier cosa que pueda molestarles en la Red

Fuente: Intituto Nacional de Estadística y ‘Encuesta sobre hábitos de uso y seguridad de menores en Internet’ del Ministerio del Interior

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